Olacde: América Latina y el Caribe mantiene liderazgo en energías renovables
- 30/06/2026 00:00
La generación de electricidad en la región alcanzó los 158 TWh en febrero de 2026.
Las energías renovables constituyen el 67.7% del total; la composición por fuentes está dominada por la hidroenergía (45.4%), seguida del gas natural (22.7%) y la energía eólica (12.2%)
Con una matriz eléctrica que duplica el promedio mundial de generación limpia, la región consolida su rol estratégico en la transición energética global. Pese a la histórica dependencia de las hidroeléctricas, el avance de la tecnología eólica, solar y la bioenergía abre paso a un sistema más diversificado y menos vulnerable.
América Latina y el Caribe se consolida firmemente a nivel internacional como una de las regiones con las matrices eléctricas más limpias, eficientes y sostenibles de todo el planeta, una realidad estructural que ha quedado ratificada en el más reciente Reporte Mensual de Generación Eléctrica publicado por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde).
De acuerdo con los datos oficiales correspondientes al mes de febrero de 2026, la región alcanzó una robusta producción total de 158 teravatios hora (TWh) de electricidad, reflejando el comportamiento de un sistema maduro donde las fuentes de energías renovables representaron un sólido 67.7 % del total de la torta de generación, mientras que el suministro proveniente de combustibles fósiles aportó un 29.7% y la energía nuclear se mantuvo en un marginal 2.6%. Este desempeño subraya de manera contundente que la región continúa posicionándose como un actor clave e indispensable en la transición energética mundial, ya que su matriz de generación limpia supera de forma holgada el promedio global, el cual se ubicó en apenas un 33.8% durante el primer trimestre del año 2026.
No obstante, el reporte de la organización también arroja luz sobre los desafíos de la infraestructura regional, advirtiendo que el bloque geográfico sigue siendo fuertemente dependiente de la hidroenergía, un recurso que representó por sí solo el 45.4% de la electricidad mensual total, seguido en orden de importancia por el gas natural con un 22.7% y la energía eólica con un 12.2%. La combinación de estas tres tecnologías específicas representa más del 80% de la generación mensual total, lo que refleja con total claridad el enorme peso estructural que poseen para cubrir la demanda eléctrica regional frente a otras alternativas.
A pesar de este panorama concentrado, el dato más relevante surge al realizar la comparación interanual con febrero de 2025, donde los registros muestran un crecimiento neto del 3.9% en la generación eléctrica regional, lo que equivale a un incremento adicional de 6 TWh; lo verdaderamente trascendental es la forma en que ocurrió este crecimiento, puesto que la hidroelectricidad disminuyó significativamente en 9 TWh debido a factores ambientales, pero las tecnologías renovables emergentes y no convencionales lograron compensar con creces ese vacío mediante un aumento combinado de 15 TWh.
Este masivo impulso renovable estuvo liderado en primera instancia por la energía eólica que sumó +6 TWh, seguida muy de cerca por la bioenergía con un aporte de +5 TWh y la energía solar con +2 TWh, un comportamiento que evidencia transformaciones profundas puesto que, tal como cita textualmente el informe de la organización, “este patrón muestra una tendencia fundamental dentro del sistema; la diversificación hacia otras fuentes renovables está ganando importancia y reduciendo vulnerabilidades” frente a los ciclos climáticos.
Finalmente, examinando el comportamiento de corto plazo, el informe revela que la variación mensual en febrero de 2026 frente a enero del mismo año experimentó una contracción del -6.2%, un fenómeno que se atribuye parcialmente al ajuste natural del calendario debido a que febrero contó con solo 28 días de actividad productiva, sumado a una reducción generalizada en el despacho de casi todas las fuentes energéticas del sistema; en este sentido, las contracciones más pronunciadas se observaron en el carbón mineral con una caída del -17%, la geotermia con un -14% y el gas natural con un -10%, seguidas de forma más moderada por el petróleo, la energía nuclear y la solar, un indicador clave que demuestra que la disminución no fue el resultado de una sustitución tecnológica programada entre fuentes, sino más bien una compresión general del despacho energético en toda la región.