Ghana. el espejo para evaluar el presente panameño

En su debut en 2018 la selección perdió contra Bélgica, hoy se espera con ansiedad cambiar el registro en la historia de los mundiales.
El reto del conjunto panameño es demostrar a los ojos del mundo que ha crecido futbolísticamente, un objetivo que ya en la Concacaf es un presente.
  • 17/06/2026 00:00

En 2018 las esperanzas estaban afincadas en que se tuviese una presentación digna, ahora están en confirmar el crecimiento con un resultado positivo

Tras ocho años de espera, el segundo debut mundialista tiene hoy al país con un enorme cúmulo de expectativas que con el correr de las horas, acercando el partido ante Ghana, se puede ir transformando en un estado de inquietud pujando para que inicie pronto el desafío. Si en el 2018 las esperanzas estaban afincadas en que el equipo tuviese una presentación digna, ahora la espera está en confirmar “la certeza colectiva” de que se va a obtener un resultado positivo ante los ghaneses abriendo la posibilidad de avanzar a la siguiente ronda (dieciseisavos).

Una “certeza” apoyada en el rendimiento que el proceso de Christiansen ha arrojado en estos seis años llevando a la selección a disputar la final de la Liga de Naciones de la Concacaf, la final de la Copa Oro, avanzar a los cuartos de final de la Copa América y clasificar al presente mundial mostrando una evolución significativa de su juego.

Todo transformado en un sentimiento nacional que se refleja en los medios de comunicación con el tema futbolístico primando sobre cualquier otro, que en circunstancias anteriores lo desplazaría, pero sobre todo en los tiempos presentes con una avalancha constante de comentarios en las omnipresentes redes sociales, de cuyo impacto no escapan los jugadores, quienes regularmente suelen estar pendientes de los contenidos que se exponen allí.

Da satisfacción escuchar a los jugadores expresando su convencimiento de que van a lograr un resultado positivo ante Ghana, sin embargo, en sus manifestaciones también se ha colado la sensación de un optimismo con visos de mucha confianza que podría ser contraproducente. Hay que tomar esta posición con sumo cuidado, no se trata de no creer que se pueda enfrentar con éxito a Ghana, se trata de no desvalorizar el presente de un rival que está en su quinta participación en una Copa Mundo con antecedentes que bien quisiéramos tener nosotros. La primera vez que asistieron alcanzaron los octavos de final en 2006; estuvieron a punto de meterse en las semifinales en 2010; aunque no pasaron de la fase de grupos en 2014 y el 2022, no dejaron de inquietar a sus oponentes.

Con esta valoración no se trata de infundir miedo sobre el rival, porque desde ese posicionamiento se tendería a mermar psicológicamente al equipo, se trata de no perderle el rastro a la seriedad y el esfuerzo que se va a requerir, remarcando que la selección panameña tiene argumentos futbolísticos para sumar un resultado deseado.

A la Copa Mundial de Fútbol en su trayectoria, incluyendo ya la presente edición que se está disputando en México, Estados Unidos y Canadá, basta con hurgar en su historial para encontrar antecedentes en los que la lógica de los resultados esperados no se correspondió con lo pronosticado. Es saludable tenerlo en cuenta porque el camino que pueden recorrer los aficionados de pasar de la euforia al drama suele ser muy corto. La historia tiene plasmada una célebre frase que se le atribuye a Napoleón: “El triunfo tiene cien padres, la derrota es huérfana”. Podrías apuntalarle que hoy la orfandad de la derrota se refleja en un caudal de opiniones que muchas veces corren como aguas repletas de lodo.

La selección panameña ha sabido hasta el momento eludir los excesos de atención externos, que pudieron afectarlos en su estabilidad en momentos críticos, llegando indemnes a este momento de comunión con el país en la búsqueda de un posicionamiento que supere la primera presentación en 2018.

¿Cómo debe jugarle Panamá a Ghana? Tanto Christiansen por Panamá como en la otra orilla el entrenador de Ghana, el astuto, pragmático y reconocido Carlos Queiroz, lo han evaluado con anticipación porque hoy en día todos los equipos que participan en el campeonato tienen acceso, como nunca, a través de los datos, a cómo juega cada equipo y a las características particulares de sus integrantes.

No suele haber sorpresas en ese sentido, la clave va a residir en la capacidad colectiva de los panameños para ejecutar su plan de juego y, cuando se tope con el planteo defensivo férreo, que se espera haga Queiroz por ser una las características tácticas del entrenador portugués- quien ha dirigido a las selecciones de Portugal, Irán, Sudáfrica, Colombia, Egipto, Catar y Omán- no desesperarse, cuidándose de las jugadas a balón parado y el contraataque veloz de los africanos. Desde lo individual los panameños tienen talento para desequilibrar al rival provocándoles grietas en su defensa.

Las denominadas Estrellas Negras no se clasificaron para la última Copa Africana de Naciones, pero no tuvieron problemas en la eliminatoria hacía el mundial así que, aunque figuren en puestos inferiores (73) a Panamá (34) en el ranking FIFA, los pronósticos le confieren más posibilidades de avanzar en este grupo que a Panamá por su experiencia y por ser protagonistas recurrentes en el fútbol en su continente. Nada de extrañar, pero precisamente allí radica el reto del conjunto panameño que debe demostrar a los ojos del mundo que ha crecido futbolísticamente, un objetivo que ya en la Concacaf es un presente.

Las agrias previsiones del renombrado exjugador sueco Zlatan Ibrahimovic quien expresó sobre el Grupo L: “Tenemos a Panamá. Desafortunadamente, en este grupo, creo que serán el saco de boxeo”, se les debe asumir más que como ofensa como motivación para cambiarle a él y a quienes comparten esa apreciación, la opinión.

En el 2018 durante el bautizo mundialista ante Bélgica, la selección canalera resistió los primeros 45 minutos, en el segundo tiempo fue un 3-0 inapelable. La Estrella de Panamá tituló tras el resultado: “Panamá pagó el precio de novato en Mundiales. Tras un primer tiempo esperanzador, Bélgica impuso su oficio”. Al no ser ya debutantes, estamos ante el momento para demostrar que cambiamos la historia; es posible lograrlo asumiendo con ecuanimidad que la escalada de la montaña será difícil, requiere un esfuerzo máximo y una pizca de suerte.