En Francia, Italia se impone con convicción
- 25/02/2026 00:00
Tercera entrega de la historia de los mundiales. Está semana abordamos el camino recorrido en 1938 que tuvo de anfitrión al país galo
El hacer realidad un torneo que tras dos versiones había logrado trascendencia, atrayendo cobertura mediática y popularidad con asistencias cada vez más numerosas llevó a Jules Rimet, presidente de la FIFA y principal impulsor del mundial, a considerar que era el momento que, a Francia, su país de nacimiento, le correspondiera organizarlo.
Como era de esperarse obtuvo el apoyo por el voto de las federaciones que le concedieron la sede el 13 de agosto de 1936, una decisión que no gustó a Argentina quien había propuesto su candidatura amparada en el criterio de alternancia, una para Europa y la siguiente para América; dado que Italia había organizado la última, ellos tendrían que ser la elección lógica. Al romperse este criterio, los argentinos decidieron no asistir. Se le sumaron al boicot varias selecciones del continente entre ellas Uruguay, Estados Unidos, México y Colombia. Asistirán por el continente Brasil, Cuba y las Indias Orientales Neerlandesas (hoy Surinam).
La Copa Mundo 1938 se va a disputar del 4 al 19 junio, un día antes de que comience el torneo en el Congreso de la FIFA celebrado en Paris, el fútbol panameño va a recibir una halagadora noticia. La Estrella de Panamá la recogerá en su sección de deportes con este titular: Panamá, Venezuela, El Salvador aceptados por la FIFA”; el balompié del istmo da un paso adelante con el reconocimiento de la Federación Nacional de Football Association de Panamá, hoy Federación Panameña de Fútbol, un año después de haberse fundado (1937).
El ambiente pre Mundial creció entre los franceses impulsado con la expectativa de que al ser la sede tendrían ventaja para ganarlo, los dos países que lo habían organizado antes Uruguay e Italia se habían alzado con el título demostrando que la localía era un factor influyente, pero empezó a enrarecerse por la situación política mundial.
España no participará al estar involucrada en una cruenta guerra civil. Tres meses antes de comenzar Alemania se anexa a Austria, que estaba ya clasificada y se apreciaba como una de las favoritas por su celebre generación llamada el Wunderteam: los alemanes absorben a sus principales jugadores para la selección germana. El torneo pasa de tener 16 participantes a contar con 15.
Será la primera versión que determina que están clasificados de antemano tanto el país sede como la selección campeona. Italia que era el campeón defensor representaba a una nación belicosa, asociada por su doctrina fascista con el nazismo. 9 ciudades y 10 estadios recibieron el campeonato en un formato de eliminación directa. Se iniciaba en octavos de final. Si un partido terminaba en empate se jugaba una prórroga, si tampoco en ella había definición se apelaba a un partido de desempate.
El primer batacazo lo da Suiza al empatar 1-1 con la favorita Alemania, manteniendo el resultado en la prórroga. El encuentro de desempate lo afrontarían cinco días después y ganarían los suizos 4-2. Adiós Alemania, no les había servido incluir a unos jugadores austriacos resentido políticamente. Suecia enfrentaría en cuartos a Hungría que venía de golear 6-0 a la débil Indias Orientales Neerlandesas (Surinam). Los húngaros avanzarían a las semifinales al imponerse 2-0 a los suizos.
Francia vencería 3-1 a Bélgica provocando euforia entre la afición gala hacia los cuartos de final donde esperaba Italia. Los italianos avanzaron con dificultad derrotando a Noruega 2-1 en la prórroga. Lo cual puesto en la lupa con el hecho de que habían ganado el título de 1934 con ayudas arbitrales les hacía aparecer con menos opciones. Sin embargo, Vittorio Pozo, el entrenador italiano, había renovado significativamente el plantel dejando solo tres jugadores del equipo anterior, entre ellos a Giuseppe Meazza. Eliminarían a Francia 3-1 con dos goles de su nueva figura, Silvio Piola.
En otra llave Brasil apeaba del camino a Polonia apelando a la prórroga para derrotarles 6-5 tras empatar en el tiempo reglamentario 4-4. Su perla Leónidas da Silva convertiría tres goles. En cuartos de final chocarían con Checoslovaquia, empatarían 1-1 en un partido violento que se conocería como la “Batalla de Burdeos”; el gol brasileño lo anotaría Leónidas. El encuentro de desempate sería para Brasil con victoria 2-1.
La sorpresa mayúscula la pondría Cuba tras empatar 3-3 con Rumania, vencerían en el partido de desempate 2-1. Les correspondería verse con Suecia en cuartos de final, los suecos llegarían descansados debido a que no tuvieron que jugar porque en el calendario les correspondía como rival Austria, que no estaba presente en la competición. Suecia golearía 8-0 a Cuba.
Para el 16 de junio las semifinales convocaron a Italia contra Brasil en el Stade Vélodrome de Marsella, y Hungría ante Suecia en el Parque de los Príncipes, en París. Italianos y brasileños abrirán la jornada, Pozzo saldrá al terreno con su equipo estelar. Ademar Pimenta, el entrenador de Brasil va a desconcertar tomando una decisión que sigue alimentando la polémica, prescindirá de los titulares Tim, Brandão y sobre todo a Leónidas da Silva, el goleador del torneo y estrella del equipo. Se esperaba el duelo de estrellas Leónidas-Meazza que no se había podido dar en 1934 por haber eliminado los españoles a los brasileños.
La tesis más difundida sustenta que Pimenta estaba convencido que derrotarían a los italianos: decidió reservarlo para una final que daba como un hecho. La segunda argumenta que, tras el partido de desempate ante Checoslovaquia, Leónidas quedó lesionado, pero esta versión choca con la presencia del capitán brasileño, tres días después, en el partido por el tercer puesto que ganaría Brasil frente a Suecia 4-2 con dos goles de Leónidas.
Los italianos dieron muestras de solidez defensiva controlando el disminuido juego ofensivo brasileño. Estuvieron arriba en el marcador 2-0, con anotaciones de Colaussi y Meazza, hasta el minuto 87 cuando Romeu anotó para Brasil recortando para el 2-1, sin embargo, la reacción llegó demasiado tarde. Italia se impuso. Los brasileños protestarían posteriormente ante la FIFA sustentando que el árbitro había favorecido a Italia. En la otra semifinal que se disputó el mismo día, 16 de junio, Hungría superó ampliamente a Suecia con un 5-1 en el marcador.
El 19 de junio de 1938 el estadio Olympique de Colombes, París, recibió el duelo por el título entre Italia y Hungría. Los italianos llegaban como favoritos por la consistencia de su juego defensivo y al haber superado a rivales más complicados de los que les habían correspondido a los húngaros, aunque no gozaban de las simpatías de la afición francesa que no digería la representación política que ostentaban realizando el saludo fascista en los partidos. Anticipándose a una posible sorpresa húngara Benito Mussolini le hizo llegar al equipo un telegrama escueto y claro: “Vincere o morire” (Vencer o morir).
Una Italia ordenada y firme se adelantó en el marcador 1-0 con gol de Colaussi a los 6 minutos, los húngaros les igualaron 1-1 dos minutos después. La azzurra volvió a establecer diferencia a los 16 minutos con una anotación de Silvio Piola para el 2-1, ampliando la diferencia a 3-1 con un segundo gol de Colaussi a los 35 minutos. Hungría no se rendiría y obtendría premio a ello alcanzando el 3-2 a los 70 minutos con anotación de Sárosi. En la búsqueda del empate, Piola contrarrestaría el impulso magiar consiguiendo el definitivo 4-2 para Italia.
Italia retenía el título mostrando su capacidad futbolística bajo la conducción de Vittorio Pozzo, el estratega los había llevado a la conquista del Mundial 1934, los Juegos Olímpicos Berlín 1936 y ahora en Francia 1938. Ningún otro técnico desde entonces ha logrado ganar dos mundiales consecutivamente. Al portero húngaro Antal Szabo le preguntarían al final del partido su opinión sobre el telegrama que le había enviado Mussolini a los italianos diría: “Bueno, me han metido cuatro goles, me he quedado sin la Copa, pero al menos he salvado once vidas”. La Segunda Guerra Mundial está a punto de desencadenarse, la Copa Mundial y el balón se van a detener ante el horror.