Panamá,25º

19 de Nov de 2019

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Sancho, ¿trabajador del Quijote?

En la actualidad una de las preocupaciones empresariales es reclutar personas que presten servicios que no alcancen la categoría de trab...

En la actualidad una de las preocupaciones empresariales es reclutar personas que presten servicios que no alcancen la categoría de trabajador. Así, el ordeñador y el ganadero son socios. Los repartidores de pizza prestaban servicios profesionales. Las prostitutas son expresiones del ‘arte’. La cuestión ha sido resuelta por los tribunales, aplicando el principio de primacía de la realidad, evitando que se excluyan bajo la simulación evidentes relaciones de trabajo. El trabajador no solo es, sino que tiene vocación de ser. La discusión tiene sus siglos. Sancho Panza exigió que su condición de escudero fuese considerada en el ámbito laboral y no de sociedad. Siguiendo a don Manuel Alonso Olea, veremos la argumentación de Sancho.

El Quijote quiere retribuir a su escudero con mercedes y no con salarios. Las mercedes son las ganancias de las andanzas, entre ellas la gobernación de la ínsula prometida a Sancho y que se configura como una especie de participación en las utilidades. Éste condiciona que si lo de las mercedes (ínsula incluida) fracasa hay que resolver con salario. Es más Sancho se desmarca por el salario conocido mensualmente, porque ‘quiero saber lo que gano, poco o mucho que sea... que se me señale salario conocido’. Y advierte que de llegar una merced se deduzca lo pertinente del salario e incluso recuerda que cuando servía a Tomé Carrasco ganaba dos ducados cada mes, amén de la comida.

El Quijote se impacienta y en tono elevado explica que él pagaría salario, pero no ha encontrado en los antecedentes de los caballeros andantes que hayan pagado salario a sus escuderos, pues servían a merced. Sabedor el hidalgo de la titularidad del empleo, abandona el tuteo, sube el tono (es lo que pasa hoy) y le dice a Sancho ‘si no quieres venir a merced que Dios quede con vos y os haga un santo, que a mí no me faltaran escuderos’. Se pone de manifiesto el poder de quien tiene y la tristeza de quien aspira, en tanto que Sancho baja la cabeza y con voz casi imperceptible deja dicho: ‘Si me he puesto en cuentas acerca de mi salario, ha sido por complacer a mi mujer...’.

El tema del salario persistió en las andanzas y el hombre de la Mancha lo incluyó en su testamento a tanta insistencia, no sin antes increpar al escudero de ‘¿prevaricador de las ordenanzas escuderiles cuándo un escudero se ha puesto con su señor en tanto más cuanto me habéis de dar? Éntrate, entérate, malandrín, follón, vestiglo, que de todo pareces’. A Sancho le vinieron las lágrimas y pidió perdón.

Gianni Loy observa cómo asoma en la novela el rasgo del moderno derecho del trabajo con las modalidades que le son propias, en la que se dispone de las energías de una persona a cambio de una compensación. Estamos ante el balbuceo del Derecho Social.

En la obra se sorprende al lector con los variados matices de Sancho en una mezcla constante de ternura, astucia con el trasfondo popular que no escapa, permanece como escudo protector. Se ha acreditado la prestación del servicio y el salario. Resulta curioso que se perciba una típica causal de despido: incurrir el trabajador en actos de violencia, amenazas o injurias en contra del empleador, compañeros, etc. Excepto que hubiese mediado provocación.

Hay un incidente en que Sancho discute con el Quijote que trata de azotarle; el escudero derriba al caballero y éste le dice: ‘¿Cómo traidor? Contra tu amo y señor te desmandas? Con quién te da su pan te atreves?’. Estando las cosas tan dramáticas, Sancho logra encajar lo siguiente: ‘Ni quito ni pongo Rey... sino ayúdome a mí, que soy mi señor’. El Quijote apela a las reminiscencias feudales de la servidumbre, mientras que Sancho se refugia, no en su condición de criado, sino de incipiente asalariado: trabajador.

Sancho, en funciones de gobernador de la ínsula Barataria, le correspondió resolver controversia entre una prostituta y un ganadero. El oficio, aceptado en la época por la Inquisición, lleva al gobernador a decidir que el ganadero ‘pague lo suficiente... a la dama’.

Los tribunales panameños no reconocen como trabajadoras a las prostitutas, por considerar que el objeto del contrato de trabajo debe ser lícito y no ir contra las buenas costumbres. Paradójicamente la jurisprudencia de un significativo grupo de países europeos, como en los tiempos de Sancho, reconocen la condición de trabajadoras de las prostitutas.

En fin, a lo largo de la obra se reconocen antecedentes, principios e instituciones del derecho del trabajo. Se ha dicho que esa impresión de bobería y agudeza que hace original al escudero es la expresión del colectivo del campesinado de la época, que encuentra su identificación en los llamados trabajadores del campo, que, frente a normas poco protectoras, hacen al labriego enfrentar la arbitrariedad con el escudo de la socarronería, la malicia y el recelo, incluso la bellaquería y agresividad.

Sancho es un trabajador de campo, objeto de un sistema feudal que se niega a desaparecer. La audacia y estupidez, malicia y bondad, ingenio e ignorancia, contestatario y libre pensador, imaginativo y comunicativo, es el perfil que le traza Cervantes, que define al campesino conversador como el resultado de un orden social injusto, que despierta defensa de mejores condiciones de trabajo y complementa al Quijote en una conversación que preside la aventura.

MAGISTRADO DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE TRABAJO.