La 39 Reunión de Gobernadores del Istmo Centroamericano, Panamá y la República Dominicana del Grupo Banco Interamericano de Desarrollo (Grupo BID) arrancó...
- 07/08/2014 02:00
Cinco bebés acaban de llegar a Observación del hospital Nicolás Solano de La Chorrera. En las caras de las mujeres se ve de todo un poco. Algunas muy niñas, pero ya experimentadas en la labor de ser madres, otras sí se estrenan en esa responsabilidad. Una vez entró la última de esa camada matutina, sale al paso una enfermera y dice: ‘Aquí se vino a parir y a dar teta’. La señora vestida de blanco no miente. En una sala de maternidad de cualquier hospital (de ricos o de pobres) eso es lo que se hace.
Las féminas, aunque sabían que eso era lo que debían ejecutar, no dejaban de mostrar cierta inseguridad en sus rostros. Los bebés, con sus caritas de nuevos habitantes de este mundo, estaban prestos a aprender lo necesario para su existencia: lo primordial es aprender a comer.
Los ángeles blancos insistieron en la alimentación de los neonatos. Los pezones entraron en las pequeñas boquitas que parecían inofensivas. Puede ser que la fuerza de succión de los bebés no era tan débil como lo proyecta su inocencia o que las madres son un poco dramáticas. En fin, ya estaban todos en lo que corresponde: dar alimento y comer.
‘Ya tomaron agua’, pregunta una de las señoras de gorro blanco. Con jarra en mano pasa de cama en cama llenando los vasos de sus inquilinas. ‘Si no toman agua no producirán suficiente leche’, sentencia la mujer.
No faltó alguna madre que por más que intentaba no lograba saciar el hambre de su retoño. ‘No me sale nada’, dice una de las chicas. Sin pedir permiso la especialista en recién nacidos le saca el seno y lo pone entre sus manos. Le da masajes circulares y se lo estruja un poco. Hace lo mismo con ambas mamas.
—‘Tienes que estimularlos, la misma succión del bebé hará que se aumente la producción de la leche’, aconseja la dama.
—¿Puedo pedir que me traigan fórmula?, pregunta la madre.
—‘Pégatelo, te va a salir, ¡ah!, y toma agua’, sostiene la enfermera.
La implacable sentencia de la experta tiene sentido. Un biberón lleno de fórmula infantil no le dará al neonato la calma y el calor que exige en sus primeras horas fuera de la bolsa. Ese líquido sustituto no será igual al amarillento que producen las glándulas mamarias durante los tres primeros días después del parto. En ese periodo la madre produce el calostro, sustancia que protege al bebé contra infecciones, le proporciona vitamina A y le otorga inmunidad a su sistema.
Esa es la razón por la que hasta hoy, 170 países se unieron para celebrar la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Destinada a fomentar la lactancia natural, y a mejorar la salud de los bebés de todo el mundo, según lo explica la Organización Mundial de la Salud (OMS).