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26 de Jan de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

En rumbo a la unidad partidaria

Después de lograr los tratados del Canal, dignamente negociados por el general Omar Torrijos y el presidente Jimmy Carter, Panamá ha exp...

Después de lograr los tratados del Canal, dignamente negociados por el general Omar Torrijos y el presidente Jimmy Carter, Panamá ha experimentado un desarrollo económico producto de políticas aplicadas paulatinamente y con más énfasis y éxitos a partir de la instauración de la democracia al inicio de los años 90, después de la invasión estadounidense.

El plan de Omar no terminaba con la recuperación del Canal. Ese plan culminaría cuando se lograra que esos recursos tuviesen ‘el mayor uso colectivo posible’, lo que significa que todas las capas sociales obtuvieran beneficios y donde los más desposeídos contaran con oportunidades de educación, salud y vivienda como mecanismos de superación, fortalecimiento y desarrollo futuro.

Ese plan de Omar debió ser impulsado plenamente por el PRD, pero, a pesar de los éxitos obtenidos no lo hemos logrado, obstaculizados por apetitos de poder sustentados en las armas y en los instrumentos económicos.

Después de la desaparición física de Omar, los partidos políticos desempolvaron todas las malas prácticas de la política tradicional criolla. Las fuerzas militares fueron eliminadas en 1990, pero las nuevas y antiguas fuerzas económicas, que se habían posesionado con los militares, penetraron los partidos y poco a poco, en base al poder económico, lograron los espacios dentro de los escenarios políticos, hasta arrebatar el poder en forma total en el 2009.

A partir de ese año, el poder económico desplazó al sector ideológico o doctrinario en los partidos políticos.

De esta manera se han entronizado en el ejercicio del poder las más atrasadas concepciones políticas, muy semejante a las del feudalismo que solo fue frenado por los conceptos modernos de derechos humanos, ecología y desarrollo social. Conceptos con los cuales, esta expresión del neoliberalismo se encuentra en lucha permanente. Eso nos explica los levantamientos en Changuinola, San Félix y Colón.

Un país con enormes riquezas como las que se están explotando en Panamá, sin un ordenamiento democrático bien cimentado, es peligroso en dos sentidos.

Primero estas riquezas no le llegarán a las grandes mayorías. En segundo lugar —sobre todo con la amenaza del narcotráfico y su poder corruptor— sin la existencia de un sistema de seguridad pública, una justicia imparcial y expedita y un Órgano Legislativo eficiente, no hay contención a la penetración total del crimen organizado, como ocurrió con Pablo Escobar en Colombia e igual a lo que está enfrentado México actualmente. En ese contexto, debemos empezar por sentar las bases para un desarrollo armónico entre todos los panameños, con una nueva Constitución a través de una Constituyente Originaria que establezca nuevas reglas democráticas de convivencia y de desarrollo progresivo y permanente de la institucionalidad, con una verdadera separación de los tres poderes del Estado.

Una Constituyente que encuentre formas más meritorias para llegar a la Corte Suprema de Justicia, al Tribunal Electoral, al Tribunal de Cuentas, la Fiscalía Electoral, la Procuraduría General de la Nación y la Contraloría General de la República. Una Constituyente que ordene a través de una Fiscalía Especial la investigación de todos los negocios y atropellos de los derechos humanos cometidos en el gobierno de Ricardo Martinelli. Una Constituyente que prohíba la reelección inmediata de los diputados. Una Constituyente que ordene que la ejecución presupuestaria, desde su elaboración hasta su ejecución, sea descentralizada y que sus ejecutores no puedan aspirar a cargo de elección popular en el siguiente período. Una Constituyente que le dé prioridad al desarrollo de la educación nacional a todos los niveles etáreos. Y un desarrollo que garantice el acceso a los servicios de salud haciendo énfasis en la prevención. Una Constituyente que promueva y fortalezca el desarrollo del agro nacional y que nos garantice la seguridad alimentaria.

El PRD, si quiere cumplir con su destino, tiene que volver a conectarse con todos los sectores sociales. El partido tiene que establecer las estrategias de alianzas, en especial con los más humildes. Por ello siempre he pensado que la unidad no se construye alrededor de una persona, sino de una idea, un pensamiento o un programa. Quizás soy idealista y quimérico, pero también lo fue Omar y también lo han sido los hombres que con sus ideas se han enfrentado al orden establecido. La mayoría de la humanidad ha avanzado gracias a la valentía y sueños de pocos hombres y mujeres que se han atrevido a soñar. ¡Imitémoslos!

EXPRESIDENTE DEL PRD.