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15 de Nov de 2019

Redacción Digital La Estrella

Opinión

La maravillosa vida del guaymí

En escritos de varios antropólogos extranjeros, se deja ver que los Guaymies al refugiarse en las montañas que sabemos de Chiriquí, Vera...

En escritos de varios antropólogos extranjeros, se deja ver que los Guaymies al refugiarse en las montañas que sabemos de Chiriquí, Veraguas y Bocas del Toro se llevaron y mantuvieron muchas de sus costumbres precolombinas, pero amenazados por los sincretismos. Algunos religiosos extranjeros provocaron apariciones (inventando dioses y ángeles) y ciertas creencias que dieron como resultado que en 1962 se levantaran en armas.

La rebelión ‘Mamachí’ nombre de una líder indígena muy diferente a la ‘Cacica y a la Mijita’. Mamachí aparece en el Registro Público como Delia Bejarano, a ella se le apareció la virgen María con un rosario de mandamientos entre ellos no hablarle a los latinos. Tres años atrás los mismos religiosos influyeron en la indiecita Cándida Jiménez (1959) y como no resultó trataron con la joven Rufina Flores (1960) con el viejo cuento inglés de las apariciones reveladoras para aglomerar a la indiada con propósitos desconocidos. En términos generales los panameños respetan a los Guaymies y particularmente yo le envidio su maravillosa poliginia.

En tiempos precolombinos, los ahora Guaymies gozaban de una organización familiar estupenda. La familia era el centro de la sociedad. Se practicaba la poliginia. Y entre más mujeres tenía un hombre mejor, las indígenas siempre han sido trabajadoras, de manera que, entre más mujeres, más chácaras pendían en las soleras de los ranchos apretadas en pertenencias, denotando prosperidad compartida a placer por concubinas e hijos, todo era común y no habían peleas entre las hermosas cholas; que en la mayoría de las veces eran primas o hermanas.

Los guaymíes siempre fueron guerreros valientes, que defendieron sus tierras y a sus hembras hasta la muerte.

Antes y poquito después de la llegada del europeo nuestros originarios traspasaban fronteras y se robaban las mujeres: ticas, nicas y hondureñas. El Guaymí Urracá llegó a vencer al mismo Pizarro en el poco tiempo que por aquí estuvo, como también en Natá pusieron a morder tierra a las huestes del propio Gaspar de Espinosa bajo el comando de Urracá. Los istmeños fácilmente se percataban de los españoles entre los rastrojos de Río Grande por el apestoso grajo que emanaban.

*ESCRITOR COSTUMBRISTA.