Para Juan Camilo Nariño, presidente de la Asociación Colombiana de Minería (ACM), “una de las mayores restricciones que hoy hay para cumplir los acuerdos...
- 03/06/2009 02:00
La novela “El amor y otros demonios” de Gabriel García Márquez narra la historia de un suceso acecido en Cartagena de Indias en 1949. Este año se descubrió una espléndida cabellera cobriza de Sierva de María de Todos los Ángeles, una marquesita de doce años que había muerto de rabia, que medía veintidós metros y once centímetros, hija única del marqués de Casalduero. Era venerada en los pueblos del Caribe porque hacía muchos milagros. Durante la época del virreinato, vivió una niña de cabello cobrizo excepcional, que el Santo Oficio declaró que estaba poseída por el demonio, un perro cenizo rabioso la había mordido y a tres esclavos más cuando salió con su sirvienta mulata a comparar cascabeles para su fiesta de doce años. Ese día llegó un embarque de esclavos del África que responsabilizaron de la peste mortal pero habían sido víctima de envenenamiento.
La esclava informó sobre la mordida del perro dos días después a la madre, quien revisó a su hija y no se preocupó más. Al domingo siguiente, vio al perro que mordió a la niña muerto por la rabia. La herida estaba seca. No se lo comentó al marqués. La única persona que podía curar este mal era Sagunta, india andariega, quien visitó al marqués para ponerse a sus órdenes e informarle sobre la peste de rabia y para contarle que su hija había sido mordida por el perro. Ella podía curarla por ser devota de San Huberto, patrono de los cazadores, sanador de la rabia. Como desconocía de la mordida, la despidió sin prestarle atención. El amaba a su hija aunque nunca le prestaba atención. Los padres se llevaban mal y por eso la niña sufría las consecuencias.
Sierva María se parecía a su padre era tan tímida que parecía invisible. La niña blanca pelirroja creció entre los esclavos negros de su padre. Fue recluida en un convento para curarla con exorcismos, pero entre la locura, la verdad, la posesión demoníaca y la religión, florece el amor frustrado de un sacerdote joven y la niña enclaustrada a la fuerza de la Iglesia y torturada por la Inquisición, el Santo Oficio.
La esposa del marqués, su madre, Bernarda Cabrera, una mestiza seductora, se entregó a una vida de placeres, no amaba a su hija. La esclava Dominga que gobernó la casa y crió a Sierva María había fallecido. Sierva María andaba siempre con los esclavos.
El día de su cumpleaños, los esclavos de la casa le pintaron la cara de negro, le colgaron collares de santería. Le cuidaban su espléndida cabellera rojiza que nunca había cortado. Preocupado, el marqués fue al hospital a ver al enfermo de rabia, consumido por la enfermedad. El doctor Abrenuncio, recomendó matar al enfermo, para evitar sufrimientos, no había cura. Bernarda se volvió loca por Judas, un esclavo que compró por lujuria, lo deseaba con locura, lo bañó en oro, sufría sus infidelidades.