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29 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

¿Qué ocurrirá durante el año 2013?

A unque el número 13 es objeto de muchas leyendas, de supersticiones y hasta de señalamientos suspicaces y peyorativos un tanto ofensivo...

A unque el número 13 es objeto de muchas leyendas, de supersticiones y hasta de señalamientos suspicaces y peyorativos un tanto ofensivos; preferimos referirnos a su significado según lo explica el Diccionario de la Lengua de la Real Academia Española: ‘Estarse, mantenerse, o seguir, uno en sus trece’. ‘Persistir con pertinencia en una cosa que se ha emprendido o empezado a ejecutar...’ Igual serían las supuestas respuestas del ‘régimen de mando personal’ y su partido Cambio Democrático de lo que pudiera darse durante el año 2013.

Hecha la aclaración correspondiente, entramos a analizar objetivamente la situación política nacional. La confrontación entre los partidos políticos (oficialistas y de oposición) en el terreno de las elecciones de 2014, dejaría el mismo saldo de las elecciones de (1994, 1999, 2004 y 2009), en ambos campos. Esto lo entienden o deben entenderlo los dirigentes de los partidos en disputa. Es un imposible ningún vestigio de fraude, sobre todo hoy, con una ciudadanía más consciente que nunca de la realidad política y de su legítima aspiración futura.

El fraude, en una elección monstruosa (como ocurría en el pasado), no está allí a la vuelta de la esquina. ¡De ninguna manera! Lo que espera es la democracia, para realizarla y vivirla plenamente. Esto se dice con facilidad. Se realiza con dificultad. Y la opción consiste en vivir una vida vecina de lo vegetativo, de dádiva degradante, apegada a las pequeñas alegrías y tristezas cotidianas; o vivir apasionadamente, animados de fe en el destino del hombre justo, aportando esfuerzos para que la Nación panameña de la que formamos parte, sea cada día más esclarecida en lo cultural, más justa en la distribución de renta y riqueza en toda la población.

¿Qué ocurrirá durante el año 2013? ¡Dios solo sabe! Los ciudadanos tenemos gran responsabilidad en lo que pueda ocurrir; de la participación ciudadana (indiferente, activa, pasiva) en las actividades cívico-políticas, dependerá el giro que tomen las decisiones del ‘régimen de mando personal’, con la mira puesta en 2014. Si aceptamos pasivamente ‘los gladiadores’ o lo que se nos quiera imponer, ocurrirá lo mismo que ahora: continuará la corrupción galopando, seguirá subiendo el costo de la canasta básica, se fomentará el paternalismo, la impunidad, el servilismo abyecto, la educación rezagada y deficiente, la deshonestidad administrativa, la inseguridad pública, la injusticia, la falta de agua potable, incremento del crimen y la violencia y, en consecuencia, sobrevendrá la degradación colectiva.

Pero si asumimos el rol de ciudadanos activos y responsables, defensores de la libertad y la democracia a cualquier precio, como obligamos a derogar la fatídica Ley 72: se frenarán los impulsos antidemocráticos del oficialismo y caminaremos unidos hacia el triunfo en el 2014. Después funcionará la separación de los Órganos del Estado y la acción de la justicia; rescataremos la Contraloría y viviremos todos en convivencia pacífica.

Que la ciudadanía no escoja la mediocre concepción de la vida como solo disfrute de una casa agradable, automóvil costoso y televisor ‘plasma’. Todo eso contribuye a que la vida se desenvuelva en un ambiente de confort. Pero eso solo no basta y quien con solo eso se sienta colmado habrá desperdiciado la oportunidad de experimentar inefables y hondas satisfacciones. Estas las atesorarán en su corazón y su conciencia, como un bien invalorable, quienes no vivan solo y egoístamente para sí y para el minúsculo, reducido grupo familiar (¡nepotismo vergonzante!), sino que den a la comunidad donde viven, a la Patria que como suya invocan, aportes de esfuerzos sostenidos a favor de una mayor y más feliz convivencia entre todos los panameños y entre todas las etnias.

Urge un Presidente (2014-2019), que sea sobre todo honesto y capaz; paladín de la reforma social, económica y política; que impida que la minoría privilegiada mantenga sus privilegios mediante la injusticia social; que se conquiste el respeto y la admiración de quienes esperan una revolución pacífica, que acabe con el hambre y la injusticia social; de quienes creen que la reforma social profunda es el camino hacia la igualdad y la justicia, basado en el respeto al individuo y a los derechos humanos.

PEDAGOGO, ESCRITOR Y DIPLOMÁTICO.