Sólo es libre el hombre...

  • 08/11/2015 01:00
¿Despotricamos contra los españoles el 12 de octubre pero nos vestimos de Tercios el 3 de noviembre?

‘Solo es libre el hombre que no tiene miedo', así dice uno de los versos del himno de los Tercios españoles. Hermosa frase y hermoso himno. Toda una declaración de valentía, bonhomía y honor. Unos Tercios que hacían temblar la tierra europea allá donde ponían las botas y que mantuvieron a raya, durante siglos, por igual a turcos, a herejes y a flamencos rebeldes.

Dirán ustedes que a qué viene esto, pues viene a que me quedé patidifusa el otro día cuando, en medio de un desfile patrio, justo entre la Guardia Mora del SENAFRONT desfilando con flores y turbantes mientras cantaban, y los Hombres de Negro buscando barbipelótidos entre el público asistente, atisbé una pica. Les juro que creí que era una alucinación producto del calor y la pérdida de sales por el sudor. Les juro que me froté los ojos, tratando de volver a enfocar correctamente. Pero no. No era una visión provocada por mi añoranza de una época pasada y un Imperio que no regresará, (a pesar de lo que diga la canción de los Nikkis). No. Fue real. Los Tercios desfilaron por las calles panameñas.

Miembros de los cuerpos de seguridad del Estado con disfraces imitando (con más entusiasmo que acierto, todo hay que decirlo) ‘La gola de malla, chaleco de cuero, peto y espaldar me guardarán del hierro', marcharon con palos de escoba que pretendían ser, supongo, el bosque de picas de la Rendición de Breda: ‘Levantad las picas con un canto al cielo'.

Para lo que no sepan de qué les estoy hablando, les cuento que los Tercios fueron la unidad militar de élite del Ejército español durante la época de la Casa de Austria, y claves en la hegemonía militar del Imperio español. Fueron la mejor infantería durante siglo y medio. Orgullosos y puntillosos en cuestiones de honra, no se rendían, y preferían la muerte antes que el deshonor. Tenían fama de pendencieros y los duelos por un quítame allá esa mala cara no eran nada raros. Exigían siempre los puestos más peligrosos y los más decisivos para la victoria. Hubo de implementar castigos durísimos para aquellos que, inflamados de ardor combativo, se lanzaran contra el enemigo sin atender las órdenes de sus oficiales.

Los que me critiquen por alabar a esos asesinos, invasores de tierras y genocidas, sepan que no, que los Tercios como tales no cruzaron el charco, oigan, que estos solo mataron y murieron en la vieja Europa. Los integrantes de los Tercios eran soldados profesionales, no así los conquistadores y sus ejércitos que en su mayor parte eran colonos que tomaban las armas por necesidad. Y sepan que el primer ejército profesional español en América fue el Ejército del Reino de Chile, que se creó en el 1603 al mando de Alonzo de Ribera.

Pues eso, a ver si entre todos desasnamos un poco a algunos obtusos del gobierno y logramos que se percaten de la ridiculez de los disfraces ‘terciarios' que marcharon por nuestras calles en los desfiles patrios. Por mi parte no salgo de mi asombro. A no ser que lo hayan hecho para darle la razón al ‘Aullido de Loba' del domingo pasado acerca de las contradicciones. A ver, bonitos, ¿despotricamos contra los españoles el 12 de octubre pero nos vestimos de Tercios el 3 de noviembre para honrar a la patria libre y soberana? ¿O será que la ignorancia rampante que impera en este país es lo que nos permite hacer estupideces de ese tamaño? Y a propósito, los que se disfrazaron, ¿se sabrán y entenderán el himno de los Tercios? Lo dudo.

COLUMNISTA

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