La crisis de la Asamblea Nacional II

Extracto de la segunda parte de conferencia dictada por el Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia en la facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Panamá, en 1966, publicada en su obra ‘Pensamiento y Estudios Jurídicos'

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Los diputados, a falta de un buen optimismo sobre su fecundidad legislativa, se han dedicado a fiscalizar. La conciencia que tienen todos los diputados de la oposición, por ejemplo, es de que ninguno de sus proyectos jamás pasará a segundo debate, porque siempre son negados en primer debate; la absoluta convicción que tienen los diputados de la oposición de que basta que sea iniciativa legislativa de un opositor para que no tenga el pase, por más que el proyecto lo preparen los nueve sabios de la Alianza para el Progreso, hace que los diputados de la oposición crean que cumplen con su deber presentando proyectos de ley, a sabiendas de que, para cualquier crítico, o para la propia conciencia, no es esa la función legislativa que desea realizar.

Pero la realidad imperante en estas asambleas nuestras, de predominio del voto mayoritario en la acción legislativa para negar los proyectos de ley de la oposición, impone al diputado de la oposición el ejercicio de su función fiscalizadora.

Porque al fin y al cabo, no le queda otra alternativa, si sus proyectos de ley —y estamos hablando de las causas de las crisis— no son considerados, ¿qué alternativa le queda al diputado, si no la de dedicarse a cumplir aquellos preceptos constitucionales que le dan la facultad de indagar sobre la marcha de la cosa pública?

El diputado de la oposición, sobre todo en cuanto a la experiencia personal de los dos últimos años, está en una actitud de fiscalización permanente. Esa actitud de fiscalización permanente no es bien comprendida en la comunidad. No es bien comprendida porque se ejerce únicamente cuando hay cierta verticalidad en el seno de la cámara, cuando existe, asimismo, cierto contenido ético del diputado para enfrentarse a un régimen y, cuando así ocurre, los que controlan generalmente al gobierno y los que controlan generalmente los órganos de expresión, critican de modo sistemático la actuación fiscalizadora, de forma tal que el pueblo se confunde frente a cualquier acción fiscalizadora, el pueblo no sabe si el diputado está cumpliendo con una función constitucional y ética o si el diputado está perdiendo el tiempo, haciendo ‘demagogia académica o engañando a sus electores.

Entonces hay que entender que la función fiscalizadora constreñida en preceptos constitucionales es una función que no la usa el diputado únicamente por abuso sino que la usa como recurso y que no solamente es una función de orden constitucional, sino que asimismo es una función del diputado cuando considera que es una espléndida oportunidad para contribuir a la depuración del sistema o a su cambio estructural.

La función fiscalizadora de la Asamblea Nacional está determinada en el artículo 120, ordinal 6, que la faculta para examinar toda actuación del Órgano Ejecutivo; que la faculta para examinar toda actuación que diga relación con la marcha de la administración pública y yo creo que en este país no deja de ser importante que los diputados de la Asamblea Nacional cumplan con esta función fiscalizadora, por más que la crítica pública, confundida, pueda estimar que no se está cumpliendo con un deber.

Desde luego, como los debates son públicos, se trasmiten por radio, es la Asamblea el único órgano del Estado sometido al escrutinio permanente de los asociados. Sus debilidades son más conocidas. Si los Consejos de Gabinete se transmitieran por radio, o los Plenos de la Corte Suprema fueran del conocimiento cabal de la comunidad, la crisis fuera tan colectiva como galopante hacia el caos social. Es decir, como el pueblo conoce las actuaciones de sus diputados es más consciente de la incapacidad de ese Órgano del Estado, pero esa conciencia se detiene allí sin extender su análisis de la crisis del sistema socio-económico que brinda este tipo de Órgano Legislativo.

Entre otras de las funciones que tiene esta Asamblea, se encuentra la administrativa que consiste en ejecutar actos que propiamente son del Órgano Ejecutivo; función administrativa que no cabría en una Constitución de tipo liberal la que expresaba la total división de los poderes.

En la Constitución de 1904, encontramos una Constitución individualista que consagraba la separación de los poderes, pero ya en la Constitución de 1946 esa separación se convierte en una inter-relación y así la Asamblea Nacional cumple funciones propiamente del Órgano Ejecutivo en la vía administrativa aprobando o improbando nombramientos, cumple funciones propiamente judiciales, juzgando a autoridades o a funcionarios que debe juzgar y cumple, igualmente, su función básica que es la legislativa.

Y asimismo vemos que los otros Órganos del Estado invaden esferas propias de la legislación o propias de Órgano Judicial. Dentro de las funciones administrativas se encuentra la de aprobar o improbar nombramientos. ¿Cómo funciona la aprobación o no aprobación del nombramiento de gerentes de entidades autónomas, por ejemplo?

En la práctica es completamente inocua la función de la Asamblea Nacional en materia de la aprobación o no aprobación del nombramiento de un gerente de una entidad autónoma, y digo que es inocua(…). Hasta la fecha no recuerdo que un solo nombramiento de un gerente de una entidad autónoma haya sido rechazado por alguna Asamblea Nacional y en Panamá hay veintidós entidades autónomas.

Yo me he preguntado si estas aprobaciones prestigian en algo a la Asamblea o si por el contrario sirven para poner en evidencia la sumisión de la Asamblea a los dictados del Órgano Ejecutivo. Pienso que otra causa del desprestigio de la Asamblea la encontramos en las prácticas legislativas que sirven para que la Asamblea se exhiba entre la sociedad como instrumento de la voluntad del Ejecutivo y que desde el punto de vista de los principios nada dicen a favor de las atribuciones auténticas de la Asamblea Nacional.

La imagen que la sociedad posee de la Asamblea como dispensadora de cargos burocráticos, es sencillamente catastrófica para su prestigio. Estimo que otra de las fallas fundamentales de nuestra actual Asamblea es la ausencia de Comisiones Asesoras.

La participación de la Asamblea Nacional en la determinación del gasto público es otro motivo de su desprestigio. La función constitucional de aprobar o no aprobar el presupuesto con modificaciones o sin ellas, hace de la gestión del diputado una especie de ‘piñata' de partidas con las rentas del Estado.

Es nula esta gestión legislativa. La Asamblea Nacional no debe modificar el proyecto de presupuesto y su función debe agotarse aprobando o no aprobando el presupuesto. Como organismo político, sus integrantes aprovechan la oportunidad de incorporar partidas para servicios y obras que no responden a ningún plan general de desarrollo del país, sino al pago de servicios políticos o a simples caprichos personales. O podrían responder a una iniciativa plausible, pero se pierde esa excepción en la generalidad de las otras iniciativas totalmente contrarias al orden que reclama el Estado Moderno(…).

No solamente en este país encontramos grandes errores legislativos por falta de tecnicismo; no solo es una característica panameña la de observar leyes como las que apuntaba el Dr. Quintero, al comentar la ley sobre mejoramiento económico en donde en si se legisla de mil cosas distintas(...).

FICHA

Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:

Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia.

Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé.

Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá.

Ocupación: Abogado, periodista, docente y político

Creencias religiosas: Católico

Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga

Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.

Estos hechos indican que el Órgano Legislativo no se ha modernizado. La solución ya está dicha por la vía del ejemplo. Buscar el asesoramiento en la vida burócrata interna, como lo ha hecho el Órgano Ejecutivo.

Esta crisis que hay en nuestros Órganos Legislativos en América solo se puede superar resolviendo la crisis de la democracia. La crisis de la democracia, igualmente, solo la resuelve la universidad; en otras palabras, la crisis de la democracia la puede resolver, de manera más fecunda y mucho más positiva la cultura.

Yo creo que en los actuales momentos la Universidad de América juega un papel muy importante para superar las crisis actuales. La necesidad de que las universidades se conviertan en vehículos tolerantes de las ideas, de que los pueblos nuestros reciban ese influjo benefactor de una universidad divulgadora de las ideas. Sobre esa base se podría entonces lograr un equipo humano, lo suficientemente idóneo para que pueda entrar en los distintos niveles de la vida social a cumplir funciones superadoras.

Si logramos una mayor participación de la universidad en los problemas nacionales; si se logra que la universidad participe más vivamente e incluso en las iniciativas legislativas, que la universidad participe, presente proyectos de leyes a través de comisiones de diputados o de diputados que preparen soluciones a los problemas, y que la universidad, asimismo, logre que la juventud tenga cada día menos tipo de tendencias hacia principios caducos y que se apreste a transformar el sistema panameño, entonces podríamos conseguir al fin una asamblea que sea más representativa; una asamblea que cumpla realmente el precepto fundamental de que allí reside la voluntad del pueblo; que en ella reside la soberanía.

Pero si la universidad no cumple su función, si la universidad le resta esa orientación a la comunidad, entonces no podríamos encontrar una superación muy rápida en la vida de la Asamblea Nacional.

Este tipo de seminario tiene su importancia: despierta una inquietud y por lo menos podría servir para que luego de un gran debate se puedan buscar todas las causas a la crisis de la asamblea. Entonces no se podría criticar a la crisis de la Asamblea Nacional como una causa, sino efecto. Se tendría una perfecta visión de que la Asamblea Nacional no es otra cosa que un órgano del Estado y que el Estado, en síntesis, es la expresión de una comunidad que tiene una clase que domina y que si el Estado es la expresión de quienes dominan, si es el instrumento de dominio de quienes tienen el poder económico y el poder social, necesariamente la asamblea tiene que ser la expresión de ese poder económico y de ese poder social.

Y solo haciendo ese examen del Estado, no como una fuerza amortiguadora de conflictos sino como una expresión de ese poder y de control en la comunidad al servicio de los poderosos, al servicio de las clases poderosas, solo si tenemos esa visión y ese análisis del Estado, podríamos explicarnos por qué los Órganos del Estado y entre ellos el ‘representativo' que es la Asamblea Nacional, no es un órgano representativo del pueblo sino un órgano representativo de la clase dominante, que niega su propio sistema, que aún no cree en el intervencionismo estatal, porque practica y sueña con el individualismo, que ve en la Constitución de 1946 su camisa de fuerza y que prefiere el creciente desprestigio de la Asamblea Nacional, que estimula ese desprestigio impidiendo a golpe de presión que ejerza sus funciones constitucionales de modo eficaz.

He allí la raíz de la crisis de la Asamblea Nacional de Panamá, de América. Una crisis que se expresa en una incesante contradicción interna del sistema socio-económico que le da vida(...).

Por lo pronto, queden estas palabras como una sencilla exposición de quien ahora mismo padece la crítica pública por ser diputado, queriendo ser Diputado. Muchas gracias.

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