Brasil, de carnaval a duelo nacional
- 04/03/2026 00:00
Pasaron 12 años para que el mundial de fútbol se retomara, la convocatoria volvía a tener de sede un país americano y recaía ahora sobre Brasil. Cinco años atrás, el 2 de septiembre de 1945, había terminado la Segunda Guerra Mundial con la capitulación de Japón, dejando unas horrorosas secuelas y dando paso a un periodo de tensión geopolítica al que se le denominó la “Guerra Fría”.
Antes de iniciarse el torneo, la dirigencia italiana entregaba a los brasileños el Trofeo Jules Rimet, el cual estaba en posesión de Italia al haberlo ganado consecutivamente en 1934 y 1938. El trofeo se había salvado durante la guerra porque Ottorino Barassi, presidente de la Federación Italiana de Fútbol, lo había resguardado escondiéndolo dentro de una caja de zapatos debajo de su cama, según había expresado.Italia iba a la Copa como defensor del título, sin embargo, no entraba en ninguna quiniela porque una de sus generaciones de futbolistas más destacadas, que era la base de la selección y jugaban en el Torino AC, había muerto un año antes, el 4 de mayo de 1949, al estrellarse el avión en el que regresaban contra la Basílica de Superga en Turín, tras disputar un partido amistoso en Portugal; se conoce históricamente como la tragedia de Superga.
Argentina se negó a asistir al no corresponderles la sede; a Alemania se le vetó su participación como reprimenda por considerársele la nación que provocó la guerra; Turquía y Escocia se retiraron antes del sorteo; India y Francia lo hicieron después del sorteo.
Concebida como una competición que iba a contar con 16 equipos divididos en cuatro grupos de cuatro, se terminó contando con solo 13 selecciones: 6 europeos y 7 americanos. Se optó por una distribución muy suigéneris: dos grupos de cuatro, en el Grupo 1, Brasil, Yugoslavia, Suiza y México; en el Grupo 2, España, Inglaterra, quien asistía por primera vez, Chile y Estados Unidos; un grupo de tres, el Grupo 3, con Suecia, Italia y Paraguay; y un grupo de dos, el Grupo 4, que incluía a Uruguay y Bolivia. Clasificaban los primeros de cada grupo, los uruguayos solo tenían que derrotar a los bolivianos y avanzaban. La fase final era una liguilla con los cuatro clasificados jugando todos contra todos, el título lo obtenía el que hiciera más puntos. Técnicamente no había un partido final.
Los argumentos que favorecieron a Brasil para obtener la sede fueron su buena actuación en 1938 y la prometida construcción de un mega estadio: El Estadio Municipal, ubicado en el barrio de Maracaná, Río de Janeiro. El estadio más grande del mundo en su época con capacidad para más de 100.000 espectadores.
Programada para disputarse del 24 de junio al 16 de julio, la Copa arrancó con Brasil de súper favorito. En el duelo inaugural Brasil-México, Ademir de Menezes marcaría el primer gol a los 30 minutos en la victoria 4-0 sobre los mexicanos. Con este triunfo, la euforia comenzó a crecer, deteniéndose tras el empate 2-2 con Suiza, para volverse a empinar con la victoria 2-0 frente Yugoslavia que les dio la clasificación a la fase final.
España comenzó su andar enfrentando a Estados Unidos, sufrió angustiosamente al estar abajo en el marcador 0-1, al que pudo darle vuelta en los diez minutos finales para imponerse 3-1. Le ganó 2-0 a Chile y se clasificó con un cerrado triunfo 1-0 ante Inglaterra. Suecia se hizo con el tercer cupo al derrotar a Italia 3-2 y empatar con Paraguay 2-2. Uruguay completó el cuarteto propinándole un 8-0 a Bolivia.
La liguilla final inició el 9 de julio con Brasil arrollando a Suecia 7-1, impulsando el ambiente de fiesta callejera con el primer lugar de la Tabla de Posiciones al igualarse 2-2 el España-Uruguay. Siguió subiendo de tono con aires de carnaval por el triunfo holgado 6-1 sobre España, sin embargo, Uruguay trabajando a pulso se metió sigilosamente en la pelea derrotando a Suecia 3-2.
Por coincidencia, el cierre de la liguilla en simultáneo entre Suecia- España y Brasil-Uruguay, se encontró con que este último encuentro se convertía en una final al citar al primero y al segundo en la tabla, debido a que el resultado de lo que aconteciera entre suecos y españoles no incidiría en determinar el campeón. Los brasileños arribarían con la ventaja de solo necesitar el empate para ser campeones al contar con 4 puntos, frente a Uruguay que acumulaba tres puntos llegando urgido de una victoria.
El 16 de julio en el Estadio Municipal, pero popularmente llamado Estadio Maracaná, con el arbitraje del inglés George Reader, el referí más longevo en dirigir una final (53 años), acompañado de su compatriota Arthur Ellis y el escocés George Mitchell como asistentes, el duelo iba a comenzar con las apuestas 10 a 1 a favor de Brasil en un entorno mediático desbordado en el que algunos diarios locales se habían anticipado festejando a Brasil como campeón. En las tribunas, Jules Rimet, el presidente de la FIFA, entusiasmado con el éxito del mundial y encargado de entregar el trofeo que llevaba su nombre.
Brasil presentaba en sus filas a Ademir de Menezes, el goleador del torneo con 8 goles, y en la portería a Moacir Barbosa, considerado el mejor portero brasileño y el menos vencido del mundial con 4 goles, en un torneo que ya era en ese momento, con 20 partidos celebrados, el más ofensivo de la historia con 81 goles, a la espera de sumarle las anotaciones que se dieran en los dos partidos de cierre.
Uruguay no tenía los pronósticos a su favor, sin embargo, a diferencia de Brasil, estaba curtido con la experiencia de disputar finales y ganarlas: dos medallas de oro olímpicas, la de París 1924 y la de Ámsterdam 1928, más la Copa del Mundo de 1930, eran prueba irrefutable. Tres jugadores sobresalían en la denominada garra charrúa: el portero Roque Gastón Máspoli; el mediocampista y capitán, Obdulio Varela; y el goleador Juan Alberto Schiaffino.
Correspondiendo a la lógica de su estilo de juego, los brasileños se fueron al ataque aupados con el bullicio provocado por los 170.000 aficionados registrados, se afirma que habían extraoficialmente 200.000. El primer tiempo concluyó 0-0. Al inicio de la segunda parte los brasileños golpearon rápidamente con un gol de Friaca a los 47 minutos. El 1-0 puso en ebullición la tribuna.
Varela tomó el balón del fondo de la portería uruguaya, se fue pausadamente al centro del campo a reclamarle al árbitro inglés Reader un fuera de lugar existente en la anotación brasileña, la discusión requirió de un traductor, logrando su propósito: detener el partido, bajar los decibelios de la algarabía en la tribuna que se desesperó silbándole, y aprovechó para arengar a sus compañeros “la tribuna no juega”.
El juego se reanuda, los uruguayos no se intimidan consiguiendo el 1-1 a los 66 minutos, el empate haría campeón a Brasil, aunque su fútbol no entiende sino de ir siempre al frente. Varela en Uruguay grita, ordena, pide la pelota. Se cuenta que Jules Rimet bajó de la tribuna para adentrarse a recorrer los largos túneles que le llevarán al campo de juego para entregar el trofeo.
A los 79 minutos un balón centrado le llega a Alcides Ghiggia. Barbosa busca cubrir el segundo palo, Ghiggia envía el balón al primer palo y anota, 2-1 arriba Uruguay. A Brasil le devorará la angustia en los minutos finales. Cuando Rimet sale del túnel al campo convencido que Brasil se ha adjudicado el campeonato y se encuentra con sepulcral silencio que no comprende, Uruguay es el campeón.
‘Un Maracanazo’ se convertirá desde entonces en una alusión para referirse a un resultado en el que el menos favorecido se queda con la victoria. A Barbosa, el portero brasileño, se le culpará indeleblemente de la derrota, recibirá una humillación pública en 1994 durante el mundial en Estados Unidos; Mário Zagallo, asistente técnico del entrenador Carlos Alberto Parreira, le prohibirá ingresar a la concentración como comentarista de la televisión al considerarle que traía mala suerte. Barbosa dejará una frase lapidaria: “En Brasil la pena mayor por un crimen es de treinta años de cárcel. Hace 43 años yo pagó por un crimen que no cometí”. Morirá el 7 de abril del 2000.
Brasil vivirá la derrota como una tragedia nacional, dejará posteriormente de usar el uniforme blanco como indumentaria y optará por la camiseta amarilla con una pequeña franja verde y pantalón azul. El blanco lo dejará para las medias. La afición en el Estadio Maracaná reconocerá a Uruguay aplaudiéndoles en su vuelta olímpica tras su justa victoria.