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29 de Mar de 2020

Redacción Digital La Estrella

Opinión

Ser agradecidos ante todo

Es un valor que desgraciadamente desechamos, como si vivirlo fuera en desmedro de la persona. Es visto en el mundo como un signo de debi...

Es un valor que desgraciadamente desechamos, como si vivirlo fuera en desmedro de la persona. Es visto en el mundo como un signo de debilidad, pero que en realidad esconde una soberbia inaudita. Ser desagradecido es creer que no le debe nada a nadie. Llego a pensar incluso que soy un dios, que soy el dueño absoluto de todo lo que me rodea, que lo puedo tomar a mi antojo, (como es dañar la naturaleza, robar descaradamente, matar si no consigo lo que quiero, etc.) este estilo egoísta de vivir lleva al vacío existencial, al hastío, a la enajenación, y por consiguiente al odio y rechazo a la vida. Este camino lleva a la búsqueda del placer (drogas, alcohol, posesiones, juegos de ocio, etc.), por lo que los hijos son un lastre, un obstáculo para realizarse en la vida; se les aborta, abandona irresponsablemente en la búsqueda de una paz que nunca llega.

Veamos entonces cómo estamos educando a nuestros pequeños; nos hemos enfocados quizás en que no sufran, que tengan todo lo que yo no pude tener. Actuar así es mostrar poco respeto por ellos, no los preparamos para la vida. No sabrán de frustraciones que encontrarán en la vida, porque el mundo que les tocará vivir es cada vez más competitivo, pero inculcando que ‘el otro’ no es un enemigo, sino otro ser humano que también aspira a vivir y realizarse, pero que debe respetar, amar para una convivencia social en paz.

En ese contexto, el verdadero amor de madre es cuando le enseña a vivir, cada vez más independiente y pueda sobrevivir sin ella.

Si cambiamos este paradigma de mirar a los hijos como obstáculo, un estorbo, y una posesión y los vemos como un regalo, dejamos de atiborrarlos de regalos, aparatos electrónicos, y les damos lo que esperan de nosotros: amor, compañía, y escucha.

Es así de sencillo ser padres, la guía, es el amor. El pequeño necesita de nosotros, de nuestro ‘tiempo’, para contrarrestar a la generación indolente, caprichosa, egoísta, violenta, desagradecida y resentida, que nos aterra hoy, producto de no haberle enseñado a vivir en comunidad, en paz y respeto por los demás.

Hay que ser agradecidos a Dios, por regalarnos la vida, un hogar, una patria. Tomar conciencia de esto, hará un ser humano más humilde, respetuoso, bondadoso y sabio. Es un sueño que le da sentido a la vida y nos capacita para amar y encontrar la felicidad.

Pero hay que empezar desde el momento mismo de la concepción; ese feto tiene vida, la cual hay que respetar, amar y defender; él es vulnerable, no sabe cómo luchar por su vida. Sobre todo al no tener la culpa quizá de una relación no deseada o mezquina, deseosa solo de placer, sin medir su consecuencia y responsabilidad que conlleva el sexo solo como placer. La manera de perpetuar la especie es que nazcan niños, por lo que hay que agradecer a Dios, que regala la vida. Pero tenemos que amarlos con ternura como lo pide el papa Francisco, que no es un signo de debilidad humana, al contrario es valentía, un respeto por sí mismo y por los demás. Tomar esta decisión de amar permitirá dar vida al ser que amo, al cual me he comprometido a valorar, respetar y ayudar para que alcance su plenitud.

Empezamos un nuevo año; lo pasado no lo podemos cambiar, pero lo que suceda hoy sí, por lo que los animo a ser agradecidos de la vida, del cónyuge, los hijos, la patria, los amigos, y encaremos el futuro con optimismo, amor y servicio.

MÉDICO-ROTARIO.

—COMISIÓN VALORES CLUB ROTARIO PANAMÁ.