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17 de Apr de 2021

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Pacto ético: percepción y realidad

En todo el planeta, las aspiraciones democráticas de cada sociedad al desarrollo, al progreso y al bienestar se ven amenazadas por fenóm...

En todo el planeta, las aspiraciones democráticas de cada sociedad al desarrollo, al progreso y al bienestar se ven amenazadas por fenómenos como el clientelismo y el transfuguismo que limitan su sentido y participación social plena. Las instituciones públicas que facilitan a la sociedad enfrentar esas amenazas, se encuentran también asediadas por el riesgo de que el autoritarismo y la corrupción penetren, limiten y desvirtúen la eficacia de su labor. Por otro lado, la degradación acumulada por las inequidades, la violencia social y doméstica, y la inseguridad, hacen menos asequible el disfrute de la democracia.

El expresidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz, don Oscar Arias, durante la Cumbre por la Unidad de América Latina y el Caribe celebrada en Cancún, México, en 2010 expresó: ‘No se debe confundir el origen democrático de un régimen con el funcionamiento democrático del Estado. Hay en nuestra región gobiernos que se valen de los resultados electorales, para justificar su deseo de restringir libertades individuales y perseguir a sus adversarios. Se valen de un mecanismo democrático, para subvertir las bases de la democracia’.

Los medios de comunicación, los partidos políticos y la sociedad civil tienen el importante papel de luchar por la creación de sociedades más democráticas. Ejercen ese papel porque cuentan con el más valioso de los recursos: su libertad de expresión; que les permite crear climas de entendimiento necesarios para abrir a debate, y promover, las políticas que garanticen la participación de los ciudadanos en la búsqueda de una democracia sana y una sociedad segura.

En 1947, sir Winston Churchill expresó: ‘La democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todos los sistemas políticos restantes que se han probado de tiempo en tiempo’. La vida en democracia exige el respeto a las ideas y opiniones de los demás, la libertad de acción y movimiento, la libertad de elegir y ser elegidos, lo que la hace la forma de gobierno más aceptada en el mundo.

En toda sociedad democrática, contribuir a su fortalecimiento desde los medios de comunicación entraña una relación compleja y frecuentemente conflictiva, entre ellos y las autoridades del Estado. Y los que ya hemos pasado por ahí sabemos lo implacable que pueden ser los medios cuando son utilizados, por razones políticas, para atacar las gestiones públicas o a personalidades partidarias. Por eso, entiendo la queja de las máximas autoridades panameñas actuales al respecto.

Al definir lo requerido en materia de democracia, la prensa en general ha de desempeñar un valioso papel como espacio para la discusión nacional y para la orientación, con sus equívocos y aciertos, de los cursos de acción propuestos por gobierno y oposición. Lamentablemente algunos medios han promovido, en ocasiones, situaciones entre la percepción y realidad, que confunden a los ciudadanos para decidir por quién votar.

Lo fundamental, en todo caso, es que la fuerza institucional y la libertad de expresión representada en la prensa, converjan en un mismo interés por preservar las virtudes de la democracia y llevarla más allá de sus normales imperfecciones. Oscar Arias lo materializó así: ‘Un verdadero demócrata, demuestra su éxito en los frutos de su trabajo, y no en el producto de sus represalias. Demuestra su poder abriendo hospitales, caminos y universidades, y no coartando la libertad de opinión y expresión. Un verdadero demócrata demuestra su energía combatiendo la pobreza, la ignorancia y la inseguridad ciudadana’.

A un año de las elecciones generales de mayo del 2014, la efervescencia política inicia. Los mensajes deben orientarse a una forma ética de hacer política, propuestas, y planes de trabajo con contenido social serio de parte de los partidos y candidatos.

Existe una deuda social con las clases menos privilegiadas que aspiran a mejores condiciones de vida, a trabajo, agua, vivienda y salud, que no sólo deben circunscribirse a la ciudad capital, sino a las del resto del país que permanecen casi en las mismas condiciones de antaño.

Ante tales hechos, y en vista de que esta campaña podría ser encarnizada, el 6 de marzo se firmó el Pacto Ético Electoral, por iniciativa de la iglesia católica panameña, respaldada por los partidos políticos. Lástima que algunos de ellos no se hayan sumado a tan importante iniciativa, apoyada también por la sociedad civil y los medios de comunicación social, que busca fortalecer la democracia y que los ciudadanos puedan tener un proceso electoral de altura, basado en realidades y no solo en la percepción de esas realidades.

El poder y la responsabilidad siempre van de la mano en una sociedad democrática. La prensa debe ejercer el enorme poder del que disfruta, con tanta o mayor responsabilidad de la que cabe exigir a los que dirigen la cosa pública y a los asociados.

En democracia, una relación sana y de beneficio para toda la sociedad entre la prensa y el Estado demanda mantener una actitud de permanente autocrítica, guiada por los intereses superiores del bien común, que facilite la tarea de promover la participación ciudadana sin el perjuicio de estereotipos mutuamente excluyentes.

En estas circunstancias, quizás como nunca antes, se debe garantizar la libre expresión, que constituye sin duda su mayor activo de defensa. A los medios de información les compete una enorme responsabilidad social en el logro de la democracia. La Verdad y solo la Verdad es, sin duda, la herramienta más poderosa para el ejercicio de esa responsabilidad.

ABOGADO.