George Bertrand “Bobby” Prescott: el hombre de las muñecas de oro

Desde pequeño llamó la atención por la fuerza que tenía en las muñecas y por la facilidad con la que conectaba batazos de largo alcance. Cedida
Fuera del terreno también era admirado por su humildad. Cedida
En 1954 tuvo una temporada brillante en Clase A, liderando la liga en carreras anotadas. Cedida
  • 18/05/2026 00:00

La historia del béisbol panameño está llena de figuras que abrieron caminos cuando llegar al profesionalismo parecía un sueño casi imposible. Entre esos nombres destaca el de George Bertrand “Bobby” Prescott, un pelotero colonense que, con talento, sacrificio y perseverancia, logró abrirse paso hasta las Grandes Ligas en una época muy distinta a la actual

La historia del béisbol panameño está llena de figuras que abrieron caminos cuando llegar al profesionalismo parecía un sueño casi imposible. Entre esos nombres destaca el de George Bertrand “Bobby” Prescott, un pelotero colonense que, con talento, sacrificio y perseverancia, logró abrirse paso hasta las Grandes Ligas en una época muy distinta a la actual.

Bobby Prescott nació el 27 de marzo de 1931 en la provincia de Colón, una tierra históricamente ligada al béisbol panameño. Creció en Silver City, un barrio humilde donde muchos niños soñaban con convertirse en peloteros profesionales. Como tantos otros en aquella época, comenzó jugando con lo que tenía a mano: una pelota de tenis que le había regalado su padre y un palo de trapeador que utilizaba como bate. Lo que parecía un simple juego de infancia terminaría convirtiéndose en el inicio de una historia extraordinaria.

Desde pequeño llamó la atención por la fuerza que tenía en las muñecas y por la facilidad con la que conectaba batazos de largo alcance. Aquellos tablazos impresionaban a quienes lo veían jugar en los terrenos improvisados de Colón y poco a poco comenzó a ganarse un apodo que lo acompañaría toda su vida: “el hombre de las muñecas de oro”.

Para inicios de la década de 1950, Prescott ya era considerado uno de los mejores bateadores del béisbol nacional. En 1950 logró conquistar la triple corona de bateo en Panamá, una hazaña que lo colocó en el radar de organizaciones profesionales de Estados Unidos. También representó a Panamá en varios torneos internacional.

Aquella actuación terminó abriéndole las puertas del béisbol profesional. Antes del inicio de la temporada de 1952, los Piratas de Pittsburgh decidieron firmarlo, apostando por el enorme potencial ofensivo del colonense. Así comenzó oficialmente su carrera en el sistema organizado del béisbol estadounidense.

Los primeros años en ligas menores estuvieron llenos de sacrificios. Prescott tuvo que adaptarse a un nuevo idioma, largos viajes y un estilo de vida completamente diferente al de su querida provincia de Colón. Aun así, nunca dejó de producir ofensivamente. Año tras año fue demostrando que tenía condiciones para aspirar a jugar en las Grandes Ligas.

En 1954 tuvo una temporada brillante en Clase A, liderando la liga en carreras anotadas. Más allá de las estadísticas, empezó a construir reputación como un bateador de respeto y un jugador extremadamente versátil, capaz de desempeñarse en distintas posiciones del cuadro y los jardines.

El 27 de noviembre de 1955 su carrera tomó otro rumbo cuando fue seleccionado por los New York Giants. Con la organización de los Gigantes continuó acumulando buenos números en las menores y consolidándose como uno de los bateadores más peligrosos del sistema. Durante varias temporadas bateó por encima de .300 y se convirtió en una pieza importante dentro de las sucursales de la franquicia.

A pesar de su rendimiento, las oportunidades en Grandes Ligas tardaban en llegar. Sin embargo, Bobby nunca dejó de trabajar. Su perseverancia finalmente dio frutos en 1961, luego de una extraordinaria temporada con los Hawaii Islanders en Triple-A. Ese año demostró todo su potencial ofensivo conectando cuadrangulares, produciendo carreras y bateando con gran consistencia. Sus actuaciones terminaron llamando la atención de los Kansas City Athletics, organización que decidió adquirirlo.

La noticia representó el momento más importante de su carrera. Después de tantos años luchando en las menores, Bobby Prescott estaba a las puertas de las Grandes Ligas.

Su debut llegó el 17 de junio de 1961 en el Municipal Stadium de Kansas City frente a los Los Angeles de Los Ángeles. Aquella tarde defendió el jardín izquierdo y aunque no pudo conectar imparables, recibió una base por bolas y finalmente cumplió el sueño que había perseguido desde niño en las calles de Silver City.

Detrás de ese esperado debut existía una situación complicada que muchos desconocían. Apenas un día antes había tenido que realizar un agotador viaje desde Hawái hasta Kansas City para incorporarse al equipo grande. El trayecto, de aproximadamente 17 horas, terminó afectándolo físicamente. Años más tarde el propio Prescott reconocería que nunca logró sentirse completamente cómodo durante esos primeros días en las mayores.

También recordaba otro detalle que para él fue importante: no podía adaptarse a los bates del equipo. Bobby tenía un bate favorito al que llamaba “el consentido”, pero lo había dejado en Hawái. Los modelos que utilizaba Kansas City eran demasiado pesados para su gusto y sentía que eso afectaba su manera de batear.

Aun así, logró escribir su nombre en la historia del béisbol panameño. El 27 de junio de 1961 conectó el único hit de su carrera en Grandes Ligas. Entró como bateador emergente en el noveno episodio y le pegó un imparable al lanzador Billy Hoeft de los Orioles de Baltimore. Ese sencillo al jardín izquierdo quedó registrado como el único imparable de su paso por las Grandes Ligas.

Su última aparición en MLB ocurrió pocos días después, el 1 de julio de 1961, frente a los Mellizos de Minnesota. Entró como bateador emergente y terminó ponchándose en lo que sería su despedida del mejor béisbol del mundo.

Luego de su breve paso por Kansas City, regresó nuevamente a ligas menores. Más adelante fue cambiado a la organización de los Dodgers de Los Ángeles, pero nunca volvió a recibir otra oportunidad en las Grandes Ligas. A pesar de ello, continuó siendo un bateador respetado y productivo.

En 1963 decidió continuar su carrera en la Liga Mexicana de Béisbol, donde viviría algunos de sus mejores años ofensivos con el equipo Poza Rica. Allí encontró estabilidad y logró consolidarse. También jugó con Minatitlán y Campeche y en la liga de Invierno con los Tomateros de Culiacán. Permaneció jugando en México hasta 1970, donde dejó números muy destacados.

Fuera del terreno también era admirado por su humildad. Nunca olvidó sus raíces ni el lugar de donde salió. Tras retirarse del béisbol profesional, compartió sus conocimientos con jóvenes peloteros y siguió ligado al deporte que marcó su vida.

En reconocimiento a su trayectoria y a su aporte al béisbol nacional, la Federación Panameña de Béisbol le dedicó el Campeonato Nacional de Béisbol Mayor de 2015. El homenaje sirvió para recordar la importancia histórica de Prescott dentro del béisbol panameño.

Durante sus últimos años vivió junto a su familia en el área de Juan Díaz. Aunque perdió la vista, jamás perdió su pasión por el béisbol. Disfrutaba escuchando transmisiones deportivas y conversando sobre el juego que le permitió recorrer distintos países y cumplir sus sueños.

El 2 de agosto de 2020, Bobby Prescott falleció a los 89 años de edad. Su partida causó tristeza en el béisbol panameño, especialmente entre quienes reconocían en él a una figura histórica y a un verdadero ejemplo de perseverancia.

Aunque sus números en Grandes Ligas fueron muy modestos —10 partidos jugados, promedio de .083, un hit y dos bases por bolas—, el valor de su historia va mucho más allá de las estadísticas. Bobby Prescott perteneció a una generación de peloteros panameños que abrió caminos en el béisbol profesional cuando las oportunidades eran muy limitadas.

La historia de Bobby Prescott sigue siendo una fuente de inspiración. Desde las calles de Silver City hasta las Grandes Ligas, su vida demuestra que el talento, la disciplina y la determinación pueden llevar a cualquier persona a cumplir sus sueños, sin importar las dificultades del camino.