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24 de Nov de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

2013. Cómo construir un año feliz

2 012: un año viejo que llega a su final. Los deseos de felicidad, de ‘feliz año nuevo’ de aquel momento, se disiparon en el tiempo. 201...

2 012: un año viejo que llega a su final. Los deseos de felicidad, de ‘feliz año nuevo’ de aquel momento, se disiparon en el tiempo. 2013: un nuevo año que, como en todos los casos, revive esperanzas para esparcir deseos de una vida mejor.

Convivir en ambientes saludables no es posible donde imperan las frustraciones y las mentiras. Para hacer realidad los sueños, las aspiraciones, se necesita un Panamá de oportunidades reales, no de promesas incumplidas. Es necesario un país en el que la riqueza se distribuya con equidad y no, como ha venido ocurriendo, con lacerante desigualdad, donde unos pocos se hacen más ricos (y unos poquísimos, muy millonarios) mientras que a las mayorías no les alcanza para cubrir las necesidades básicas.

Hay que festejar el arribo del nuevo año. Esto satisface tradiciones culturales y hasta espirituales. Que haya, por lo menos para estas fechas y en algunas familias (porque lamentablemente no es en todas), pavo y jamón; además de juguetes para los niños y niñas. Pero y principalmente necesitamos que la felicidad, es decir, el vivir bien, sea una condición permanente, que persista a lo largo de los años. Que el reino de los cielos esté también en el reino de la tierra. Es por ello que en Panamá urge una economía más humana de la que nos habló, en cierta ocasión, la iglesia. Ideal que parece incansable ante los oídos sordos de los gobernantes.

Cierto es que experimentamos un crecimiento económico exitoso, de los más elevados en la región. Muchas son las obras, con inversiones millonarias que ayudan a disminuir el desempleo. Esto es bueno, aunque quedan dudas sobre lo que ello va generar a largo plazo, sobre todo por el elevado endeudamiento. Es bueno, dijimos, aunque no lo suficiente. La cifras halagadoras en la economía también chocan con cifras igualmente competitivas, entre las más altas de la región, en cuanto a la mala distribución de las riquezas. Panamá está entre los primeros países donde se da la más aberrante distribución de la riqueza.

Un Panamá con bienestar social sigue a la espera. Si las políticas de gobierno, por ineficaces, no logran superar los males sociales como la inseguridad, la pobreza, el encarecimiento de la vida, para citar algunos, esta desdicha se hace más cruda en muchos hogares debido al flagelo del medio ambiente que a través de las sequías, las inundaciones, provoca mayores sufrimientos entre la población.

Esos dos mundos los hemos palpado en Colón en fecha reciente. Mientras miles de familias tratan de superar, en albergues y en las peores condiciones, la pérdida de sus bienes, por otra parte, con bombos y platillos, se inaugura un 99 más en el corregimiento de Sabanitas. En el primer caso son las lágrimas de los sufridos; en el segundo, el poder de los millones.

En definitiva, el 2013 no podrá borrar fácilmente las amargas experiencias sufridas, en el año viejo, por la etnia Ngäbe Buglé a la hora de armarse de coraje y defender el derecho a la vida. Tampoco podrá olvidarse lo ocurrido en Colón. El pueblo puso los muertos, las heridas, las lágrimas. El gobierno, la represión, la indiferencia, la imposición. Un Panamá democrático es más que una consigna, es condición necesaria para construir ciudadanía y evitar que los gobiernos, por mezquinos intereses, impidan que se construya la verdadera felicidad.

DIRECTOR DEL INSTITUTO DE ESTUDIOS NACIONALES