Frenazo económico: El FMI baja al 3.1% la expectativa de crecimiento mundial

La crisis por la guerra en el Medio Oriente, que ha bloqueado el estrecho de Ormuz, ha provocado volatilidad en los precios del petróleo. DepositPhotos
  • 14/04/2026 16:31

La guerra y la fragmentación geopolítica se convierten en la mayor prueba para la actividad global. Las economías emergentes sentirán el impacto más fuerte de esta desaceleración

La estabilidad económica mundial se encuentra en un momento decisivo. Tras haber superado barreras comerciales y una elevada incertidumbre el año pasado, la guerra ensombrece las perspectivas económicas mundiales y replantea las prioridades de las política.

“La actividad global se enfrenta ahora a una importante prueba debido al estallido de la guerra en Oriente Medio”, afirma el FMI en su informe sobre las Perspectivas de la Economía Mundial, de abril de 2026.

Según las últimas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), bajo el supuesto de que el conflicto se mantenga limitado en duración y alcance, “se prevé que el crecimiento global se desacelere hasta el 3.1 % en 2026 y el 3.2 % en 2027”.

El FMI subrayó que sus pronósticos “están muy por debajo de los resultados recientes y muy por debajo de los promedios prepandémicos”.

En su revisión de enero de 2026, el FMI previó que la economía global crecería 3,3% en 2026 y 3,2% en 2027, similares al resultado estimado de 3,3% en 2025 crecimiento.

Este panorama se ve agravado por “el aumento de los precios de las materias primas, las mayores expectativas de inflación y el endurecimiento de las condiciones financieras”, factores que ponen a prueba la reciente capacidad de adaptación de los mercados.

El organismo advierte que estas presiones serán particularmente marcadas en las economías emergentes y en desarrollo, donde la elevada deuda pública y la erosión de la credibilidad institucional ya incrementan las vulnerabilidades preexistentes.

Riesgos y fragilidad institucional

En las actuales perspectivas económicas, los riesgos a la baja predominan de forma clara. El FMI identifica múltiples factores que podrían desestabilizar los mercados financieros.

“Un conflicto más prolongado o generalizado, el empeoramiento de la fragmentación geopolítica, una reevaluación de las expectativas sobre la productividad impulsada por la inteligencia artificial o la reanudación de las tensiones comerciales podrían debilitar significativamente el crecimiento”.

A este escenario se suma que “el elevado endeudamiento público y la erosión de la credibilidad institucional aumentan aún más las vulnerabilidades”. El organismo subraya que el agotamiento de los márgenes de maniobra en las políticas económicas limita la capacidad de respuesta de los Estados ante nuevas perturbaciones.

El peso del gasto en defensa

Un punto central del informe es el incremento del gasto en defensa ante las tensiones geopolíticas. El FMI constata que en un auge típico, el gasto en defensa aumenta en aproximadamente 2,7 puntos porcentuales del PIB en dos años y medio, financiándose en cerca de dos tercios mediante déficit.

Si bien este gasto puede dar un empuje a la actividad a corto plazo, “también incrementa temporalmente la inflación y crea importantes desafíos a mediano plazo”. Las consecuencias fiscales son directas: los déficits empeoran en 2,6 puntos porcentuales del PIB y la deuda pública aumenta en aproximadamente 7 puntos porcentuales en tres años. Los auges en tiempos de guerra resultan particularmente costosos, pudiendo elevar la deuda hasta 14 puntos porcentuales con una caída colateral del gasto social.

Cicatrices duraderas de los conflictos

El análisis del FMI utiliza datos globales históricos para evaluar las implicaciones de las guerras, concluyendo que estas generan “grandes y persistentes pérdidas de producción en las economías donde se producen los combates —superiores a las de las crisis financieras o los desastres naturales graves—”.

Incluso cuando la paz se mantiene, las recuperaciones económicas suelen ser lentas y desiguales. El organismo detalla que el capital y la productividad permanecen estancados, mientras que la reactivación depende principalmente del factor trabajo. Por ello, el informe concluye que “fomentar la adaptabilidad, mantener marcos de políticas creíbles y reforzar la cooperación internacional son esenciales para afrontar la crisis actual y prepararse para futuras perturbaciones en un entorno global cada vez más incierto”.