Guna Yala: el laboratorio que ensaya la agroecología frente al mar que devora las islas
- 11/06/2026 12:26
Con financiamiento francés y saberes ancestrales, las poblaciones de Isberyala, Gangandí y Narbagandub Bibbi levantan un escudo agrícola para garantizar su alimentación frente a la crisis climática
El oleaje en el Caribe panameño ya no suena igual para el pueblo guna. El agua, que durante siglos fue su camino y su sustento, lleva años metiéndose en las calles de arena de las islas, inundando los pisos de caña y obligando a mirar hacia los cerros de la costa con una mezcla de resignación y urgencia.
En la Comarca Guna Yala, la crisis del clima no es un gráfico en una pantalla; es la mudanza forzada de pueblos enteros que meten su vida en cayucos para empezar de cero en tierra firme.
Este éxodo responde a realidades medidas por la ciencia. El istmo es el decimocuarto país más vulnerable al cambio climático del mundo, una realidad donde las amenazas hidrometeorológicas (sequías e inundaciones) representan el 93% de los desastres.
Los datos históricos del Ministerio de Ambiente reflejan que, desde 1971, la temperatura en Panamá ha aumentado 0.23 °C por década, mientras que las emisiones se han duplicado en los últimos 20 años. Además, cada año más de 102,000 toneladas de residuos llegan al mar, agravando la degradación ambiental en un territorio donde los desastres relacionados con el clima se han multiplicado por 2.4 en los últimos cincuenta años.
Lejos del mar y con los pies en el suelo de la costa, la comunidad de Isberyala (Nuevo Cartí) —el nuevo hogar de cientos de familias desplazadas por el agua— fue la sede para el cierre del proyecto “Agroecología, resiliencia climática y seguridad alimentaria en Guna Yala”.
Esta iniciativa piloto, financiada por el Fondo Equipo Francia (FEF), funcionó durante más de un año para asegurar el sustento de las familias. El trabajo unió el respaldo de la Embajada de Francia en Panamá, el Ministerio de Ambiente (MiAmbiente), el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), el Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá (IDIAP), el Centro del Agua del Trópico Húmedo para América Latina y el Caribe (Cathalac), el Congreso General Guna, y las comunidades de Gardi Sugdub / Isberyala, Gangandí y Narbagandub Bibbi.
Infraestructura en el nuevo territorio
Dejar atrás el mar e internarse en el bosque implica aprender a vivir de otra manera. Cambiar la pesca diaria por la labranza de la tierra exige herramientas y un apoyo que no siempre llega a tiempo.
El estudio del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), “Impacto de la crisis climática, ambiental y energética en el desarrollo y bienestar de las niñas, niños y adolescentes de Panamá” (2025), pone en evidencia que uno de cada cuatro menores en el país reside en zonas de alta vulnerabilidad climática, siendo Guna Yala, Bocas del Toro, Darién, Ngäbe-Buglé y Emberá-Wounaan las regiones de mayor riesgo. En estos territorios, más del 50% de la población rural infantil ya enfrenta dificultades para acceder a una alimentación adecuada.
Por eso, el viceministro del MIDA, José Aníbal Rincón —quien llegó al nuevo asentamiento junto a la embajadora francesa, Aude de Amorim, en representación del ministro titular Roberto Linares— expuso la realidad de esta transición.
”Detrás de esta realidad existen historias de esfuerzo, adaptación y esperanza; familias que han debido dejar atrás parte de su entorno para construir un nuevo comienzo, sin renunciar a su identidad cultural ni a sus tradiciones. Cada huerto agroecológico, cada semilla preservada, cada capacitación y cada espacio de participación para mujeres y jóvenes representa una inversión en el futuro de estas comunidades”.
Para que ese nuevo comienzo funcione, el proyecto levantó tres obras clave en el territorio. En Isberyala se establecieron huertos agroecológicos multifamiliares para diversificar la dieta local.
Unas comunidades más allá, en Gangandí, los pobladores construyeron un vivero comunitario de palma de werug, planta indispensable para tejer sus techos artesanales y mantener su economía tradicional.
Mientras tanto, en Narbagandub Bibbi, los vecinos levantaron un almacén comunitario de semillas, un fortín para resguardar los granos locales ante sequías o tormentas.
Durante la jornada de cierre, las autoridades caminaron entre los surcos de Isberyala para verificar las técnicas de cultivo adaptadas al clima. Allí, Melania Morris, productora local y beneficiaria del programa, explicó que la iniciativa “fortalece su dieta y su seguridad alimentaria”.
Saberes locales y ciencia
La base del trabajo fue el respeto mutuo. La investigación de agencias francesas como el Centro de Cooperación Internacional en Investigación Agronómica para el Desarrollo (CIRAD) y el CATIE se unió al conocimiento de los líderes tradicionales gunas, bajo el acompañamiento del IDIAP, la Unidad Agroambiental, Variabilidad y Cambio Climático del MIDA, la Regional del MIDA en Colón y Cathalac.
Esa mirada atenta hacia el entorno dio resultados prácticos. Durante las tareas de campo, representantes del IDIAP anunciaron que en una finca de esta región identificaron un árbol de cacao de altas características y potencial. Este hallazgo servirá para rescatar una semilla de calidad que aporte de forma directa al desarrollo socioeconómico y sostenible de la comarca.
La jefa de la Oficina de Pueblos Indígenas de MiAmbiente, Fany González, explicó que los pueblos originarios sostienen la defensa de sus territorios de vida.
“Este proyecto demuestra que la gestión ambiental y climática no es solamente una cuestión técnica; es también un proceso social, cultural y territorial construido de manera conjunta desde las comunidades y para las comunidades. Las comunidades indígenas se encuentran en la primera línea de los impactos climáticos, pero también son portadoras de conocimientos y prácticas fundamentales para proteger nuestros bosques y mares, y construir resiliencia”.
Estas acciones se alinean con los objetivos del Pacto de Panamá con la Naturaleza, la hoja de ruta nacional para el cambio climático, biodiversidad y restauración de ecosistemas.
Relevo generacional en la tierra
Al final, cuando las delegaciones institucionales se recogen, lo que queda en la comarca es su población. El proyecto incluyó capacitaciones en agroecología, conservación de semillas, liderazgo comunitario y acceso a recursos, beneficiando a más de 160 personas, con una participación de mujeres y jóvenes.
La infancia y la juventud se encuentran en el centro de esta encrucijada, especialmente si se considera que el 10% de los hogares con menores en Panamá y el 18% de las escuelas de premedia carecen de acceso a electricidad, según los datos expuestos en el informe de Unicef, presentado en agosto 2025.
Ante este escenario, el documento técnico del organismo internacional recomienda potenciar soluciones basadas en la naturaleza, mejorar la coordinación institucional e impulsar la participación comunitaria directa para proteger el desarrollo de las próximas generaciones.
Por su parte, la embajadora Aude de Amorim ratificó que una de las prioridades de la cooperación francesa fue el desarrollo sostenible para garantizar la seguridad alimentaria frente al cambio climático, agradeciendo al Gobierno Nacional y a sus instituciones por brindar el acompañamiento técnico para concluir el programa.
En la plaza de Isberyala, junto a la viceministra de Asuntos Indígenas, Doris Bill Fábrega y las autoridades del Congreso General Guna, los habitantes locales despidieron la jornada. Con el cierre de esta etapa, las huertas y los almacenes quedan bajo gestión de la comarca. En la tierra firme de Guna Yala permanecen las herramientas colectivas y un pueblo entero que siembra su propio sustento para no dejarse vencer por el avance del océano.