Temas Especiales

27 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Siguen siendo dos mundos

Como observador de los acontecimientos, me confunde el hecho de que, con tanta gente negociando, opinando y tratando de influir, les cue...

Como observador de los acontecimientos, me confunde el hecho de que, con tanta gente negociando, opinando y tratando de influir, les cuesta salir de las esferas inmediatas para ver el panorama desde varios puntos de vista. Covey propuso como el cuarto enunciado de sus 7 hábitos —por cierto muy apropiado para los procesos de negociación—: ‘Comprender antes de ser comprendido’ (Seek first to understand, then to be understood). Conocer el punto de vista del otro. Y, eso de ver el panorama debe llevarlos a ver el escenario histórico de un conflicto para diseñar un futuro desde perspectivas holísticas, y no desde actitudes marcadas por la politiquería, la intransigencia y, peor aún, por los intereses económicos. La Real Academia Española de la Lengua define el holismo como: la ‘Doctrina que propugna la concepción de cada realidad como un todo distinto de la suma de las partes que lo componen’.

No puedo opinar sobre lo que pasó el fin de semana; pero, hasta el viernes pasado quedé con la sensación de que no hay salida al conflicto con los indígenas Ngäbe Buglé, y no entiendo el fundamento de su estrategia. Los indígenas tienen la razón histórica, aquí y en toda la América; pero, les asiste negociar dentro de las realidades del mundo de hoy, y con eso quiero decir que los objetivos deben ser para que la explotación de los recursos naturales de la Tierra sean para el beneficio de todos por igual. Que nadie se haga rico con la explotación de un bien que es universal y que el uso sea para el mejoramiento de la condición de vida de todos.

Tal como propuse la semana pasada ‘Para toda Nación, el fin debe ser el mismo: afectar lo menos posible el planeta, para que las futuras generaciones puedan tener un lugar digno y cómodo donde vivir. (...) ¿Sabemos cuánta energía se consume en letreros luminosos, cuyo fin es incitar al consumo de productos y servicios de dudoso valor para la vida? ¿Cuánta energía consumen los casinos, abiertos todo el día con sus luces y su aire acondicionado, para sacarle dinero a los incautos? ¿Qué porcentaje de la población se enriquece con estos casinos y estos anuncios? (...) Cuando determinemos todas estas variables de consumo y uso energético, y decidamos, como sociedad, cuáles son necesarias o no, sabremos cuánta energía necesitaremos para vivir dignamente, con espacio para la diversión sana y el esparcimiento cultural. Y, sabremos cuántos ríos de las comarcas en realidad necesitamos represar’.

Esto lo sustenta un artículo titulado ‘Energía al tope’ publicado en la edición 697 del pasado 20 de septiembre de 2011, del Martes Financiero, que señaló que: ‘A partir de 2013 el sector contará con el respaldo de parques eólicos dispuestos a cubrir un 10% de la torta energética nacional’. ‘Pero, es todavía más importante insistir en campañas de ahorro de energía, porque ahí está el verdadero negocio, en vez de creer que se logra una mejor rentabilidad con una mayor producción de energía’, asegura Omar Aizpurúa, decano electo de la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la UTP. (Omar Aizpurúa no considera apremiante el actual momento en temas energéticos).

Hace unos años había teorizado sobre el comportamiento en tiempos de negociación. Hay actitudes del ser humano que, a lo largo de los años, se convierten en hábitos. Algunos positivos y otros, no tanto. Se deben al condicionamiento psicosocial del individuo que son aprendidos, ensayados y asimilados en el seno de los grupos humanos en los cuales se desenvuelve (la familia, el barrio, el colegio, la iglesia, el sitio de trabajo, etc.). Estos hábitos pasan a ser parte esencial de su condición humana.

Si esa formación primaria se desarrolla y manifiesta como conductas de apoyo incondicional a los semejantes y al entorno; de apertura social, de entrega y dedicación a las causas que promueven el crecimiento emocional y espiritual de la Humanidad; si se fundamenta en una comprensión sinérgica de los retos que imponen el hecho de la existencia misma; entonces, lo más probable es que el individuo trabaje afanosamente por hacer de la convivencia entre los grupos sociales en donde se mueve, un ejercicio constructivo y de crecimiento, no solo para él, sino para todos en general.

Si por el contrario, su ambiente de convivencia es un reto constante de supervivencia emocional; se fundamenta en el condicionamiento de defenderse a toda costa; de ‘no dejarse de nadie’; de lo ancho para mí y lo angosto para ti; de destruir a cualquiera que parezca un oponente y que pretenda aspirar al mismo espacio al cual aspiro, (en vez de tender puentes de cooperación y entendimiento); el individuo siempre conducirá su existencia de manera ofensiva y destructiva.

El método de la destrucción parece haberse apoderado del tema con los indígenas y ha comprometido, seriamente, las posibilidades de una salida armoniosa y justa para todos (Ganar-Ganar). Las negociaciones han caído en una espiral de nuevas solicitudes por parte de los indígenas, y el gobierno, aunque ha cedido, trabaja ahora para ganar terreno en imagen y mostrar a los indígenas como los intransigentes. Se ha obviado el contexto histórico y ha quedado en evidencia: siguen siendo dos mundos. Por eso digo, a estas alturas, que no veo salida que sea de bien para todos. Si esto sigue así, vamos a perder... todos.

COMUNICADOR SOCIAL.