1934, la política entra al campo de juego
- 18/02/2026 00:00
Italia será designada la sede del segundo torneo, Benito Mussolini acompañará la competición antes, durante y después del campeonato
La Copa Mundial va a cumplir el anhelo de Italia de acogerla, serán los anfitriones en 1934 por el mandato del Congreso de la FIFA reunido en octubre de 1932, ganándole el pulso a Suecia el contendor en la candidatura.
Aspiraban a organizar el primer torneo y al concedérselo a Uruguay desistieron de participar en 1930. Ahora la selección charrúa, actual campeona, les va a devolver ‘la gentileza’ negándose a participar y a defender la corona.
Detrás de toda la gestión para que se les otorgue está Benito Mussolini, ‘il Duce’, el dictador italiano en el poder desde 1922 y máximo dirigente del Partido Nacional Fascista. Conoce el poder de convocatoria popular que tiene un deporte al que ellos llaman ‘Calcio’, desea que se le asocie sus éxitos tanto con su figura como con su doctrina política.
Ha dado el primer paso obteniendo la sede del mundial, ahora se aboca por el segundo y más importante: ganar la Copa. Al general Giorgio Vaccaro a quien ha nombrado presidente de la Federación Italiana de Fútbol y miembro del Comité Olímpico, la directriz no le puede ser más clara. Mussolini le dice, “No sé cómo hará, pero Italia debe ganar este campeonato “. Vaccaro tratando de ser prudente le responde, “Haremos todo lo posible”. Mussolini no admite ambivalencias: “No me ha comprendido bien, general...Italia debe ganar este Mundial. Es una orden”.
Guarda para sí un deseo interior: que la final la disputen contra Alemania para compartir el palco principal junto a su admirado Adolfo Hitler. El Führer tiene sus aspiraciones centradas en otra competición global, los Juegos Olímpicos Berlín 1936 donde planea demostrar al mundo la superioridad deportiva de la raza aria.
La Copa queda convocada para realizarse del 27 de mayo al 10 de junio, en ocho ciudades. Ante la gran cantidad de solicitudes para participar hacen una ronda clasificatoria previa atípica, en la que incluso incluyen a Italia que enfrentará a Grecia a la que vence 4-0 en casa, pero que para el partido de vuelta en Atenas los griegos desisten. También se jugará un Estados Unidos contra México, en Roma, tres días antes del inicio del torneo, en el que los estadunidenses superarán 4-2 a los mexicanos, eliminándolos de la participación del Mundial.
Las 16 selecciones nacionales participantes serán Argentina, Alemania, Austria, Bélgica, Brasil, Egipto, España, Estados Unidos, Francia, Holanda, Hungría, Italia, Rumanía, Suecia, Suiza y Checoslovaquia. A diferencia del mundial uruguayo que se jugó por grupos en la primera fase, el formato por el que se optó fue el llamado de copa, eliminación directa: ganabas continuabas, si perdías a casa. Es decir, se iniciaba ya en octavos de final.
Por ello mientras a los seleccionados europeos que participaron en el mundial uruguayo pionero, cuatro años antes, en el formato con primera fase de grupos les correspondió disputar tres encuentros, tras una travesía en barco de tres semanas, a los dos representantes suramericanos, Argentina y Brasil, que hicieron igual travesía hacia Europa, su esfuerzo solo tuvo de recompensa un solo partido. Argentina cayó 3-2 ante Suecia y emprendió su regreso; Brasil perdió 3-1 con España y tomó el mismo camino de vuelta.
Dado que ganar a como diera lugar era la consigna, los historiadores apuntan que Mussolini supervisó la designación de los árbitros para los partidos que les correspondían. Anterior a ello apelaron a un argumento novedoso para reforzar a la Squadra Azzurra: la selección no debía estar formada solo por jugadores italianos sino también por los llamados oriundi, los descendientes de italianos. Incorporaron nacionalizando a cinco jugadores, cuatro argentinos: Raimundo Orsi, Enrique Guaita, Atilio Demaría, Luis Monti, y un brasileño Anfilogino Guarisi. Orsi había sido internacional con Argentina en doce ocasiones, Guaita cuatro, y Luis Monti había jugado con Argentina la final ante Uruguay de 1930.
En la dirección técnica mantuvieron a Vittorio Pozzo, un entrenador autoritario y un estratega reconocido, que estaba en su cuarto periodo con la selección. En una época en la que los equipos solían jugar con un sistema ofensivo 2-3-5, Pozzo se inclinó por darle a Italia una mayor solidez defensiva y una alta preparación física.
En su primer encuentro Italia venció 7-1 a Estados Unidos y avanzó a los cuartos de final, fue el partido en el que más goles anotó. En los tres juegos siguientes marcó cinco goles, un promedio bajo en una época en la que se solían anotar muchos goles. En cuartos de final enfrentaría a España que tenía una generación talentosa en la que sobresalía su portero Ricardo Zamora, considerado el mejor guardameta del mundo.
El partido quedará marcado por la rudeza y el polémico arbitraje del suizo René Mercet. España se irá arriba en el marcador 1-0 con gol de Regueiro y Ferrari igualaría 1-1 para los italianos al borde del descanso del primer tiempo, en una jugada que se consideró una falta clara sobre Zamora. El resultado final mantendrá el marcador el 1-1.
El partido de desempate se jugará al día siguiente. Italia no podrá contar con cuatro jugadores. A España le faltarán siete lesionados del día anterior, entre ellos el portero Zamora a quien le fracturaron las costillas. Los italianos ganan 1-0 con un gol de Giuseppe Meazza, quien se convertirá en la figura italiana del torneo. “Tenerlo en el equipo fue como empezar con ventaja de 1-0”, dirá posteriormente Pozzo. A España se le anularían dos goles por fuera de lugar, uno de ellos se consideraría un error craso del juez. El árbitro Mercet será posteriormente expulsado del arbitraje por la Federación Suiza y sancionado por la FIFA.
En semifinales Italia encarará a Austria y su llamado Wunderteem con su estrella Matthias Sindelar, apodado ‘El Mozart del fútbol’. La Azzurra se impone 1-0 en un encuentro en el que Monti anula a Sindelar. Posicionados en la final se tendrán que enfrentar a Checoslovaquia, que ha eliminado a Alemania 3-1 en la otra semifinal, evaporando el deseo de una cita Mussolini-Hitler. Por primera vez previo a la final, se celebrará un partido por el tercer lugar que se adjudicará Alemania al derrotar a 3-2 a Austria.
El 10 de junio de 1934 en Roma, en el Estadio Nazionale PNF, el estadio del partido fascista, con Benito Mussolini en la tribuna principal, se da inicio al Italia-Checoslovaquia por el título. Previendo que de pronto se pueda torcer el resultado esperado, Mussolini ha ordenado la fabricación del trofeo la Copa del Duce que se le deberá entregar a la selección italiana.
El partido se presenta muy parejo en la primera parte con algunos pasajes de mejor futbol checo, aunque se mantiene 0-0. En el segundo período Antonin Puc anota para Checoslovaquia a los 71 minutos; cuando ya empieza a cundir la angustia en la afición italiana, lo empatará Raimundo Orsi a los 81. Con el resultado 1-1 tras los 90 minutos, se irían a la prórroga, en ella Angelo Shiavio convertirá el gol para el triunfo Azzurra 2-1. El objetivo ha sido alcanzado: Italia está de fiesta, Mussolini rebosante. El equipo recibirá la Copa Jules Rimet que lo acredita como campeón y la Copa del Duce. Afuera de Italia el consenso es unánime y amargo: fue un campeonato donde ha estado ausente el juego limpio.