El Niño extremo podría restar 2% al PIB regional y sumar 4,8 millones de pobres
- 28/09/2026 00:00
La CEPAL alerta que un episodio de intensidad histórica tendría efectos económicos, sociales y productivos en la región, con impactos especialmente fuertes en Ecuador, Perú y Colombia, así como efectos en Centroamérica, Panamá y República Dominicana
Un análisis de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advierte sobre las severas repercusiones económicas y sociales que tendría un fenómeno de El Niño de carácter extremo, así como sus efectos en diversos sectores productivos ante la posibilidad de un episodio de alta intensidad.
De acuerdo con el informe, un fenómeno de estas características provocaría una pérdida acumulada de al menos 2% del Producto Interno Bruto (PIB) regional durante un período de tres años, con la mitad de ese impacto concentrado en el primer año.
Además, el impacto negativo sobre los ingresos de los hogares podría elevar la pobreza en hasta 4,8 millones de personas adicionales hacia finales de la década, en comparación con un escenario sin El Niño.
Estas proyecciones están contenidas en el Informe Especial No. 3 de la CEPAL, titulado “Los efectos del fenómeno El Niño en América Latina y el Caribe y recomendaciones para enfrentarlo, liderado por el secretario ejecutivo del organismo, José Manuel Salazar-Xirinachs.
Las proyecciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos (NOAA) señalan una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno boreal de 2026-2027 (meses de octubre, noviembre y diciembre de 2026, extendiéndose a enero, febrero y marzo de 2027), y un 69% de probabilidad de registrar una magnitud histórica, denominada “Súper El Niño”, con anomalías en la temperatura superficial del mar superiores a +2,5 °C o +3,0 °C en la región Niño 3.4.
La CEPAL subraya que este fenómeno se desarrolla en un contexto en el que el cambio climático antropogénico amplifica la variabilidad natural, después de que en 2024 se registrara una temperatura media mundial de 1,55 °C por encima de los niveles preindustriales.
Los estudios para la región muestran que El Niño reduce la actividad económica, aunque la magnitud y persistencia de las pérdidas varían entre países. Las mayores pérdidas estimadas se concentran en Ecuador, Perú y Colombia.
En un escenario de El Niño extremo, la tasa de crecimiento del PIB real se reduciría, respecto de un escenario sin este fenómeno, en 4,4 puntos porcentuales en Ecuador, 4,1 puntos porcentuales en Perú y 0,9 puntos porcentuales en Colombia. Para Chile se estima una reducción de alrededor de 0,5 puntos porcentuales.
En Costa Rica, El Niño ampliaría en 0,4 puntos porcentuales la brecha negativa entre el PIB real y su nivel potencial.
Para el conjunto de países integrado por Centroamérica, Panamá y República Dominicana, así como para Colombia, Ecuador y Perú, la pérdida acumulada del PIB real sería cercana al 1%, y su efecto se observaría entre el primer y el segundo año posterior al episodio.
De acuerdo con la CEPAL, los impactos económicos serán heterogéneos y persistentes, con efectos sobre el PIB real, presiones inflacionarias y mayores niveles de pobreza y vulnerabilidad en sectores clave, como energía, pesca, agricultura y algunas infraestructuras.
Según el informe, la región presenta una elevada vulnerabilidad estructural en el sector energético debido a que, en varios países, la generación hidroeléctrica supera el 70% de la matriz eléctrica y más del 50% de la capacidad instalada tiene más de 30 años de antigüedad.
Para el trimestre octubre-diciembre de 2026, la probabilidad de déficit de precipitaciones alcanza un 60%, con un 31.1% del territorio regional en alerta alta.
Las altas temperaturas dispararán la demanda de electricidad para climatización en grandes metrópolis como Lima, São Paulo y Ciudad de México, en momentos de menor disponibilidad hídrica, elevando el riesgo de cortes eléctricos y sobrecostos operativos.
El informe también alerta sobre impactos severos en la pesca y los recursos marinos. El debilitamiento de la surgencia de aguas frías en el Pacífico reduce la disponibilidad de fitoplancton, altera la red trófica y provoca el hundimiento y la migración de especies clave como la anchoveta, la sardina y la merluza.
En episodios pasados de Súper El Niño, las capturas pesqueras regionales sufrieron reducciones del 52.7% entre 1972 y 1973 y del 26.9% entre 1997 y 1998.
A esto se suma la proliferación de floraciones algales nocivas, conocidas como marea roja, y el blanqueamiento masivo de arrecifes de coral a lo largo de la región.
El sector agropecuario y la seguridad alimentaria también enfrentan riesgos. Con base en el análisis de la FAO, el informe identifica probabilidades superiores al 70% de sufrir sequías que afectarían al sector agropecuario durante los próximos meses en el Corredor Seco Centroamericano, Colombia, Venezuela y países del Caribe como Cuba, República Dominicana y Haití. Estas condiciones amenazarían las cosechas básicas, la disponibilidad de forraje y los ingresos rurales.
Para evitar que los impactos climáticos deriven en crisis socioeconómicas prolongadas, la CEPAL propone diez medidas: incorporar el riesgo climático en la planificación y las políticas públicas; fortalecer la infraestructura resiliente y los sistemas de alerta temprana; crear mecanismos financieros de contingencia y seguros climáticos; proteger las cadenas productivas, los medios de vida y los asentamientos vulnerables; restaurar ecosistemas y reforzar la sostenibilidad pesquera; ampliar la cooperación regional y la integración energética; diversificar las fuentes de generación eléctrica; mejorar la gestión integral de los recursos hídricos; fortalecer las transferencias y redes de protección social para los hogares vulnerables; y promover el ahorro energético y la gestión de la demanda durante períodos de altas temperaturas.
“Las respuestas adoptadas una vez declarada la emergencia son considerablemente más costosas que las medidas preventivas basadas en una adecuada anticipación. Es imperativo pasar de una respuesta posterior a las pérdidas a una gestión anticipatoria del riesgo climático”, puntualizó el secretario ejecutivo de la CEPAL.