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02 de Apr de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Todos debemos proteger y servir

Esa consigna de la Policía Nacional, traída irónicamente de golpe y porrazo a la conciencia del país por la tragedia de San Carlos que s...

Esa consigna de la Policía Nacional, traída irónicamente de golpe y porrazo a la conciencia del país por la tragedia de San Carlos que segó la vida de dos inocentes criaturas, debe motivarnos a considerar una aplicación más generalizada de ese lema, especialmente durante el Mes de la Patria. Sin circunscribirnos a la penosa calificación de lo ocurrido, aún por dilucidar, vayamos más allá para preguntarnos si igual consigna guiara la conducta de todos los ciudadanos ¿qué clase de país tendríamos?

Cierto que en noviembre nos damos golpes de pecho henchidos de patriotismo, juramos amor a la Patria y a los Símbolos Patrios, cantamos el Himno Nacional, ondeamos orgullosos la bandera tricolor, desfilamos con tambores y cornetas sin parar mientes en la lluvia o el sol candente. ¿Pero es protección y servicio nuestra consigna ciudadana?

Gobernantes y gobernados a menudo fallamos.

A cada uno en su esfera le corresponde apreciar, vigilar y proteger la democracia y sus instituciones. Pero en su lugar hay muchos que tratan de comprar el apoyo del votante con bienes materiales o dineros; hay quienes violan límites constitucionales del poder para lograr decisiones propias de otros Órganos del Estado independientes; hay autoridades que se sirven del poder y le dan la espalda a problemas que aquejan al ciudadano común.

Nos corresponde a todos proteger la intimidad de la familia y demostrar cabal lealtad con los nuestros. En cambio, desatendemos deberes hogareños, derrochamos dineros, negamos pensiones alimenticias, maltratamos a cónyuges e hijos. A todos nos cabe proteger nuestra salud, el medio ambiente y el patrimonio cultural e histórico. Pero en su lugar abusamos de las drogas, ensuciamos calles, destruimos monumentos, acabamos con manglares.

Todos deberíamos proteger nuestra libertad y nuestra buena reputación, sin distingo de banderías políticas, sexo o credos. Pero las pisoteamos cuando inventamos falsos testimonios y calumnias; cuando perseguimos abierta o solapadamente a quienes pretendan defender sus ideas; cuando tildamos de ladrones y vagos a otros; cuando vemos la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el nuestro. Todos debemos proteger los bienes públicos que no nos pertenecen para conservárselos a futuras generaciones, y los gobernantes deben proteger los fondos públicos que recaudan como impuestos de los contribuyentes. Todos debemos atesorar y proteger los valores éticos heredados de nuestros ancestros. Que la suma de todos ellos dignifique la Patria y nos haga sentir realmente orgullosos de pertenecer a ella.

Cada quien, en su esfera, debe tener también una actitud de servicio a los demás. No se trata de dedicarse enteramente a servir, como el sacerdote, el médico, el maestro o el buen policía. Se trata de una actitud que no desaproveche las oportunidades que se nos presenten en el camino de la vida. ¿Cuántos estamos dispuestos, solo por el hecho de que todos pertenecemos a la raza humana?

Sobre la tragedia de San Carlos nos corresponde esperar que las autoridades cumplan, con pulcritud y eficiencia, dos ineludibles obligaciones. En primer lugar, debemos dejar que las investigaciones se desarrollen con la celeridad y ecuanimidad necesarias, para determinar la realidad de lo que sucedió y se establezcan los diferentes grados de responsabilidades de todos los involucrados directa o indirectamente. En segundo lugar, es de esperar que la propia institución de seguridad pública refuerce las medidas y adopte correctivos que nos garanticen que incidentes parecidos jamás se repitan. No creo en satanizar a la institución, porque su función, cumplida con estricto apego a la Ley y sus reglamentos, es esencial para la convivencia armónica en comunidad. Como con todos los mortales, proteger y servir es su imperativo moral.

EX DIPUTADA DE LA REPÚBLICA.