Argentina se prepara para el salto del cobre
- 28/02/2026 00:00
Con inversiones millonarias, proyectos en fase avanzada y una demanda mundial en expansión, Argentina busca transformar su potencial geológico en producción real y convertirse en un nuevo protagonista del mercado global del cobre
Después de varios años fuera del radar de la gran minería cuprífera, Argentina intenta volver a escena en uno de los mercados más estratégicos del mundo. El cobre —metal clave para la transición energética, la electromovilidad y la inteligencia artificial— aparece hoy como una oportunidad concreta para redefinir el perfil productivo del país.
El informe oficial “Mercado de Cobre: Panorama internacional y perspectivas productivas para Argentina”, elaborado por la Secretaría de Minería del Ministerio de Economía y coordinado por el economista Gabriel Ríos, sostiene que el país está en condiciones de “reinsertarse” en el mercado global tras el cierre del proyecto Bajo Alumbrera en 2018, que marcó el fin de su última gran operación cuprífera. Ahora, el foco está puesto en la producción.
Durante años, distintos gobiernos anunciaron nuevos desarrollos que nunca llegaron a materializarse. Sin embargo, el escenario comienza a cambiar. El informe identifica nueve proyectos de cobre en etapas avanzadas, con inversiones estimadas superiores a $28,000 millones y el ingreso del primero de ellos en operación previsto para 2028. Desde 2023, Martín Bronce permanece como el único proyecto activo, aunque de pequeña escala, lo que evidencia el amplio margen de crecimiento que enfrenta la industria.
El nuevo ciclo productivo estaría liderado por proyectos como Taca-Taca y Los Azules, que proyectan producciones acumuladas superiores a un millón de toneladas métricas, seguidos por Josemaría, El Pachón y MARA, con volúmenes cercanos a las 900 mil toneladas cada uno durante su vida útil. Más de la mitad de estas iniciativas se concentran en la región de Cuyo, principalmente en la provincia de San Juan, mientras que Catamarca y Salta consolidan el desarrollo minero del noroeste argentino, configurando un nuevo corredor cuprífero regional.
Las proyecciones oficiales describen un crecimiento acelerado de la producción. El país comenzaría generando unas 5 mil toneladas de cobre hacia 2028, para luego escalar hasta 1,1 millones de toneladas en 2032 y alcanzar 1,5 millones en 2035, su nivel más alto estimado. Durante los primeros años de la década de 2030, la producción promedio superaría el millón de toneladas anuales, estableciendo un piso productivo que podría mantenerse durante al menos 30 años, incluso sin considerar ampliaciones adicionales ni nuevos descubrimientos. Al menos cinco de los proyectos actuales podrían aportar entre 3 y 7,5 millones de toneladas cada uno a lo largo de su vida útil, superando el volumen total producido históricamente por Bajo Alumbrera.
De concretarse estas proyecciones, Argentina podría representar el 2.0 % de la producción mundial de cobre en 2030, cerca del 4.0 % en 2032 y alcanzar el 6.1 % en 2035, triplicando su participación global en apenas cinco años y superando incluso la producción estimada de países tradicionalmente mineros como Estados Unidos, Indonesia o Zambia. Las exportaciones asociadas al cobre podrían superar los $17,000 millones anuales hacia ese mismo año, consolidando al sector como uno de los principales generadores de divisas de la economía argentina.
El potencial productivo se sustenta en una base geológica significativa. Según estimaciones recientes, los recursos de cobre en territorio argentino ascienden a 115,76 millones de toneladas, mientras que las reservas probadas y probables alcanzan 17,15 millones de toneladas, equivalentes al 1,8 % de las reservas globales en 2024. A nivel regional, estas reservas representan el 9,2 % de las existentes en Chile y el 17.5 % de las de Perú, dos líderes mundiales en la producción cuprífera.
La Secretaría de Minería subraya que “Argentina tiene un alto potencial geológico, con importantes recursos y reservas de cobre, el cual se viene expandiendo debido al competitivo presupuesto exploratorio que se ha sostenido durante los últimos años”, y advierte que amplias zonas del territorio permanecen aún sin explorar, lo que podría ampliar significativamente las estimaciones actuales.
El crecimiento proyectado también se explica por el fuerte aumento de la exploración minera. En 2024, el presupuesto exploratorio alcanzó USD 200 millones, casi el doble que el año anterior y equivalente al 6.3 % del presupuesto global destinado al cobre, muy por encima del 1.2 % registrado en 2015. Argentina se posicionó así como la sexta economía con mayor inversión exploratoria del mundo. Entre los avances recientes destacan los resultados del proyecto Lunahuasi, en San Juan, que completó más de 12.000 metros de perforación en enero de 2026 con leyes minerales excepcionalmente altas, así como el inicio de nuevas perforaciones en Filo Sur, donde se identifican importantes mineralizaciones de pórfidos de cobre.
Sin embargo, el informe advierte que el desafío no es únicamente geológico. La minería del cobre exige infraestructura logística y energética de gran escala. Para producir una tonelada de cobre refinado se deben remover en promedio 510 toneladas de material, lo que obliga a desarrollar rutas, ferrocarriles, líneas eléctricas de alta tensión y gasoductos que permitan sostener operaciones industriales continuas. El éxito del sector dependerá, en gran medida, de la capacidad del país para acompañar la expansión minera con inversiones en infraestructura.
El impulso argentino coincide con un contexto internacional particularmente favorable. El cobre es un insumo esencial para la electrificación, las energías renovables, los vehículos eléctricos y el crecimiento de la inteligencia artificial y los centros de datos. En 2024, la demanda global alcanzó 28,6 millones de toneladas y se espera que crezca un 30 % hacia 2035, mientras los mercados proyectan déficits crecientes de oferta y precios persistentemente altos en el mediano plazo.
En este escenario, el gobierno del presidente Javier Milei impulsa el desarrollo minero mediante el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) y reformas orientadas a atraer capital internacional hacia proyectos de gran escala. En esa línea, el Senado argentino aprobó este jueves un proyecto oficial que modifica la Ley de Glaciares para permitir actividades mineras en zonas periglaciales definidas por las provincias, una medida que ha generado rechazo de organizaciones ambientalistas.
El Ejecutivo sostiene que la reforma busca impulsar inversiones y dinamizar el sector minero —especialmente en litio, cobre y oro— como parte de su estrategia para atraer capitales. El proyecto aún debe ser aprobado por la Cámara de Diputados para convertirse en ley.
La gran minería del cobre, intensiva en capital y orientada principalmente a la exportación, podría permitir que Argentina siga la senda de Chile y Perú y se consolide como un proveedor estratégico para los mercados internacionales. En un discurso pronunciado en noviembre 2025, al anunciar la iniciativa, Milei afirmó que el proyecto permitiría “de una vez por todas” a los argentinos “comenzar a aprovechar nuestra riqueza natural”.
Con recursos abundantes, proyectos avanzados y una demanda global impulsada por la transición energética, Argentina enfrenta una oportunidad histórica: transformar su potencial geológico en producción sostenida y posicionar al cobre como uno de los pilares económicos del país en las próximas décadas.