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26 de May de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Renuncie, señor Martinelli

Una forma práctica en que se manifiesta el fenómeno social denominado mafiocracia, encabezada por Ricardo Martinelli, es la que acabamos...

Una forma práctica en que se manifiesta el fenómeno social denominado mafiocracia, encabezada por Ricardo Martinelli, es la que acabamos de experimentar con los hechos lamentables en Colón y la capital producto de la imposición de la Ley 72. La estabilidad política, económica y social volvió a resquebrajarse en el momento en que los mafiosos descubrieron la posibilidad de hacer negocios y, para poder realizarlo, cambiaron la ley, a fin de acomodarla a su avaricia. Solo a través del control de los más importantes resortes del poder, consideran que pueden lograr sus metas de seguir saqueando al país.

Todas las confrontaciones de este gobierno con el movimiento social ha tenido como fondo ese escenario. Primero fue con las hidroeléctricas y con la minería, actividades en las que el capo y sus testaferros mantienen intereses importantes. Y, a pesar de las demandas de inconstitucionalidad interpuestas ante la Corte Suprema de Justicia por grupos de presión, duermen el sueño eterno, precisamente por el control que tiene el capo sobre algunos de los magistrados, especialmente el que funge como presidente de ese órgano del Estado.

Otro ejercicio fallido fue el intento de vender las acciones del Estado de las empresas eléctricas y telefónicas. No solo perseguía obtener fondos para cubrir el enorme déficit presupuestario sino, además, manipular su venta en favor de los intereses de Martinelli, sus familiares y sus socios. La venta de las tierras de la Zona Libre de Colón y de las áreas adyacentes, buscaban realizar un negocio pingüe en el que más de 300 hectáreas, bajo el control de la tristemente recordada ANATI, llegarían a engrosar el capital y la incontrolable codicia del jefe de la mafiocracia.

Todas las muertes y heridos, las pérdidas morales y materiales que Martinelli ha producido en su gestión, con su farsa de que ‘ahora le toca al pueblo’, llevan la marca de esa insaciable avidez. No hay humanidad en sus acciones ni propósito civilizado en el que no aparezca enriquecimiento. A esto se le suma, como si fuera poco, la larga lista de corrupción incontenible de altos dirigentes del CD, algunos ya fuera del gobierno, procesados y liberados de los cargos, gracias a los favores de fiscales y jueces venales que dan sustento a esa cultura mafiosa que trata por todos los medios de consolidarse como el viejo sistema oligárquico que fue sepultado por Omar Torrijos.

El objetivo de la mafiocracia es claro: seguir acumulando millones, a pesar de los reveses que han encontrado en su camino, como los de Changuinola, la Comarca Gnöbe Buglé y ahora en Colón. A la larga lista de corrupción, robos, depredaciones de empresas, adjudicaciones de tierras estatales, se le suma ahora la acusación de coimero con el escándalo de Finmeccanica y con la condena de su compinche y capo mayor, Silvio Berlusconi.

Martinelli y sus socios no cambiarán. Por eso es necesario evitarle al pueblo panameño nuevos sufrimientos, nuevos derramamientos de sangre que llenan de luto y dolor a la familia panameña por intentos de rebusca a través de leyes impopulares. Esto solo se logra con la renuncia del capo o su separación del cargo. Únicamente de esta manera puede establecerse realmente la necesaria estabilización del país. Así, fuera del poder, con la riqueza y los medios periodísticos con que cuenta, podría prepararse para no seguir el triste camino por el que transita su amigo y padrino Berlusconi.

No obstante, su salida tiene que ir acompasada con un nuevo pacto social, con un acuerdo entre las fuerzas vivas de todo el país, comprometidas a construir un verdadero nuevo Panamá, más digno, más humano, más decente, sin las prácticas nefastas de juegavivo de esta mafiocracia. Los buenos panameños coincidimos con esta propuesta que, además, está recogida como agenda de Estado en la declaración de principios del Frente de Defensa de la Democracia y plasmada en una nueva Constitución Nacional elaborada por notables políticos, luchadores sociales y juristas del país.

Se equivocan los que piensan que las próximas elecciones están en riesgo por la preparación de un fraude electoral por parte de estos facinerosos. Lo que peligra es el futuro del país y el de las próximas generaciones. Esa ha sido la gran lección del heroico pueblo de Colón. Hágale ese favor al país señor Martinelli, renuncie. Las próximas jornadas de lucha tendrán esa consigna.

EXSECRETARIO GENERAL DEL PRD.