26 de Nov de 2022

Opinión

Diálogo Nacional; a prueba, la voluntad política

Viejas experiencias han demostrado los desastrosos caminos que ha debido recorrer el país cuando sus principales protagonistas han sido incapaces de alcanzar una propuesta común

Este jueves se inicia la segunda fase de la Mesa Única del Diálogo por Panamá. Excelente coyuntura que, a la vez que pone a prueba la madurez de la sociedad panameña por ponerse de acuerdo ante temas puntuales, revela la rigurosidad y la validez de una propuesta oficial que no ha evitado únicamente confrontaciones peligrosas, sino que lleva a un mismo escenario a actores tradicionalmente enfrentados.

Viejas experiencias han demostrado los desastrosos caminos que ha debido recorrer el país cuando sus principales protagonistas han sido incapaces de alcanzar una propuesta común; y a la inversa, los grandes dividendos logrados cuando se ha impuesto un escenario de consensos. Independientemente de las responsabilidades puntuales, en 1989, por ejemplo, no lograr acuerdos entre panameños abrió paso a uno de los episodios mas lamentables que registra nuestra historia. En 1977, sin embargo, la unidad nacional abrió camino a la consolidación del Estado Nacional, la recuperación de la soberanía y la devolución del Canal a manos panameñas.

Así que, la posibilidad de que la Mesa única de Diálogo por Panamá se abra paso y se corone en esta nueva fase, depende en gran medida de la plena disposición negociadora con que concurran sus participantes, a partir del reconocimiento de los principales problemas por los que transita Panamá. Asistir con preconcebidas posiciones inamovibles no augura éxito para una jornada que lo que reclama es entendimiento.

Surgida en medio de los graves conflictos de julio pasado, la Mesa fue la respuesta que dio el gobierno a una movilización nacional de sectores populares, ante la cual algunos preveían y otros exigían, una confrontación de consecuencias impredecibles. No hubo tal desastre, y el que hoy mas de 40 organizaciones, entre ellas los gremios empresariales aspiren a participar de ese diálogo revela, como primera conclusión, el carácter responsable y acertado de la medida oficial.

La definición de las urgencias nacionales debe servir como telón de fondo a un evento al que algunos de los que concurren persisten, animados quizás por sus intereses particulares, en ver el árbol en lugar del bosque.

Panamá no puede seguir siendo el país de las diferencias sociales abismales. Eso, que en los últimos años solo ha sido una referencia estadística, debería ser una de las urgencias nacionales a las que nos referimos; no visualizarlo entraña riegos, no solo para el futuro inmediato de nuestra sociedad, sino para las generaciones venideras.

Como ningún otro gobierno en los últimos 13 años, la actual administración que preside Laurentino Cortizo Cohen tomó el tema social en sus manos, pese a los inéditos desafíos que trajo consigo la pandemia de covid-19 que sacudió al planeta desde marzo de 2020. No tiene validez la pobreza en un país con los recursos con que cuenta Panamá. Todo depende de la voluntad política y la decisión de consenso que asuman sus principales actores, y el reconocimiento de ese tema social como la gran urgencia del país.

Para el actual gobierno, más de 700 mil panameños no pueden seguir viviendo en una pobreza multidimensional, carentes de los más elementales servicios sociales, desde el derecho a la comida y la salud, hasta la educación, el trabajo o a la participación efectiva en las decisiones que definen el destino del país.

 

Esos problemas son los que ha encarado, en medio de grandes dificultades, la administración Cortizo, desde la creación de políticas públicas destinadas a diagnosticar el flagelo y encararlo mediante alternativas concretas. Ese proceso es lo que ha definido desde su toma de posesión en 2019 como la conquista de una sexta frontera, que algunos se niegan a reconocer, u otros a admitir, condenando a millares de panameños a una condición de ciudadanos de segunda clase.

Si esa realidad sirve de telón a la segunda fase de la Mesa Única que comienza este jueves, con seguridad que los actores podrán definir parámetros en cuyo contexto podrían abordar otros temas de igual importancia. Podrían definir, por ejemplo, el perfil del moderador que requiera la Mesa, y las áreas donde, debate de por medio, se puedan hacer concesiones mutuas y llegar a acuerdos, donde mueran las posiciones inamovibles.

En Panamá lo que está de por medio, su paz, su proceso democrático. Panamá no puede seguir siendo el país donde gran parte de sus ciudadanos no poseen los recursos para adquirir medicamentos exageradamente caros, pese a los esfuerzos de la Mesa técnica; o donde el negocio encarezca la vida de tal manera que 100 balboas solo alcancen para comprar seis artículos. Panamá no puede ser el país de primer mundo para unos y de cuarto mundo para otros…esa es una realidad que, de no resolverse ahora, tarde o temprano enfrentará a la sociedad a traumas cuyas consecuencias nadie podrá medir (JBV)