El colosal cuerpo de una ballena, un depósito de dióxido de carbono

Un estudio reciente del Fondo Monetario Internacional establece que los grandes cetáceos, además de ser inteligentes, acumulan en sus cuerpos grandes cantidades de dióxido de carbono (C02), principal causante del calentamiento global

Las ballenas podrían compararse con grandes extensiones de bosques que acumulan importantes cantidades de dióxido de carbono (C02), que permiten disminuir los impactos del calentamiento.

Un estudio publicado del Fondo Monetario Internacional (FMI) establece que los grandes cetáceos pueden vivir dos centenares de años acumulando dióxido de carbono en su cuerpo. Una ballena puede capturar 33 toneladas de carbono y cuando muere y se hunde en el oceáno se lleva consigo el C02.

“Cuando se trata de salvar el planeta, una ballena equivale a mil árboles”, señala el documento de un grupo de economistas liderado por Ralph Chami, director adjunto del Instituto de Desarrollo de Capacidades del FMI.

“El potencial de captura de carbono de las ballenas es realmente sorprendente”, dicen los autores del informe. Y, la conservación de las especies, consideradas las criaturas más grandes e inteligentes del océano, tendría importantes beneficios económicos. “Nuestras estimaciones conservadoras ponen el valor de una gran ballena promedio, en función de sus diversas actividades, en más de $ 2 millones, y de la actual población de grandes ballenas en más de $ 1 billón”, explican los autores del estudio.

Los enormes cetáceos capturan alrededor de 37 mil millones de toneladas de dióxido de carbono, cuatro veces más que los bosques amazónicos, según datos colectados por la Organización de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Las ballenas, además, cumplen otra importante función en los océanos. Ellas facilitan nutrientes a los océanos. Dondequiera que se encuentren las ballenas, también habrá fitoplancton, que producen al menos el 50% de todo el oxígeno de la atmósfera y, que además capturan el 40% de todo el dióxido de carbono que se produce.

La observación de los cetáceos es un atractivo turístico.

Las heces de los grandes cetáceos de los océanos también tienen un efecto multiplicador sobre el fitoplancton porque contienen hierro y nitrógeno, elementos que necesitan estas pequeñas criaturas para crecer, es decir, que entre más ballenas, más oxígeno.

“Los hallazgos del informe del Fondo Monetario Internacional muestran claramente las sorprendentes conexiones entre algunos de los organismos más pequeños y más grandes de nuestro planeta, y la importancia de comprender sus relaciones complejas, no solo por su valor intrínseco, sino por su rol vital para los humanos”, dijo Doreen Robinson, experta en vida silvestre del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Las poblaciones de ballenas son ahora solo una pequeña porción de lo que alguna vez fueron. Los biólogos estiman que hay un poco más de 1.3 millones de ejemplares en el océano, una cuarta parte de lo que solía haber antes del auge de la caza de las especies. Antes se estima que la población de los cetáceos era de 4 a 5 millones.

Las poblaciones de algunas especies en particular, como la ballena azul, se han reducido hasta el 3%. Además, de la cacería de las ballenas, los choques con grandes buques, el estrangulamiento con redes pesqueras, comer plásticos en el mar y el ruido, son riesgos que atentan contra las especies.

Para preservar y proteger a estas grandiosas especies, debemos reducir los peligros que enfrentan. Una de las fórmulas que se plantea para proteger a las ballenas es a través del modelo del programa ONU-REDD para proteger los bosques.

Esta iniciativa otorga incentivos a los países para preservar sus bosques como una forma de mantener el dióxido de carbono fuera de la atmósfera considerando que la deforestación es responsable de 17% de las emisiones de carbono actuales.

“De manera similar, podemos crear mecanismos financieros para promover la restauración de las poblaciones de ballenas del mundo”, dijeron los autores del informe. “Los incentivos en forma de subsidios u otras compensaciones podrían ayudar a quienes incurran en costos significativos como resultado de la protección de las ballenas. Por ejemplo, las compañías navieras podrían ser compensadas por el costo de cambiar sus rutas para reducir el riesgo de colisiones”, sugieren los expertos.

Con efectos del cambio climático cada vez más intensos y frecuentes, debemos tomar medidas urgentes para prevenir o revertir el daño a las poblaciones de ballenas. Los investigadores estiman que, a menos que se presenten nuevos métodos de conservación, tomaría más de 30 años duplicar el número de ballenas actuales. “La sociedad y nuestra propia supervivencia no pueden darse el lujo de esperar tanto tiempo”, dijeron los autores.

La conservación de los grandes cetáceos se percibe desde este momento como una nueva estrategia para luchar contra el cambio climático, que amenaza la vida sobre la Tierra.

Termina la temporada de avistamiento
Ballenas

La época de avistamiento de ballenas está por concluir este año. Entre julio y octubre, las costas panameñas se convierten en hogares temporales de las ballenas jorobadas.

Los cetáceos llegan a estas aguas por ser cálidas y las convierten en el sitio perfecto para que las madres y sus crías estén libres de los depredadores. Pero, los saltos y zambullidos de los grandes cetáceos se han convertido en un atractivo turístico. Pedasí y Taboga, los mejores escenarios para ver ballenas.

Los grandes mamíferos marinas recorren más de 6 mil kilómetros desde los polos hasta el litoral pacífico panameño para aparearse, parir y alimentar a sus ballenatos. Aquí permanecen durante su lactancia hasta que se cumplan los dos meses del nacimiento de la cría.

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