Menos pobreza multidimensional, pero las carencias revelan las brechas de Panamá
- 19/08/2026 00:00
El IPM de Panamá cayó de 14.7 % a 12.4 % entre 2022 y 2025, y 83,949 personas dejaron de estar en condición de pobreza multidimensional. Sin embargo, empleo, educación, salud, saneamiento y vivienda aún concentran importantes privaciones en los hogares panameños
Panamá redujo la pobreza multidimensional en los últimos tres años, pero el resultado no significa que las brechas sociales hayan desaparecido. El comportamiento de los 17 indicadores que conforman el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) muestra que, mientras algunas carencias disminuyen, otras mantienen un peso considerable dentro de las condiciones que afectan a los hogares.
El Índice de Pobreza Multidimensional de Panamá 2025, elaborado por la Dirección de Análisis Económico y Social del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), con base en la Encuesta Continua de Hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censo (INEC), reporta que la pobreza multidimensional pasó de 14.7% en 2022 a 12.4% en 2025, una reducción de 2.3 puntos porcentuales.
En términos de población, 83,949 personas dejaron de encontrarse en condición de pobreza multidimensional durante ese período. Además, 11 de las 13 divisiones administrativas registraron reducciones.
¿Dónde se concentran las principales carencias? En 2025, la precariedad del empleo fue el indicador con mayor contribución al IPM, con 11.3%, seguida por el logro educativo insuficiente, con 11.0%, y el indicador de desocupado y trabajador familiar sin pago, con 9.3%.
También tuvieron un peso significativo el manejo inadecuado de la basura, con 8.7%, y el acceso a servicios de salud, con 8.4%. Le siguen la inasistencia escolar, con 6.3%; el acceso o las vías de comunicación terrestres, con 5.1%; la precariedad de los materiales de la vivienda, con 5.0%; la repitencia escolar, con 4.6%; y el saneamiento mejorado, con 4.3%.
Otros indicadores fueron sin acceso a internet, con 3.5%; carencia de electricidad, 2.6%; control del embarazo, 1.8%; y empleados con remuneraciones inadecuadas, 0.9%. El informe no detalla en este desglose la contribución correspondiente a la carencia y disponibilidad de fuentes de agua mejorada ni a personas por habitación o hacinamiento.
La composición muestra que la pobreza multidimensional no responde a una sola causa. Empleo y educación se entrecruzan con salud, servicios básicos, infraestructura, conectividad y condiciones de vivienda.
La primera medición oficial del IPM, realizada en 2017, situó la pobreza multidimensional en 19.1%. Para 2025 había descendido a 12.4%, una reducción acumulada de 6.7 puntos porcentuales.
También disminuyó la intensidad de la pobreza: el porcentaje de carencias ponderadas que experimentan, en promedio, las personas en esta condición pasó de 41.5% en 2022 a 40.2% en 2025.
De acuerdo con el MEF, quienes permanecen en pobreza multidimensional experimentan, en promedio, carencias simultáneas en alrededor de siete de los 17 indicadores. La reducción de 1.4 puntos porcentuales en la intensidad durante el último período superó las mejoras registradas en mediciones anteriores.
El informe del MEF también detalla que los mayores avances están en territorios históricamente rezagados. La comarca Emberá registró una reducción de 16.0 puntos porcentuales, seguida por Bocas del Toro, con 9.9 puntos, y la comarca Ngäbe Buglé, con 7.9 puntos.
Estas divisiones también registraron descensos en la intensidad de las privaciones. Las variaciones absolutas fueron de 0.079 puntos en Emberá, 0.078 en Ngäbe Buglé y 0.049 en Bocas del Toro.
Sin embargo, el comportamiento no fue uniforme. Guna Yala registró el mayor incremento del IPM, con aumentos en la contribución del acceso a servicios de salud, de 3.0 puntos porcentuales; la carencia y disponibilidad de fuentes de agua mejorada, de 2.0 puntos; y la inasistencia escolar, también de 2.0 puntos.
La diferencia entre territorios muestra por qué el promedio nacional no basta para describir la situación de la pobreza multidimensional.
Entre 2022 y 2025, Educación pasó de aportar 23.5% a 21.9% y quedó en segundo lugar. Ambiente, entorno y saneamiento pasó al primero, con 22.1%.
Trabajo aumentó su participación de 20.3% a 21.5%, mientras Salud pasó de 17.2% a 18.4%. En contraste, Vivienda, servicios básicos y acceso a internet bajó de 17.4% a 16.1%.
El reordenamiento muestra que la reducción de la pobreza no implica que todas las dimensiones evolucionen al mismo ritmo.
El MEF relaciona parte de la reducción de las privaciones con intervenciones públicas. El Plan de Electrificación Rural permitió gestionar la electrificación de 3,407 viviendas y el informe vincula esta acción con una reducción de 39.8% en la privación por carencia de electricidad.
En salud, el SIPWEB PLUS es relacionado con una reducción de 33.0% en la privación vinculada al control del embarazo, mientras que los proyectos de mantenimiento vial permitieron reducir, según el informe, la privación relacionada con el acceso o las vías de comunicación terrestres en 31.1%.
El hecho de que 15 de los 17 indicadores de privación hayan registrado mejoras en 2025 refuerza la señal positiva del índice, pero también permite observar que la reducción de la pobreza multidimensional no ha sido homogénea en todos sus componentes. La permanencia de indicadores como precariedad del empleo, logro educativo insuficiente y acceso a servicios de salud entre los de mayor contribución muestra que las mejoras en algunos servicios básicos no necesariamente se traducen al mismo ritmo en las condiciones económicas y sociales de los hogares.
Esta diferencia resulta especialmente relevante en el ámbito laboral. El principal indicador individual del IPM está relacionado con la precariedad del empleo, mientras que el mercado laboral cerró 2025 con una tasa de desempleo de 10.4%. Esto no significa que ambas mediciones sean equivalentes ni que una contradiga a la otra, pero sí permite contextualizar por qué el trabajo continúa siendo una de las dimensiones centrales de la pobreza multidimensional.
En 2025, el INEC registró 227,302 personas desocupadas, 17,922 más que en octubre de 2024, y la tasa de desempleo pasó de 9.7% a 10.4%. La desocupación alcanzó a 127,488 mujeres y 99,814 hombres.
La percepción ciudadana también refleja el peso de esta problemática. La encuesta VEA Panamá, realizada en junio de 2025 por Prodigious Consulting y publicada en La Estrella de Panamá, ubicó la falta de empleo como el segundo principal problema del país, con 18.5%, solo por debajo de la corrupción, con 33.9%.
Durante el primer semestre de 2026, Mitradel procesó 174,379 contratos de trabajo, 31,461 más que en igual período de 2025. El 54.4% correspondió a contratos definidos y el 23.5% a indefinidos.
El aumento de la contratación constituye una señal de mayor movimiento en el mercado laboral, pero su composición permite observar que el desafío no se limita a generar contratos, sino también a ampliar las relaciones laborales permanentes y de mejores condiciones.
Las brechas también pasan por vivienda y protección social. Según la Cuenta General del Tesoro del MEF, los subsidios destinados a los hogares pasaron de $1,365 millones en 2024 a $728 millones en 2025, una reducción de $638 millones.
Entre las mayores disminuciones estuvo el Fondo Solidario de Vivienda, cuyo monto cayó 99%. También se redujeron los recursos para becas escolares y el programa Pase-U, que pasaron de $415 millones a $216 millones.
Estos datos no forman parte del cálculo del IPM ni implican por sí mismos un aumento de la pobreza multidimensional, pero aportan contexto sobre las condiciones que rodean a los hogares.
La percepción ciudadana también aporta otro elemento de contexto. La encuesta VEA Panamá ubicó el alto costo de la vida como el tercer principal problema del país, con 17.4%, después de la corrupción y la falta de empleo. Esto muestra que, junto con las privaciones que mide el IPM, las condiciones económicas continúan ocupando un lugar relevante entre las preocupaciones de la población.
El IPM está compuesto por 17 indicadores distribuidos en cinco dimensiones: educación; vivienda, servicios básicos y acceso a internet; trabajo; salud; y ambiente, entorno y saneamiento. Los hogares son considerados multidimensionalmente pobres cuando experimentan carencias en al menos 30% de los indicadores ponderados. Por ello, la reducción de la incidencia debe analizarse junto con la intensidad y la composición de las privaciones.
Los resultados de 2025 muestran una mejora clara: hay menos personas en pobreza multidimensional, la intensidad disminuyó y algunas de las mayores reducciones se produjeron en territorios históricamente rezagados.
Pero el mismo índice muestra dónde permanecen las dificultades. Empleo, educación, salud, saneamiento, vivienda, conectividad e infraestructura continúan formando parte del núcleo de carencias que condiciona la vida de los hogares.
El reto, por tanto, no se limita a mantener la tendencia descendente del IPM, sino a conseguir que las mejoras alcancen de manera más uniforme a los distintos territorios y dimensiones. Los resultados de 2025 muestran que es posible avanzar en indicadores específicos, pero también que persisten diferencias importantes, como evidencia el aumento registrado en Guna Yala.
El seguimiento de cada una de las 17 privaciones resulta clave para determinar si la reducción nacional se consolida y si las brechas que todavía separan a los territorios comienzan a cerrarse. La pobreza multidimensional está bajando. El desafío ahora es que también bajen, de manera sostenida, las brechas que todavía la sostienen.