Panamá da un paso y se detiene, Francia manda en casa en el ‘98
- 15/05/2026 00:00
Panamá asumiría su sexta eliminatoria bajo la conducción del técnico César Maturana. El mundial lo ganaría Francia, la anfitriona, ante el rival deseado, Brasil
Las eliminatorias regresaban y el ambiente de acogida en torno a la selección seguía creciendo, la afición no dejaba de ilusionarse de que esta vez se darían mejores resultados, las frustraciones anteriores eran historia pasada.
Al fútbol, en la esfera dirigencial de selecciones, lo regía la llamada Comisión Nacional de Fútbol. Esta se inclinó por contratar para dirigir a la Selección, en los compromisos que le correspondían en la Zona Centroamericana hacia Francia ’98, al entrenador César Maturana, un técnico con poco recorrido en el fútbol colombiano del que procedía, pero llegaba cobijado con la estela de reconocimiento que su hermano, Francisco Maturana, se había labrado conduciendo a una Selección Colombia a la que se elogiaba internacionalmente por su propuesta de juego. Le acompañaba como asistente técnico su paisano, Oscar Aristizábal.
En esta ocasión el calendario estipulaba que el rival era Belice en duelos de ida y vuelta, el vencedor avanzaría a una ronda en la que quedaría asignado a uno de los tres grupos que lo conformaban, dando a los dos primeros lugares de cada grupo el pase a una Hexagonal Final, de la que los tres primeros en la Tabla de Posiciones clasificaban al mundial por la Concacaf. El 2 de junio de 1996, la selección se enfrentó de visitante a Belice, un partido que comenzó perdiendo 1-0 tras el gol del beliceño McCauley a los 28’, dándole vuelta al marcador para imponerse 2-1 con goles de Rubén Guevara y Julio César Dely Valdés.
El 9 de junio, en el ahora Estadio Rommel Fernández, se disputaría el partido de vuelta, los panameños superarían a los beliceños 4-1 con un triplete de Julio César Dely, anotando René Mendieta el cuarto. Al solventar este primer obstáculo Panamá pasó a quedar encuadrada en el grupo B junto a Canadá, El Salvador y Cuba.
Los canadienses lucían como los favoritos para ubicarse de primeros, el segundo lugar se percibía accesible, esa percepción ganó fuerza tras el partido de apertura el 30 de agosto en Edmonton. Aunque Canadá se impuso 3-1, el conjunto panameño mostró pasajes en el juego en los que estuvo a la altura del rival.
Resolver a favor los partidos en casa era la clave, con el factor adicional que los dos partidos que correspondía enfrentar con Cuba tendrían de sede a Ciudad de Panamá, pues los cubanos en ninguno de sus encuentros eliminatorios se ubicarían en la isla. Así que el fervor se multiplicó para el encuentro que seguía de local, frente a Cuba, el 22 de septiembre. En todas las quinielas nacionales serían los primeros tres puntos. No fue así, en un mediodía con el estadio a reventar y una copiosa lluvia de invitada, Cuba ganó 3-1.
El desencanto cundió, sin embargo, las matemáticas decían que aún era posible si se derrotaba a El Salvador en el siguiente partido, nuevamente en casa. El 6 de octubre, Panamá y El Salvador empatarían 1-1, este resultado no quedaría sin consecuencias, dos días después (8 de octubre) el entrenador César Maturana era despedido de su cargo, asumiría para lo que restaba de la eliminatoria su asistente Oscar Aristizábal. Con Aristizábal, en los tres encuentros por cumplir, Panamá empataría 0-0 con Canadá, perdería con El Salvador 3-2 y cerraría derrotando a Cuba 3-1. Seguir trabajando para cambiar la historia se imponía en la agenda.
A la decimosexta edición de la Copa Mundial llegó Brasil ostentando el título e inaugurándola ante Escocia, el 10 de junio de 1998. El triunfo 2-1 ante los escoceses, a los que superaron por un autogol, dejó latente que este Brasil iba a tener una marcha irregular. La base del equipo era la que había conquistado el mundial en USA ’94, pero tenían un equipo con menos solidez defensiva que aquel. Al perder contra Noruega 2-1 en el cierre de su grupo A, se tuvo nota de ello.
Su entrenador, Alberto Parreira, no había llevado para su línea ofensiva a Romario, mantuvo a Bebeto e irrumpía con Ronaldo Nazario como su enorme promesa goleadora y Rivaldo de alternativa. En octavos ante Chile no tuvieron dificultades para superarlos 4-1. En cuartos de final frente a Dinamarca estuvieron en dos ocasiones empatados hasta que Rivaldo lo desequilibró con su gol a los 60’ para la victoria 3-2. Las semifinales contra Países Bajos fueron un 1-1 con prórroga incluida, terminaron ganándoles en la tanda de penales 4-2. Estaban en una nueva final para enfrentar a Francia, la selección anfitriona, que llegaba por primera vez a disputar el título frente al rival anhelado.
Los franceses se mostraron sólidos en la primera fase ganando el grupo C con tres victorias consecutivas. Sin embargo, en el segundo de sus compromisos, contra Arabia Saudita, sería expulsado Zinedine Zidane, una de sus figuras, aunque su participación no había alcanzado un punto de trascendencia notoria. Le darían dos partidos de suspensión.
Francia, bajo la conducción del entrenador Aimé Jacquet, solventaría exitosamente momentos críticos. En octavos de final, sufriría ante una rocosa Paraguay que le llevaría con un 0-0 hasta la prórroga, amenazándole con llegar a la tanda de penales donde su portero José Luis Chilavert se había erigido como un ataja penales implacable en el ámbito internacional. Suspiraron aliviados con 1-0 tras un agónico gol de Blanc a los 114’.
En cuartos de final, contra Italia, no podrían eludir la tanda de penales al mantenerse inamovible el 0-0 en 120 minutos de juego. Ganaron 4-3 a los italianos. En semifinales estarían perdiendo ante Croacia 1-0 tras el gol de Davor Suker, goleador de la Copa- la selección croata fue revelación del torneo; el pánico desatado lo apagó el defensa Marcus Thuram con dos goles impensados, un 2-1 que les permitiría llegar a la final programada para el 12 julio, en el Estadio de Francia, en Saint-Denis.
Yo estaba en París e iba a asistir a la final. En las afueras del estadio, Rubén Pinzón que estaba cubriendo para Panamá los prolegómenos del partido me preguntó, ¿a quién ves ganador? No suelo emitir pronósticos porque el fútbol a menudo es un deporte caprichoso que a un solo partido quiebra sin misericordia los moldes de la lógica. Había seguido minuciosamente el torneo, me atreví y le argumenté mis razones, le dije: Francia. Un amigo me contaría después que cuando me escucharon en un restaurante en el que se encontraban para ver el partido, me reprobaron con una chiflada. Panamá era entonces afectivamente mayoritariamente brasileño.
Una hora antes del juego repartieron a la prensa las alineaciones impresas: no aparecía Ronaldo Nazario entre los titulares. En la interna de Brasil se vivía una situación anómala y critica con el jugador “llamado” a consagrarse ese día. Quince minutos antes del inicio volvieron a repartir las alineaciones, Ronaldo ahora figuraba. Sería una sombra de lo que se esperaba.
Zidane no había sido un factor determinante para que la Francia capitaneada por Didier Deschamps llegará a la final, pero los ‘dioses del fútbol’ le habían separado particularmente ese día para su consagración mundialista. Fue determinante. Apareció con un potente cabezazo a los 27’ para dejar 1-0 adelante a los franceses y consiguió el segundo para el desconcierto brasileño a los 45’+1, cerrando el primer tiempo 2-0.
Brasil intentaría con más voluntad que buen juego darle vuelta al marcador, sería Francia en los pies de Petit quien pondría la cifra definitiva de 3-0 en los minutos de reposición. Francia era campeona por primera vez, el país reconocido por la cultura y los museos se volcaba a las calles a celebrarlo con frenesí porque también en el fútbol estaba en la primera línea de las noticias.