28 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Juan C

P odemos colegir que la primera ruta transístmica hecha en el Istmo de Panamá por los españoles, fue la de Vasco Núñez de Balboa, que cu...

P odemos colegir que la primera ruta transístmica hecha en el Istmo de Panamá por los españoles, fue la de Vasco Núñez de Balboa, que culminó con el descubrimiento de la Grande Mar del Sur, el 25 de septiembre de 1513. Los hechos se dieron porque, encontrándose Balboa en la bahía de Caledonia San Blas, en busca del apetecido ‘El Dorado’ los aborígenes, presionados por la soldadesca, decían que el oro estaba en ‘Parnavá’. ‘¿Pero qué dicen los salvajes?, ¿dónde está el oro?’. ‘Responden que está en Parnavá, que significa del otro lado y que también hay un mar’. Entonces espetó Balboa, ‘vayamos hacia Panamá’. Como dato curioso, el propio Pedrarias utilizó la ruta para dirigirse a Panamá, en compañía de muchos de los pobladores de Santa María la Antigua del Darién, establecida en la desembocadura del río Atrato; fundando Panamá el 15 de agosto de 1519.

Juan C, nuestro personaje, en 1984 y como corolario del 465 aniversario de la fundación de la histórica ciudad de Panamá la Vieja, inspirado en la epopeya de la memorable travesía del descubridor, raudo y veloz, se internó en el bosque, acompañado por leales seguidores, pese a las advertencias del jefe indio Kawidi Inaparquiquile, que les hizo saber sobre los peligros de la misión que estaban próximos a emprender. ‘Ustedes se encontrarán con gran cantidad de brujas y las emanaciones maléficas de piedras encantadas, que harán que ustedes se pierdan para siempre en la selva’.

El eje de ruta, iniciaba en la desembocadura del río Aila Tiwar, que en legua Cuna significa ‘lugar de huesos’. Ahí se contempla la bahía de Caledonia, donde Guillermo Paterson estableció una colonia escocesa, con el fin de emprender una ruta comercial hacia el Sur. El intento fracasó por las enfermedades y el ataque de la armada española en 1700. No muy lejos del río, en la maraña de la selva, está el sitio de Acla, donde Balboa fue decapitado en 1519.

Con el vigor y manifiesto entusiasmo de Juan C, nos enrumbamos en el histórico periplo, quedando todos durante el viaje maravillados de la manifiesta obra del Creador. Con rumbo Sur, entre tropezones y fatigas a lo largo del Tiwar y por error de orientación y pensando que habíamos llegado al filo de la cordillera, nos dimos cuenta que estábamos inexplicablemente caminando en círculo. ¿Habrá sido la predicción de Kawidi? Hechos los correctivos, al día siguiente se reanudó la marcha. A más de 2000 pies de altura y aguas abajo hacia el Sur, encontramos los aforos del río Tacartí, conduciéndonos hacia el río Membrillo, que justo coincidía con el Sur magnético de la brújula. Días después llegamos a la comunidad Wounaan—Emberá, asentada en la ribera derecha del Membrillo y que fue muchos años atrás una extensa plantación de plátanos de una compañía extranjera.

Entre los percances de la exploración, la primera noche que acampamos en el río Tiwar, al despertarnos, el guía indio, de nombre Ovoide, nos había abandonado. Lo hizo por miedo a las poderosas fuerzas de la naturaleza. Ovoide, sólo se la pasaba hablando de los espíritus del bosque. Otro de los integrantes, un fotógrafo, casi se ahoga al tratar de cruzar a nado la fuerte corriente producto de un chubasco vespertino. Cerca de Metetí, poblado de Darién, un vaquero borracho intentó embestirnos con su bestia a todo galope.

Después de disfrutar por nueve días el idílico paisaje selvático, el candente sol soberano sin la cobertura boscosa que impida la entrada de sus rayos en pleno cenit, aumentó de súbito el cansancio y la excesiva sudoración de nuestros cuerpos. Estábamos en territorio de los colonos. Agotados como estábamos, cruzamos el Filo del Tallo y navegando por el río Iglesia, el majestuoso Tuira, o río Diablo, nos deslizó hacia la grande Mar del Sur.

Durante los actos programados por la ocasión del 465 aniversario de la fundación de Panamá, el joven Juan C, a la sombra de la vetusta catedral de Panamá Viejo, manifestó a los medios ahí reunidos, ‘queremos que a raíz de nuestro viaje, el panameño tome conciencia de su propia historia y de los recursos naturales. Que se vea estimulado a conocer a su país, que se acerque al indio, al campesino y a la Madre Tierra. Que impida la descontrolada deforestación que está acabando con Darién’. Hoy, Juan C es un ilustre personaje, con disposición moral e intelectual, para conducirnos hacia la conquista de un Nuevo Panamá.

EXPLORADOR Y CONSERVACIONISTA.