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17 de May de 2022

  • Redacción Digital La Estrella

Opinión

Responsabilidad compartida

Son varios los incidentes en los que autoridades han violentado su relación con los medios informativos en términos generales, y contra ...

Son varios los incidentes en los que autoridades han violentado su relación con los medios informativos en términos generales, y contra algunos colegas en particular, sin que, en apariencia, exista razón alguna para una actitud que atenta contra derechos elementales debidamente consagrados por la Constitución Política de la República e incluso, pactos internacionales de los que Panamá es signatario.

Los periodistas estamos obligados a cumplir con principios éticos en el ejercicio de la profesión. Debemos tener como norte la verdad sin importar quién o quiénes puedan resultar afectados, y, de igual forma, debemos estar preparados psicológica y emocionalmente para aceptar que nuestra labor sea cuestionada.

Los parámetros de honestidad que exigimos a otros igualmente debemos practicarlos a la hora de ejercer la profesión. En la búsqueda de la verdad debemos medir las consecuencias de especular o de no contar la versión completa de los acontecimientos.

Lo anterior no tiene absolutamente nada que ver con la libertad de expresión, que no es exclusiva del comunicador. Tengo la impresión de que las autoridades (no todas afortunadamente) no logran entender cuál es el papel que en una democracia debe jugar el periodista; pero a contrapelo, existen aquellos que, amparados en esta profesión, pretenden convertirse en ‘dueños de la verdad absoluta’ o en una especie de ‘catones’ de la sociedad.

En el escenario descrito, es más tolerable que ocurran algunos abusos que aceptar que se apliquen ‘mordazas’ a los medios o a los periodistas; porque al final del camino, esto solo contribuye a crear un ambiente proclive a la censura por quienes tienen la obligación de garantizar el derecho a la libre expresión.

Un gobierno intolerante que intente desacreditar a los medios de comunicación porque la verdad que lee o escucha no le es agradable, estaría retornando a tiempos os curos que deben quedar atrás, sin olvidarlos, pero sin la irresponsabilidad de repetirlos. Es hora de que la sociedad civil haga un análisis de lo que está ocurriendo y las organizaciones que la conforman unan fuerzas para detener una ola que, más temprano que tarde, puede terminar repitiendo anacrónicas prácticas del pasado.

Pretender vapulear, tanto de palabra como físicamente, a periodistas, porque informan sobre situaciones y acontecimientos que algunos funcionarios pretendían ocultar, es una actitud aberrante y poco inteligente.

Observar a un presidente de la Asamblea Nacional decir que no dará declaraciones a este o aquel periodista y que para él estos son ‘cadáveres’, debe avergonzar al colectivo que lo cobija, porque como funcionario olvida que uno de sus deberes es rendir cuentas sobre sus responsabilidades y aclarar dudas sobre lo que se discute en la entidad que dirige.

Igual ocurre cuando un jefe policial arremete cobardemente contra un colega, sea o no dirigente del gremio; es lo más absurdo. Que ambos asuntos sean admitidos como algo normal por sus líderes, es sencillamente absurdo, inadmisible y desafía el sentido común.

Del otro lado de la moneda, igualmente grave también, tenemos medios de comunicación que cada vez se alejan más de la imparcialidad y del deber de dar a conocer los acontecimientos sin manipular la información, apegándose más a la vendetta que a la verdad, que es el gran objetivo del periodismo. Es hora de que reflexionemos sobre lo que viene ocurriendo en el país. Analizar de manera profunda el verdadero papel que corresponde a quienes están de uno y otro lado, porque el vilipendio es execrable para ambas partes.

Afortunadamente, Panamá todavía no ha llegado a extremos insalvables. Por ende, sería oportuno reflexionar antes de que la tolerancia desaparezca de la actitud de los ciudadanos que reclaman el derecho a la verdad sin que la misma esté condicionada, y que los funcionarios y empresarios entiendan que, al final del cuento, es preferible una libertad de prensa con sus errores, que perder un derecho que a lo largo de la historia es y debe ser inclaudicable.

PERIODISTA.