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15 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Para construir esperanzas

H ay quienes miran y dicen que hemos avanzado, porque hay más dinero circulando, más actividad de construcción y más inversionistas. Eso...

H ay quienes miran y dicen que hemos avanzado, porque hay más dinero circulando, más actividad de construcción y más inversionistas. Esos que vienen a ver qué se llevan. Seguro que dentro de dos años, la ciudad será otra; moderna para el gusto de muchos (yo creo que faltan áreas verdes y lugares abiertos). Pero, creo que hay poco que discutir sobre lo pobre que cada día somos en materia de humanismo y dignidad. Dignidad colectiva y personal. Ese solo hecho del transfuguismo político debe servir de ejemplo para que meditemos sobre la sociedad que queremos que la próxima generación sea. Nos daremos cuenta de que lo que hay que hacer es mucho más que esperar las próximas elecciones que, de todas formas apuestan a ganar los incultos y mediocres, a punta de dinero.

Como sabemos, varios personajes de la vida política han optado por abandonar las estructuras políticas de las cuales formaban parte (más de un cuarto de los diputados elegidos en los comicios del 2009). Muchos elegidos por segunda, tercera y hasta por cuarta vez en su vida. Cualquiera pensaría que con esa trayectoria en elecciones populares, su vida pública y político-electoral está fundamentada sobre bases ideológicas intachables y sólidas. Que obran sobre convicciones arraigadas en las ideas y en una visión estructurada, sin importar de qué lado están: en gobierno o en oposición. Pero, han optado por cambiar su dignidad, el respeto propio y de la ciudadanía, por el título de Tránsfugas. Me llena de interrogantes saber cómo es la relación familiar de estos personajes: ¿Qué argumentos le dan los padres a sus hijos en formación sobre el hecho de que ha saltado de un partido político a otro, varias veces, en los últimos 15 o 20 años? ¿Cómo se explica eso? ¿Cómo se educa a los hijos con esos ejemplos? Pero, seguro estoy pidiendo mucho. Escribiendo zoquetadas. La cultura de la inmediatez no da para esas bobadas. Que el panameño del futuro inmediato sea lo que quiera ser.

Una vez tengamos la ciudad moderna y quede en evidencia el asunto del gasto público y la deuda que crece y crece, como responsabilidad de las futuras generaciones, podremos evaluar si las elecciones que hicimos hoy nos merecieron un mejor futuro. Yo creo que no será así.

Como sabemos, la campaña política para el 2014, inició hace rato. A pesar de no estar de acuerdo con eso y, que en el pasado planteamos la necesidad de que las campañas fueran cortas, no más de 8 a 10 meses, la realidad es otra. Propongo entonces, que tengamos cuidado con lo que hacemos. Bastante deteriorado está el tejido social, y mucho habrá que hacer para mejorar la cultural general.

Para las elecciones pasadas había señalado que debemos tener presente que no habrá avances sociales únicamente con el mejoramiento de la economía. Y en Panamá, con todo y su estupendo crecimiento económico, ‘un cambio cultural es quizás el primer objetivo a alcanzar. Y, un cambio profundo en la forma en que hacemos política y el ejercicio comunicativo para realizarlo, con la intención de persuadir a nuestros interlocutores en la promoción de nuestro sentido de futuro, es materia de seria consideración para la clase política’.

Hay que abandonar las prácticas proselitistas existentes. Hay que rechazar a los tránsfugas. La descalificación —a como dé lugar— del bando contrario. La fiesta y el guaro, la compra de votos, los salves, las bolsas de comidas, los electrodomésticos y demás; las gorras y camisetas, y el sorprendente gasto en propaganda política.

Propongamos candidatos que rechacen esas prácticas. Personas que respeten la dignidad y la condición humana de los más necesitados. Que rechacen la práctica de prometer todo y mentir. Que no tienen la politiquería como pasatiempo preferido o negocio personal. Candidatos que muestren una preocupación genuina por el desarrollo cultural de la población. Que se comprometan a invertir en cultura, las artes y en una educación integral, científica, renovadora y humanista.

Observé este año, con más notoriedad, un reconocimiento y consiguiente celebración en diversas instancias sociales del Día Mundial de la Poesía, el pasado 21 de marzo, fecha declarada por la UNESCO hace ya 12 años. En los medios tradicionales hubo menciones significativas. Se realizaron actividades de lectura en diversos centros del país y en las redes sociales se compartieron versos, poemas y reflexiones poéticas. Tuve la sensación de que el día y los espacios utilizados sirvieron como lugar de catarsis y renovación ante las dificultades vividas en los últimos meses. Un intercambio sobre las interioridades humanas más golpeadas y sensibles; sobre los deseos concretos o sublimes; sobre los dolores más agudos; sobre la belleza del amor y la entrega.

Hay algo bellamente humano y esperanzador en el acto de leer un poema, y más esperanzador, cada individuo que se suma a la actividad creativa, ya sea pública o en lo más recóndito de su privacidad. Hay algo visionario y hermoso en el desprendimiento y el valor de compartir la palabra ilustrada, aquella que se pierde en las marañas cotidianas que ocupan los mercaderes, tránsfugas desvergonzados y desalmados. Hay esperanza en la actitud de aquel que se toma el tiempo para tejer una imagen sobre el mundo compartido entre todos y compartirlo con todos.

Necesitamos candidatos que se comprometan a descalificar el modelo político actual, un mejor futuro para nuestros hijos, que sean sinceros y humanistas.

COMUNICADOR SOCIAL.