30 de Sep de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Panamá en medio de palestinos e israelitas

Al votar a favor de Israel, la República de Panamá se alineó con Estados Unidos y otros siete países para tratar —infructuosamente— de i...

Al votar a favor de Israel, la República de Panamá se alineó con Estados Unidos y otros siete países para tratar —infructuosamente— de impedir que prosperara la solicitud de Palestina de ingresar como Estado Observador No Miembro de las Naciones Unidas. La posición apoyada por Panamá fue vencida de manera aplastante por 138 miembros. Según entiendo, el propósito de la diplomacia palestina era acceder al foro mundial para lograr respaldo universal en su disputa con Israel, como una vez lo intentó nuestro país tratando de acabar con el enclave colonial. Por su lado, el State Department, en apoyo a Israel, sostenía que los palestinos debían concluir negociaciones bilaterales con su vecino antes de acudir al foro mundial. Lo resumió la secretaria de Estado Clinton, cuando manifestó que los palestinos debían ir primero a Ramalá y a Jerusalén, sedes de negociaciones bilaterales, antes de ir a Nueva York, sede de la ONU.

¿Quién tiene la razón? ¿Qué razón o razones tuvo Panamá para adoptar la posición que asumió? ¿Qué hacemos metidos en ese berenjenal tan lejano, que al mismo tiempo podría rozar la neutralidad del Canal de Panamá y la tranquilidad de nuestra población? El tema es extremadamente complicado, con raíces históricas, culturales, religiosas arraigadas en almas y corazones de judíos y palestinos. Desde el siglo XIX se registran esfuerzos por establecer áreas de paz en una región convulsionada, que no se logró en 1947, cuando se crearon dos estados, uno israelita, otro palestino. A través del tiempo, hemos visto y oído nombres y acontecimientos que, desde nuestra perspectiva, son lejanos y escasamente comprendidos: OLP, Autoridad Nacional Palestina, Arafat, Sadat, Intifada, Jihad, Hezbolá, Hamas, Rabin, Sharon, Camp David, Gaza, Golán, Cisjordania, Sinai, Jerusalén, Guerra de Siete Días, Oslo I y II.

Panamá explicó su posición en un comunicado de la Cancillería aquí y en Nueva York en declaración de nuestra Embajada. Acá se aseguró que, al tiempo que Palestina tiene derecho a ser reconocido como Estado, ambos actores deben zanjar sus disputas mediante una negociación bilateral directa. En Nueva York nuestra Embajada manifestó que Panamá vota siempre a favor de Israel, siempre contra quienes los ataquen; que favorece que Palestina sea reconocida como Estado, pero que primero debe resolver su problema fronterizo y el acoso de Hamas contra Israel; que es simple coincidencia que nuestra posición fuese idéntica a la del State Department, porque ‘no nos hemos puesto de acuerdo’.

Es curioso que nuestra Embajada también insistiera en que ‘el voto de Panamá no es un voto de simpatía hacia Israel o de antipatía hacia Palestina.’. ¿Por qué entonces asumimos una actitud beligerante? ¿No era la abstención más consecuente con nuestra tradicional política de neutralidad? Colombia y otros 40 países se abstuvieron y curiosamente los colombianos asumieron su postura por idénticas consideraciones a las nuestras, pero Panamá se parcializó y tomó partido.

Una diferencia tan abismal entre votos a favor y en contra en el ámbito internacional entraña la obligación del gobierno de informar a la ciudadanía con total transparencia sobre las ventajas que nos aportó su voto o sobre los riesgos que corremos. Ante dudas manifestadas por varios exministros del ramo, nos preguntamos: ¿Qué necesidad había de tomar una posición adversa a Palestina? Ante un conflicto ancestral tan lejano al suelo patrio ¿cuán necesario era respaldar a Israel e ignorar a Palestina? No lo sabemos. ¿Pero qué recomendación hizo al presidente el Consejo Nacional de Relaciones Exteriores, creado precisamente para asesorar en temas sensitivos en nuestras relaciones con otros países? Es necesario conocer su sopesado análisis y sus recomendaciones resultantes.

EXDIPUTADA DE LA REPÚBLICA.