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- 13/06/2009 02:00
EE. uu. Han pasado más de cuatro décadas desde que viajara la primera mujer al espacio. Hoy sábado lo hará una representante de esa nueva generación femenina que ha aprendido a ponerse metas altas, entendiendo que el cielo es el límite.
En EEUU la carrera espacial ha brindado la oportunidad a otras intrépidas damiselas e incluso les ha puesto al mando de dos naves: el trasbordador estadounidense Discovery y la Estación Espacial Internacional (ISS). Ejemplo que siguieron otras naciones como Canadá, donde Julie Payette, a no ser por el uniforme, pasa como una madre de familia común y corriente.
Con esa apariencia sencilla, la rubia de 46 años, tiene ya un lugar en la historia, aunque ella le reste importancia. Así como lo tiene Roberta Bondar médico en neurofisiología, la primera mujer astronauta canadiense en ir al espacio.
A esta mujer, esposa y madre de dos hijos, le encanta esquiar, trotar, bucear y tocar el piano. Graduada con honores, es además una piloto experimentada, cuenta con 14 títulos honoríficos y es una atleta consumada. Cualidades que hablan de su adaptación, factor importante para quienes tienen que aprender a vivir en una cápsula espacial, en condiciones adversas y de límite.
En casa tiene dos pianos, pero fuera de ella maneja con destreza la más complicadas tecnologías. El factor equilibrante en su existencia son las artes. Con lo que valida estudios que dicen que éstas tienen un efecto positivo en el rendimiento escolar. Para ella el placer que le brinda lo artístico le alivia el estrés. Por eso escucha música en casa, en el trabajo y en el espacio. "En la estación espacial sin familia, sin aire y sin alimentos frescos, la música es una liberación, sin la que no podría hacer mi labor".
A sus funciones como astronauta se suma la de motivadora. Julie forma parte de un programa que favorece el aprendizaje en las escuelas y en un año puede hacer hasta 50 presentaciones para inspirar a otros a convertirse en seres humanos plenamente realizados. Ella es un ejemplo de eso, producto de su dedicación a la nada fácil tarea de vivir y trabajar en el espacio y, por supuesto, de ser mujer.