Los panameños celebran una derrota, Brasil será pentacampeón en el 2002

Ronaldo aprovecha un rebote concedido por el portero Khan para conseguir el primer gol. El desafío entre el goleador y el mejor portero, se decantaría a favor del brasileño. Pasión/ La Estrella de Panamá
Portada del diario El Panamá América del 17 de julio del 2000 resaltando el buen juego de los panameños, más allá del resultado adverso. Hemeroteca Biblioteca Nacional
  • 20/05/2026 00:00

En su séptima eliminatoria, la selección abrirá la segunda ronda frente a México. En el mundial Corea/Japón 2002, Brasil brillará ganando los siete partidos

¿Tiene sentido que una afición salga a celebrar la derrota de su selección en el inicio de una fase eliminatoria? No tiene lógica y así se lo expresaron algunos colegas de la televisión mexicana a René Rizcalla, entonces periodista de RPC Canal 4, quien contaría posteriormente la anécdota, al interrogarle con un “Explícanos”.

Ni para René que no era experto en fútbol era fácil explicarlo, ni para los mexicanos expertos en esta disciplina deportiva entenderlo, pero sucedió el domingo 16 de julio del 2000. La Selección de Panamá iniciaba ese día su participación en la segunda ronda de las eliminatorias de la Concacaf para la Copa Mundial Corea/Japón 2002, enfrentando a México en el Estadio Revolución. El país estaba expectante por el duelo.

Tras haber superado la primera ronda avanzando en su grupo sobre Honduras, que había hecho los mismos puntos (9), con igual diferencia de goles (+5), se vio favorecida por tener mayor número de goles a favor (8) ante los hondureños (7).

La Selección la dirigía Miguel Ángel Mansilla, un exjugador uruguayo que tras su retiro en el fútbol costarricense, había hecho carrera como entrenador en Panamá, ganándose el aprecio y un amplio reconocimiento. Era la tercera vez que estaba al frente de un seleccionado panameño y había señalado que irían por el triunfo. El ataque estaba comandado por los hermanos Dely Valdés, Julio César quien estaba cambiando de equipo en España pasando del Oviedo al Málaga, y Jorge que al momento estaba en la MLS estadounidense con los Rapids de Colorado.

Ante más de 20.000 espectadores, los aztecas buscaron imponer su juego pero un equipo panameño ordenado les cortó regularmente su circuito de juego, creándoles varias posibilidades de gol. Cometieron incluso un claro penal en el que el árbitro estadounidense Brian Hall, sufrió de una repentina miopía. El periodista Jaime Chávez, en la nota que abría la portada del diario Panamá América, al día siguiente, lo dejaba plasmado: “...Hall se comió un claro penal, cuando Julio Dely Valdés fue empujado y víctima de un emparedado entre Rafael Márquez y Claudio Suárez dentro del área grande”.

A los 86’, cuando parecía que un empate sin goles sería el resultado, una desconcentración defensiva permitiría a Miguel Zepeda marcar el 1-0 que favorecería a México. “A pesar de la derrota, nosotros desnudamos muchas cosas al equipo mexicano, y por cosas del fútbol, no pudimos anotar por lo menos dos goles en las oportunidades obtenidas en el primer tiempo”, diría Julio César Dely al concluir el encuentro.

A México se le consideraba el Gigante de la Concacaf y, al ver la afición panameña que se estuvo a punto de lograr un resultado positivo, se tomaron para celebrar tramos de la Calle 50 entusiasmados con el nivel y compromiso del equipo en el campo de juego. De allí las manifestaciones de emotividad que sorprendieron a los periodistas mexicanos.

Sin embargo, el equipo estaba sentido al haber dejado escapar una oportunidad para sumar puntos como local; le restaban solo dos juegos de local. Al domingo siguiente tendrían que imponerse a Canadá, que venía precedido de haber ganado en febrero la Copa Oro de la Concacaf. Fue un 0-0 decepcionante.

Tras el empate, Mansilla renunciaba, la solicitud de parte de la federación para que continuara le hizo desistir, manteniéndose para el tercer encuentro de visitantes ante Trinidad y Tobago, en Puerto España, el cuarto integrante del grupo. Panamá sufriría una dolorosa goleada de 6-0. Mansilla diría al final, “tengo mucha vergüenza”, renunciando a su cargo. En su reemplazo llegaría el panameño Ezequiel Fernández que no levantaría el barco, sumando tres derrotas consecutivas.

Sin embargo, algo se estaba moviendo bajo las capas tectónicas del fútbol nacional: Panamá había ganado la medalla de plata en los Juegos Centroamericanos de 1997 en el fútbol sub-23 y en la misma categoría sub-23, en abril del 2000, había clasificado al preolímpico en Hershey, Estados Unidos.

El pentacampeón de las tres R

Se alcanzaban los 17 campeonatos mundiales rompiéndose la alternancia entre Europa y América. El continente elegido era Asia con una insólita particularidad: se realizaría en dos países, Corea del Sur y Japón. La decisión, hecha pública el 31 de mayo de 1996, en Zúrich, no había sido fácil, antecedida por el pulso entre Joao Havelange, el todo poderoso presidente de la FIFA, que se inclinaba por Japón, y la UEFA que se decantó por apoyar a Corea del Sur.

Fue un reto enorme pues suponía una coordinación entre dos países “irreconciliables” que tenían diferencias históricas, políticas, culturales, y pujando por prevalecer como potencias regionales. El fútbol tendió puentes, fue un éxito. Al mundial, que abría el Siglo XXI, había que acostumbrarse para ver sus 64 partidos en 20 estadios, 10 en cada país, en horas de la madrugada, ante la diferencia horaria. Igualmente, por primera vez, tres selecciones clasificaban automáticamente: las dos anfitrionas, Corea y Japón, y Francia defensora del título.

A Corea del Sur le correspondería el partido inaugural, a Japón la final. Llegaron dos candidatos incuestionables entre los favoritos: Francia campeón mundial y campeón de la Eurocopa 2000, y Argentina que había arrasado en las eliminatorias suramericanas. ¡Ah, favoritos!

El 31 de mayo del 2002, en Seúl, inauguraba el torneo Francia y Senegal; contra pronósticos ganaron 1-0 los senegaleses, un golpe del que los franceses no se recuperarían. Quedaron últimos en el grupo al empatar 0-0 con Uruguay y perder 2-0 ante Dinamarca. Argentina también se iría en la primera fase: ganó su primer partido 2-1 a Nigeria para perder luego con Inglaterra y empatar 1-1 con Suecia, las cuentas finales les quedarían en rojo.

Tanto Japón como Corea del Sur mostrarían enormes progresos futbolísticos. Los japoneses llegarían hasta octavos de final donde caerían 1-0 ante Turquía, la revelación del mundial. Los surcoreanos hasta las semifinales, con algunas decisiones arbitrales controversiales favorables, enfrentarían a Alemania que les eliminaría 1-0.

A la final, en el Estadio Nacional de Yokohama, el 30 de junio, llegarían Brasil y Alemania. Los brasileños habían ganado sus 6 partidos anotando 16 goles y recibiendo 4 goles. Sus tres R: Ronaldo y Rivaldo llegaban imparables y eficaces, 6 y 5 goles respectivamente; Ronaldinho en su esplendor creativo.

Alemania se presentaba con 1 partido empatado y 5 ganados, 14 goles a favor (aunque 8 de ellos se los habían anotado en la fase de grupos a Arabia Saudita) y 1 gol en contra. Sólidos en defensa, con su tradicional despliegue físico, el juego aéreo como virtud ofensiva y un volumen de juego equilibrado, habían ganado sus últimos tres partidos por la mínima diferencia de 1-0. La cartelera promocionaba al goleador Ronaldo Nazário (6 goles), frente a Oliver Khan el mejor portero (1 gol recibido).

El primer tiempo concluyó 0-0, ambas escuadras tuvieron oportunidades sin desbocarse ofensivamente. En el segundo tiempo se rompería la paridad a los 67’, un disparo de Rivaldo acompañado acordemente por Khan le rebotaría en su pecho, y Ronaldo aprovecharía para marcar el 1-0. En el 79’ una jugada de Kleberson hacia Rivaldo, quien engaña dejando pasar el balón hacia Ronaldo, posibilita el segundo gol brasileño. El 2-0 será definitivo. Oliver Khan ganará el Balón de Oro del Mundial y el “Premio Lev Yashin” al mejor portero, le quedará una estela de villano; Ronaldo Nazario será la figura estelar, contribuyendo con 8 goles decisivamente al quinto título de Brasil.