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25 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Partidocracia vs. Independientes

Cinco partidos contenderán en el 2014. Dos están en el poder: CD y Molirena. Tres son ‘la oposición’: PRD y PP, que gobernaron del 2004 ...

Cinco partidos contenderán en el 2014. Dos están en el poder: CD y Molirena. Tres son ‘la oposición’: PRD y PP, que gobernaron del 2004 al 2009; y el Panameñista, socio de CD, hasta hace muy poco. A todos los motiva el poder. Los que gobiernan quieren retenerlo; los que lo tuvieron, harían lo que sea para recuperarlo. En conjunto, son la partidocracia.

Para las elecciones pasadas, la partidocracia aprovechó el voto de los independientes, atrapados entre votar por las opciones que ofreció o no votar. Tanto el PRD, en el 2004, como CD y sus aliados, en el 2009, lograron hacerse con el poder a falta de alternativas o de candidatos independientes.

El panorama 2014 es diferente. Habrá candidatos independientes y la partidocracia se revuelve entre sus odios, desamores y reconciliaciones, por el reparto anticipado de ‘los espacios políticos’: ministerios, entidades autónomas, embajadas, consulados, contratos oficiales y candidaturas para diputados, alcaldes y representantes.

Las candidaturas independientes son ahora posibles, pero la partidocracia está convencida de que aventaja a quienes hemos decidido enfrentarla. Apuesta a que con sus maquinarias partidarias, engrasadas con los 52 millones de subsidios que se repartirán en el próximo proceso electoral, más los millones adicionales que ‘invertirán’ en sus candidatos, quienes aspiran a ser ‘los allegados al poder’, tienen abierta la puerta ancha.

La partidocracia también apuesta a que buena parte de la ciudadanía, desalentada por el descrédito de la clase política, creado por ella, se marginará de las urnas. Igualmente, da por descontado que los electores votarán por sus partidos, antes que por un independiente; y calcula que, capitalizando esa tendencia, podrá seguir reinando en nuestro sistema electoral. Pero esas presunciones caerán como un castillo de naipes. Los electores castigarán a la partidocracia porque la mayoría de la ciudadanía, un 60 ó 70%, está harta de los partidos y de sus precandidatos. Nunca lo aceptarán, pero esa realidad los golpeará como un ariete en el 2014. ¡Tiempo al tiempo! La mayor desventaja de un candidato independiente no es desigualdad frente a la partidocracia; es vencer el escepticismo. La mayoría del país, justificadamente, ‘no cree en nadie’. Mi principal reto, por tanto, será conquistar credibilidad. Si superamos esa barrera, el panorama es promisorio.

La segunda barrera es más concreta: la desigualdad en los recursos de que dispondré. No hablo por otros, ellos sabrán su situación. Para nivelar, aunque sea un poco, la desigualdad entre los recursos de la partidocracia y un candidato independiente, deben equipararse los subsidios, especialmente el preelectoral. Con las normas actuales, el partido con menos adherentes, el PP, recibirá un subsidio preelectoral de 4 millones de balboas. En cambio, a un candidato independiente, quienquiera que sea, que registre igual número de adherentes, solo se le reconocerían 12,500.

La Constitución estipula que los candidatos independientes debemos cumplir requisitos proporcionales a los exigidos a los partidos para su reconocimiento. ¿Cómo se justifica, entonces, semejante disparidad en cuanto a los subsidios? Los subsidios deben modificarse radicalmente. Deben reducirse. El monto actual es escandaloso e inmoral. La abismal diferencia entre el apoyo económico, con fondos públicos, a la partidocracia y a los candidatos independientes debe nivelarse; pero nadie espere que la partidocracia tome la iniciativa, cuando ya tiene contabilizadas las suma que engordarán sus arcas. La iniciativa debe provenir del Tribunal Electoral, que tiene entre sus deberes procurar que los torneos electorales sean transparentes, y también justos. Pero no lo serán mientras subsista el actual sistema de subsidios. No tengo muchas esperanzas de que el TE que, junto con la partidocracia, son los responsables del sistema actual de los subsidios, actúe con la prontitud necesaria, pero le demandaré que es su obligación hacerlo.

La reforma más efectiva sería rebajar los subsidios y cortar la entrega directa de dinero a los partidos y candidatos. Este debe utilizarse para alquilar espacios en los medios de comunicación, accesibles, en igualdad de condiciones, a todos los partidos y candidatos. ¿Se atrevería la partidocracia a secundar esa propuesta?

CANDIDATO PRESIDENCIAL INDEPENDIENTE