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29 de Sep de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Freddy Britton... ¡Presente!

R ecuerdo que era un sábado, temprano, cuando entró al recinto Freddy Britton. Estaba solo y yo también. Los dos nos sentamos y comenzam...

R ecuerdo que era un sábado, temprano, cuando entró al recinto Freddy Britton. Estaba solo y yo también. Los dos nos sentamos y comenzamos a hablar. Parecía aún más joven de lo que le calculaba (26 años de edad). Se notaba una barba afeitada, un rostro sin arrugas, ni marca alguna. Hablaba de manera pausada, como un hombre que iba de prisa, pero caminando sin apuro. Era alto con aspecto atlético, con una mirada incisiva, penetrante, decidida.

Estábamos a principios de 1970, algo más de un año del golpe militar de octubre de 1968 cuando la Guardia Nacional había derrocado al gobierno que apenas tenía 11 días de vida. Freddy me hizo un esbozo de la situación política del país. La cúpula de la Guardia Nacional no lograba estabilizar el país, producto de las divisiones en su propio seno y, sobre todo, las relaciones confusas al interior de una oligarquía corrompida y las conspiraciones constantes de las agencias norteamericanas.

Apenas unos meses antes, el 29 de noviembre de 1969, los esbirros de la Guardia Nacional habían asesinado a Floyd Britton, hermano de Freddy, en la cárcel de la isla de Coiba. Muchos testigos presenciaron las torturas a las cuales fue sometido Floyd, simplemente por ser un dirigente estudiantil. No fue detenido legalmente y mucho menos juzgado. Lo secuestraron delante de su familia en su propia casa días después del golpe y estuvo detenido durante un año en la Cárcel Modelo. De allí lo llevaron a Coiba. Sus restos jamás fueron encontrados.

En ese escenario de lucha, Freddy encabezaba el Movimiento de Liberación Nacional (MLN) 29 de Noviembre, proyecto de ejército guerrillero recién creado para resistir la represión gubernamental. El MLN tenía tres frentes de guerra en el entorno de la ciudad de Panamá. Uno en Cerro Azul, donde quería crear una base de apoyo para las operaciones en la ciudad capital. Otro en La Chorrera, al oeste del área metropolitana donde existía una aguerrida tradición de lucha. El MLN tenía el tercer frente enclavado en la misma ciudad, en la zona céntrica y en todos los barrios. Era una red de apoyo urbana que tendía a crecer como resultado de la simpatía que encontraba la juventud guerrillera en la población.

Freddy no me habló de los planes militares inmediatos. Tenía una visión muy clara de las contradicciones que emergían del desarrollo capitalista en aquella coyuntura y de los conflictos que generaba la ocupación norteamericana de la Zona del Canal. La cuestión social (creciente explotación de los trabajadores) y la cuestión nacional (la lucha contra la colonia ‘zoneita’ que rodeaba el Canal), constituían dos aspectos centrales en la lucha contra la Guardia Nacional. La población y, especialmente, la clase trabajadora en 1970 apoyaba con entusiasmo las banderas nacionalistas y socialistas del MLN.

Durante la conversación, que se prolongó varias horas, Freddy me convenció de que su entrega a la causa sería permanente. Su compromiso con Panamá —su juventud, sus trabajadores y mujeres— era inamovible. En todo el rato su voz profunda no cambió, quizás el tono se elevaba cuando se refería a su hermano y a los otros compañeros caídos en combate en los frentes de guerra. Pero los muertos quedaban en el pasado, su visión estaba puesta en el presente y en el futuro donde se encontraban las luchas y el triunfo de la causa del pueblo panameño.

Freddy vestía una guayabera sencilla, muy panameña, y en una época donde la prenda era muy popular. Cuando se levantó no se despidió. Me percaté de su aplomo y decisión. Se fue caminando sin apuro, pero con prisa para llegar a su próximo compromiso. Me hizo una señal de que seguiríamos trabajando juntos por el Panamá que ambos queríamos transformar. Seguimos de cerca los avances de la estrategia del MLN que cosechaba triunfos y, a veces, era objeto de emboscadas fatales por parte de la Guardia Nacional.

El golpe más certero que recibió la guerrilla de la juventud panameña fue el resultado de un cambio de estrategia del gobierno militar. El general Torrijos había reunido un equipo oligarca para conformar su primer gabinete. Pero comenzó a incluir elementos que cuestionaban la explotación de los trabajadores y, además, la presencia de la potencia colonial norteamericana. Los dos discursos de Torrijos en Puerto Armuelles, apoyando al Sindicato de los trabajadores de las fincas bananeras, y en la Plaza 5 de Mayo preguntando ‘¿gobernador de qué?’, al referirse a la presencia de la colonia norteamericana, modificaron la correlación de fuerzas en la lucha ideológica.

Freddy y sus compañeros más cercanos, sintiendo la creciente presión militar, negociaron su salida del país hacia México, donde permanecieron varios años haciendo planes para el retorno. Finalmente, en 1978 se reincorporaron y desde ese momento Freddy continuó la lucha por las transformaciones del país. Lucha que se traducía en educar, movilizar y organizar a los trabajadores en todas sus formas.

Ese fue su compromiso hasta el último día de su vida, sesgada por una cruel enfermedad. Freddy murió el 28 de junio de 2012 y, a pesar del paso de los años, nunca abandonó el espíritu joven —que conocí aquel sábado temprano— que moldeó su pensamiento y su acción revolucionaria.

DIRECTOR DEL DEPARTAMENTO DE SOCIOLOGÍA DE LA UP E INVESTIGADOR ASOCIADO DEL CELA.