“¿Qué es lo que le impide venirse? ¡Que se venga! ¿Cuál es problema, pues? Lo que tienen es un show para ver cómo generan una campaña de intriga”, dijo...
- 31/01/2009 01:00
E n días pasados estuve en Chiriquí recogiendo café. La verdad es que para un novel en la materia es bastante sencillo, se arranca la cereza que ya está roja y se echa a la lata. Lo difícil viene después, hay que fermentar la fruta para luego despulparla y empezar el proceso de secado al sol cuidando que estén bien separados los granos para que no se pudran. Cuando ya uno cree que tiene café empieza el problema. Todavía hay que pilar el grano para después tostarlo y después de tostado sigue el proceso de guardado que es tan o más importante que los demás procesos anteriores, puesto que el aroma se pierde a mucha velocidad si no está bien conservado.
El resumen es que tenemos una joya llamada café en nuestras tierras y con bastante facilidad se obtiene buen producto para la venta en el exterior. El café panameño es de categoría, pero ha faltado, como en casi todo, el esfuerzo institucional para crear la conciencia exterior o la marca Panamá y así hacer más fácil el difícil camino de la exportación. Aunque si uno conoce sabe perfectamente que casi todos los caficultores de tierras altas logran año tras año vender sus producciones enteras a los que hacen mezclas en el exterior. Tristemente se alardea mucho del café, pero todavía - salvo Café Durán - con sus propias cafeterías en Barcelona, la marca del café panameño es desconocida en el exterior porque no llega al consumidor final con ese nombre. Para consuelo patrio eso pasa con casi todos los cafés del mundo puesto que el mercado funciona con las compras, luego las mezclas y al final los diferentes tostados; así que hay muy pocas marcas reconocidas por todo el mundo y no corresponden a fincas sino a mezclas entre café de muchos lugares del mundo y eso si un tostado impresionante que es lo que hace la experiencia de tomarlo en todo un gozo.
Pero qué difícil se ha hecho tomarse un buen café en este país productor de buen café. El buen café solo se toma en la capital y en muy pocos sitios. Se exceptúan contados casos en el interior, pero es digno destacar el esfuerzo de la gente de Ruiz, Durán y Maritano que están haciendo crecer pequeñas cafeterías por doquier. Para mi hay una muy buena experiencia en el Hombre de La Mancha que además de librería se preocupa por ofrecer un café de clase. El café es más que una taza llena y humeante, es un momento de comunión, de compartir, de terminar una comida con broche de oro. El café es, en fin, algo sencillo pero placentero.