Cobre chileno proyecta crecimiento sostenido y recuperación productiva hacia 2034

La industria de la construcción es uno de los principales consumidores de cobre, utilizado para el cableado de edificaciones, tuberías de agua y de gas. El material es crucial para la transición energética y las nuevas tecnologías.
Materia prima en cinta transportadora antes de ser triturada para extraer el cobre
Maquinaria de cinta transportadora portátil en una mina de cobre en Chile.
  • 25/02/2026 01:00

Nuevas inversiones, reposición de capacidad y el desempeño de las principales mineras permitirán sostener el liderazgo mundial de Chile en cobre durante la próxima década

La minería del cobre en Chile se encamina hacia una década de transición productiva con perspectivas positivas de largo plazo. La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) proyecta que el país alcanzará una producción de 6,0 millones de toneladas de cobre fino en el período 2025-2034, impulsada por la materialización de proyectos de reposición de capacidad, nuevas operaciones y desarrollos greenfield que ampliarán la base productiva nacional.

Según el informe Proyección de la Producción de Cobre en Chile para los años 2025-2034, esta cifra representa un aumento de 12 % respecto a 2025 y permitiría a Chile concentrar aproximadamente 26.8 % de la producción mundial, reafirmando su posición estratégica en el mercado global del metal.

Para 2025, Cochilco estimó una producción cercana a 5,4 millones de toneladas, nivel similar al observado en 2024, aunque con una leve disminución inferior al 2 % asociada a menores niveles productivos en algunas faenas relevantes. Datos del Instituto Nacional de Estadísticas de Chile muestran que la producción alcanzó 5,4 millones de toneladas en 2025, mientras que para 2026 se prevé un volumen cercano a 5,5 millones de toneladas.

Una trayectoria marcada por ajustes y recuperación

El análisis de Cochilco divide la evolución productiva en tres fases. Entre 2025 y 2027 se proyecta un crecimiento sostenido hasta alcanzar un máximo cercano a 5,97 millones de toneladas, impulsado por la consolidación de proyectos recientemente puestos en operación.

Posteriormente, entre 2027 y 2030, la producción experimentaría una moderación asociada al decaimiento natural de leyes minerales en grandes operaciones, alcanzando un mínimo estimado de 5,43 millones de toneladas.

“La caída proyectada de la producción de cobre fino posterior a 2027 responde a factores estructurales y no a efectos transitorios”, destaca el informe.

A partir de 2030, la producción retomaría una senda de recuperación gradual gracias al ingreso de nuevas inversiones mineras y proyectos de reposición de capacidad. “Este comportamiento no responde a shocks transitorios, sino a restricciones propias del ciclo minero”, afirmó.

Cochilco enfatiza que la ejecución oportuna de estas iniciativas será determinante. “La materialización oportuna de estas iniciativas resulta clave para compensar el decaimiento natural de los yacimientos existentes y sostener el liderazgo productivo de Chile en el mediano y largo plazo”, subrayó.

El informe advierte que, sin nuevos proyectos, la producción podría descender hasta alrededor de 4,4 millones de toneladas en 2034; sin embargo, la incorporación de proyectos en condición “probable” aportaría cerca de 0,5 millones de toneladas adicionales, mientras que los proyectos “posibles” sumarían aproximadamente 0,3 millones de toneladas, mitigando la caída estructural.

Ajustes operacionales

La proyección también anticipa una mayor concentración en la producción de concentrados de cobre, cuya participación aumentará desde cerca del 80 % en 2025 hasta alrededor del 85 % en 2034, reflejando la creciente explotación de minerales sulfurados.

El desempeño operacional de las principales compañías también ha influido en la evolución reciente de la producción.

El análisis del Centro de Estudios del Cobre y la Minería (Cesco) revela que en 2025 Chile produjo 5.415 kilotoneladas de cobre fino, un 1.6 % menos que en 2024, convirtiéndose en la tercera producción más baja de la última década.

Cristian Cifuentes, líder senior de estudios de Cesco, explicó en el Portal Minero que la caída estuvo asociada tanto a factores operacionales como laborales: “Es importante destacar que Codelco posee un sistema productivo más complejo y expuesto a fricciones... varias divisiones están en transición estructural, lo cual aumenta la probabilidad de cuellos de botella”.

Entre los desempeños destacados, Minera Escondida superó por primera vez a todas las divisiones de Codelco en producción, mientras que la estatal logró recuperar niveles tradicionales en Salvador gracias al proyecto Rajo Inca y al buen desempeño sostenido de Ministro Hales.

En contraste, operaciones como Collahuasi registraron una caída de 27 % respecto a 2024 debido a transiciones operacionales y restricciones hídricas, mientras que Centinela Óxidos disminuyó 35 %, pese al mejor desempeño de su planta de sulfuros. También incidieron descensos en Pelambres (-8 %) y Quebrada Blanca (-8.5 %), vinculados a menores leyes minerales, disrupciones climáticas y desafíos logísticos.

Escenario global ¿cuáles son las proyecciones?

En el escenario internacional, aunque la participación chilena podría disminuir temporalmente hasta 21.5 % en 2030 debido al dinamismo de nuevos productores, se proyecta una recuperación progresiva hasta cerca del 27 % en 2034, condicionada a la materialización efectiva de proyectos estructurales.

Cochilco enfatizó que la caída proyectada posterior a 2027 responde a factores estructurales propios del ciclo minero —envejecimiento de yacimientos, menores leyes y largos plazos de desarrollo— más que a shocks transitorios.

De manera general, proyecta que el crecimiento de la producción mundial de cobre se mantenga hasta el año 2028, impulsado por la entrada en operación de nuevos proyectos greenfield y brownfield en diversas jurisdicciones, destacando el dinamismo de países como la República Democrática del Congo y el grupo “Resto de Países Productores”, los cuales presentan mayores tasas de crecimiento relativo en el período analizado.

En resumen, las proyecciones mantienen una perspectiva constructiva: la inversión minera permitirá sostener los niveles actuales y abrir una nueva fase de crecimiento gradual en un contexto de creciente demanda mundial impulsada por la electrificación, la transición energética y la expansión tecnológica.

Así, el liderazgo chileno en cobre durante la próxima década dependerá no solo de su riqueza geológica, sino de la capacidad de ejecutar proyectos, mejorar la certeza regulatoria y transformar la cartera de inversiones en producción efectiva hacia 2034.

Comisión Chilena del Cobre (Cochilco)
La materialización oportuna de estas iniciativas (nuevas inversiones) resulta clave para compensar el decaimiento natural de los yacimientos existentes y sostener el liderazgo productivo de Chile en el mediano y largo plazo”