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21 de Nov de 2019

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Una ciudad por colapsar

La ciudad de Panamá ha pasado de ser una ciudad amigable a una ciudad agresiva. De una ciudad con amplios bulevares, frondosos árboles, ...

La ciudad de Panamá ha pasado de ser una ciudad amigable a una ciudad agresiva. De una ciudad con amplios bulevares, frondosos árboles, hasta guayacanes en medio de la ciudad, a una ciudad que parece un gigantesco estacionamiento, donde las antes amplias avenidas y calles han sido reemplazadas por angostos carriles con autos estacionados a ambos lados y donde el conductor lucha por conseguir adelantarse al que viene en sentido contrario. Una ciudad de hermosas residencias transformada a una mole de edificios sin suficiente estacionamientos, donde los propios residentes aprovechan los bulevares para estacionar sobre el césped.

La ciudad de Panamá hoy tiene en su mayoría pésimas aceras, que obligan a los transeúntes a caminar por las calles. Lo triste es que los problemas que han llevado al deterioro de la ciudad a nadie parecen preocuparles. El panameño acepta todo, simplemente tiene un espíritu para adaptarse sin comparación a ningún otro nacional. Por eso continuamos improvisando el crecimiento de la ciudad, permitiendo la compra de más autos anualmente, manteniendo los defectos que han surgido, producto de la falta de planificación sin atenderse, simplemente aceptándolos como una realidad.

Ya hoy el panameño acepta los tranques, que desde la construcción de la cinta costera en su primera fase nos molestaban, hoy simplemente hemos aprendido a vivir con ellos y a tomar más tiempo para llegar a los lugares. No he visto en ningún plan de candidatos a alcaldes el interés por hacer la ciudad nuevamente agradable. Un plan que debe incluir eliminar los autos estacionados a la orilla de las calles, que debe fomentar la reparación y construcción de aceras, que debe velar por los parques y áreas verdes, que debe garantizar más seguridad, mejor alumbrado, más vialidad.

La ciudad de Panamá concentra un porcentaje alto de la actividad económica, concentra un alto porcentaje de nuestra industria y casi la totalidad del gobierno central. Para comenzar, para darle nueva vida a la ciudad de Panamá tendríamos que aceptar la descentralización de las oficinas públicas. No hay razón para que no podamos, a falta de hacer a lo Brasil una nueva capital, simplemente trasladar algunas oficinas al interior del país. El MIDA perfectamente puede estar en Santiago de Veraguas, el MOP pudiese estar en Penonomé, mientras que la Autoridad Marítima y la Autoridad de Turismo en Colón, la Asamblea Nacional de Diputados en Divisa. No solo daríamos más vida económica a esas áreas, sino que empezamos a descargar de la ciudad de Panamá un número considerable de personas. Por supuesto que es una decisión política, pero lo cierto es que no podemos seguir pensando que con pasos elevados y nuevos entronques daremos más vialidad, solo lograremos trasladar los tranques de lugar. Si todos los años se venden más de 35,000 autos y no podemos hacer más carreteras, donde la mayoría de los autos circulan en la capital, no hay muchas soluciones posibles.

Tenemos todos que empezar a planificar las soluciones para devolver a la ciudad su estado agradable anterior. No es con la simplicidad de los ambientalistas por defender lo verde, es con el concurso de urbanistas y planificadores, arquitectos, que podemos empezar a discutir soluciones. Soluciones que permitan descongestionar la ciudad. Hoy, la economía del país se concentra en el corredor de San Miguelito-Panamá-Arraiján-La Chorrera, donde Arraiján es un gran dormitorio de muchos que trabajan en la ciudad capital. No es un problema de Metro ni Metrobús, es un problema de concentración de población, donde inclusive ya se hace insostenible el vivir en casas individuales en la ciudad, reemplazándolas por grandes edificios para poder continuar con el crecimiento poblacional. Por supuesto que si no trasladamos parte de la oferta de puestos al interior, seguirá el crecimiento hasta que colapse la ciudad.

Ya vemos los primeros síntomas de colapso con la dificultad de recoger la basura con los camiones necesarios por nuestras estrechas calles, por el exceso de autos, nuestra dificultad en proveer de agua potable a las poblaciones de las afueras de la ciudad, las dificultades de tránsito, de ambulancias por llegar a accidentes u hospitales o bien, dificultades de los camiones de reparto en entregar mercancía al almacén o al comprador. Mientras en la capital hay falta de terrenos, en las cabeceras de provincia hay exceso disponible. Solo hay que mejorar la distribución de la población y evitamos el colapso inevitable al que vamos a llegar, si no actuamos.

No dudo que parte del problema en no distinguir la crisis a la que se aboca la ciudad capital es porque indudablemente nos ciegan las muestras de belleza arquitectónica y lujosos edificios que parecieran ser propios de una ciudad bien concebida. Un paseo por Costa del Este, Punta Pacífica, la cinta costera nos deja maravillados. Pero, ¡¿alguien ha pensado lo que será cuando todos esos edificios estén construidos y habitados y traten de bien salir o llegar?! Creo que nuestros profesionales tienen un reto histórico, o planificamos la ciudad de Panamá con miras al 2040 o simplemente continuamos viviendo el engaño de lo moderno, para ver llegar más temprano que tarde el colapso de la ciudad capital. Ese es el destino de una ciudad sin planificación en un país de crecimiento envidiable y con un aporte de inversión privada admirable.

A veces no es tan positivo el crecimiento, a veces es mejor ir más despacio, planificadamente, que seguir simplemente celebrando las nuevas obras y el bienestar temporal de los residentes.

INGENIERO Y ANALISTA POLÍTICO.