La verdad oculta de la NFL: confirman avance de daño cerebral
- 31/08/2026 00:00
Investigadores hallan encefalopatía traumática crónica en al menos el 25 % de los exfutbolistas de la NFL fallecidos entre 2016 y 2021
Al menos uno de cada cuatro exjugadores de la National Football League (NFL) fallecidos entre los años 2016 y 2021 padecía encefalopatía traumática crónica al momento de su muerte, según un estudio publicado por la revista científica The British Medical Journal.
El informe desarrollado por investigadores de la Universidad de Boston y la Escuela de Medicina de Harvard para evaluar las secuelas neurológicas a largo plazo de los impactos repetitivos en la cabeza durante la práctica del fútbol americano examinó los registros de 1 712 deportistas retirados que murieron entre los años 2008 y 2021, periodo en el cual las familias donaron 338 cerebros para su evaluación en laboratorio.
De esa muestra recibida, la presencia del padecimiento se constató en 315 casos, el equivalente al 93.2 % de los órganos examinados, de acuerdo con los registros de los bancos de cerebros participantes. En el lapso de 2016 a 2021, se registraron 878 decesos de exatletas, de los cuales se analizaron 235 órganos y se detectó la enfermedad en 215 personas. Esta cifra sustenta la tasa mínima del 24.5 % sobre el total de fallecidos en ese quinquenio, según las estimaciones del equipo de investigación liderado por el doctor Daniel Daneshvar.
Para comprender el alcance de estos hallazgos, la ciencia define la encefalopatía traumática crónica como un trastorno neurodegenerativo provocado por la destrucción paulatina del tejido cerebral. Este deterioro surge por la acumulación irregular de la proteína tau, sustancia que en condiciones normales sostiene la estructura de las neuronas, pero que ante agresiones continuas forma ovillos que bloquean el transporte de nutrientes e inducen la muerte celular.
La literatura médica precisa que la patología no requiere conmociones cerebrales graves con pérdida de conocimiento. El daño principal proviene de los impactos subconcusivos, colisiones en la cabeza de menor intensidad que no generan síntomas inmediatos, pero que acumuladas por miles durante la carrera deportiva dañan la masa encefálica.
Una de las dificultades principales asociadas a la afección radica en la limitación diagnóstica, pues la confirmación del padecimiento únicamente se logra post mortem, mediante el estudio histológico del tejido cerebral tras el deceso del individuo.
En la actualidad, los métodos de radiología o pruebas de sangre no permiten identificar la condición en pacientes vivos. Por esta razón, el estudio empleó un modelo estadístico de ajuste para corregir el sesgo de donación, ya que los familiares de atletas de la NFL con síntomas de deterioro cognitivo entregan los órganos con mayor frecuencia. Las manifestaciones clínicas documentadas abarcan fallas en la memoria, desorientación, depresión y alteraciones severas en la conducta.
El origen del hallazgo de esta patología en el fútbol americano profesional data del año 2002, cuando el patólogo Bennet Omalu realizó la autopsia de Mike Webster, excentro del equipo Pittsburgh Steelers fallecido a los 50 años. El exjugador presentó episodios de demencia y alteración del comportamiento antes de su deceso, pese a que la estructura externa del cerebro no exhibía tumores o deformaciones físicas visibles.
El análisis microscópico ejecutado por el doctor Omalu reveló concentraciones anómalas de proteína tau (sustancia natural que abunda en las neuronas) en el tejido, lo que constituyó el primer diagnóstico documentado de la enfermedad en un exjugador e inició el debate científico sobre la materia.
La repercusión de este caso y los desacuerdos entre investigadores independientes y organismos deportivos de la NFL llegaron al cine en 2015 a través de la película Concussion, distribuida en Hispanoamérica como: La verdad oculta. La cinta, dirigida protagonizada por Will Smith en el papel del médico Omalu, retrató el descubrimiento de la afección cerebral y las presiones institucionales registradas antes de la aceptación formal del vínculo entre los impactos continuos y el deterioro neuropatológico.
A raíz de las evidencias publicadas, la organización deportiva modificó reglamentos, restringió los choques casco contra casco e implementó cubiertas protectoras de espuma denominadas Guardian Caps en prácticas y partidos.
Sin embargo, los autores de la investigación señalan que reducir conmociones agudas no elimina el riesgo de daño degenerativo a largo plazo. Esta situación mantiene en debate los protocolos de salud mientras la disciplina expande sus actividades hacia nuevos mercados internacionales.