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24 de Oct de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Educar primero a la comunidad

Si hacemos bien los cálculos, en un período de 10 a 15 años, a como dé lugar, se mantienen en el sistema educativo cada año alrededor de...

Si hacemos bien los cálculos, en un período de 10 a 15 años, a como dé lugar, se mantienen en el sistema educativo cada año alrededor de unos 900 mil jóvenes panameños. La premisa es que en aproximadamente 20 años después de ese periodo, ese grupo de jóvenes panameños tendrá la responsabilidad de llevar las riendas del Estado desde diferentes puntos en el sistema productivo y cultural que debe continuar o mejorar los programas de crecimiento y desarrollo que generaciones en retiro han formulado.

Entonces, con esa premisa subrayada, no hay que ser un genio para entender, como ya lo hemos dicho anteriormente, que: ‘La educación es la plataforma esencial que debe impulsar el desarrollo de un país. Debemos pensar siempre que la sociedad que queremos construir a partir de este momento, debe incluir políticas educativas que sean extensivas a todas las regiones poblacionales del país...’. El ambiente actual es un reto, y el pobre ambiente político lo amenaza aún más. Hace algunos años discutimos el tema de la educación sobre la base de los resultados de un estudio realizado por la COSPAE acerca del estado de la educación panameña.

Utilizando dates oficiales de entre 2002 y 2006, en ese entonces COSPAE comentó sobre tres aspectos de la educación que afectan la calidad: 1- aún tenemos escuelas ranchos; 2- el acceso a computadoras en primaria es reducido y; 3- apenas estamos estimulando el aprendizaje del idioma inglés.

Para ese mismo tiempo nacía, con visión global, un programa educativo basado en el uso de la tecnología moderna. Un portátil por niño (One Laptop Per Child, OLPC en inglés), es el nombre del proyecto centrado en la distribución de una computadora portátil fabricado con el propósito de ‘proporcionar a cualquier niño del mundo conocimiento y acceso a la tecnología de la información como formas modernas de educación. El proyecto cuenta con el apoyo y colaboración de Google, AMD, Red Hat, Newa Corp, Brightstar Corp. y otras empresas’.

En la información contenida en la página de Wikipedia, el plan inicial en el 2006, ‘El portátil se basa en una plataforma GNU/Linux y es eficiente en la utilización de la energía, de manera que con un dispositivo mecánico de tipo manivela se puede generar suficiente energía para su operación. Un dispositivo de conectividad inalámbrica permite que los aparatos se conecten entre sí y a Internet desde cualquier sitio. Estos portátiles serán vendidos inicialmente a los gobiernos y entregados a los niños en las escuelas bajo el principio ‘una computadora para cada niño’.’.

Aquí en Panamá como parte del programa ‘Tecnología para Todos’, el Ministerio de Educación inició la entrega de unas 93 mil computadoras a alumnos de cuarto, quinto y sexto año de todo el país. La semana pasada se realizó la entrega a estudiantes miembros del Cuerpo de Solidaridad Informática. La inversión en este programa es de $26 millones y cada laptop cuesta al Estado B/.280.

Tecnología para Todos es un programa excepcional, pero no para ahora. Muchos dirán que siempre es bueno arrancar y mejorar los programas poco a poco. El viernes pasado los medios de comunicación reportaron el robo a mano armada de seis unidades de las recién entregadas computadoras a estudiantes que los portaban. Nuestras amenazas y problemas no se fundamentan en el uso o no de cierta tecnología en los procesos educativos. Los problemas que nos amenazan se fundamentan en el pobre nivel sociocultural que encuentra su génesis en un marcado enfoque en el consumismo y la ventaja, mientras que el proceso socio-educativo social no encuentra balance con la temática cultural y humanística. El programa en este momento está más propenso al fracaso que a rendir frutos que podamos celebrar.

No podemos atender el tema de las computadoras, si no resolvemos el tema de la seguridad y de la infraestructura de los centros educativos. Es preocupante ver el multimillonario gasto que realiza el Ministerio de Educación cada año para adecuar debidamente la infraestructuras de las escuelas que, cada verano son afectadas por un vandalismo enfermizo, muchas veces por miembros de las comunidades circundantes.

El Dr. Arístides Royo, expresidente de la República y exministro de Educación, señaló en un artículo titulado ‘Autogestión Escolar’, que: ‘... hace falta más educación cívica, con el fin de inculcar mayor respeto por los bienes inmuebles que son útiles al noble fin de la enseñanza, y se requiere por tanto de una cooperación más decidida de los estamentos organizados de cada comunidad, que es la que realmente obtiene beneficios directos de la educación de sus niños y jóvenes y, en consecuencia, es la primera que debe contribuir generosamente a la conservación de los templos del saber’.

En consecuencia, el Estado, por intermedio del Ministerio de Educación, debe ensayar la idea de que sean las mismas comunidades, conjuntamente con sus juntas comunales, representantes de corregimientos, diputados, clubes cívicos, etc., las que se hagan responsables de las instalaciones educativas, las mismas donde sus hijos asisten a clases como atinadamente apunta el Dr. Royo.

Fomentar y obtener la preocupación de la comunidad por sus centros escolares los elevaría a una conducta sociocultural madura y responsable, en donde la población comprende el significado de garantizar las herramientas necesarias para que su descendencia crezca. Únicamente así podrán los muchachos aprovechar la oportunidad que este programa ofrece sin temor a perder la vida en el intento de trascender.

COMUNICADOR SOCIAL.