Panamá reduce el hambre a 4.7 % en 2025; pero sube el costo de la dieta saludable

A muchos panameños no les alcanza el dinero para comer una dieta saludable, y no tienen trabajo.
  • 26/07/2026 00:00

El informe SOFI 2026 de las Naciones Unidas revela una mejora sostenida en Centroamérica. Panamá destaca con una reducción de su tasa de hambre al 4.7 %, aunque la región enfrenta la dieta saludable más costosa del planeta

El hambre en Panamá se redujo a 4.7 % en 2025, frente al 14.8 % registrado hace dos décadas, según datos del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026 (SOFI 2026), elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).

Panamá, con una población de aproximadamente 4,62 millones de habitantes, mantiene un crecimiento económico destacado. Solo en 2025, su Producto Interno Bruto (PIB) aumentó un 4.4 %; sin embargo, 0,2 millones de sus ciudadanos (alrededor de 200,000 personas) aún padecen hambre crónica (subalimentación) y con frecuencia carecen de los ingresos necesarios para acceder a una dieta saludable, según el análisis.

Desglose regional

El informe detalla que en Centroamérica la tasa de hambre descendió a 5.4% el año pasado, renglón en el que Panamá -con una tasa de desempleo de 10.4% y una informalidad de 47.1%- sobresale entre los países con progresos importantes en la tasa de hambruna. Dentro de la subregión centroamericana, la tasa se situó en menos de 2.5% en Costa Rica, 5.3% en El Salvador, 12.7% en Guatemala y 14.3% en Honduras. Otros países de América Latina y el Caribe que reportaron disminuciones son México (3.1 %), República Dominicana (menos de 2.5%), Belice (4.4%), San Vicente y las Granadinas (4.0%), Trinidad y Tobago (10.4%) y Dominica (3.0%). Por el contrario, el hambre aumentó en Haití alcanzando el 51.4%, en Jamaica subió al 8.0% y en Barbados al 5.0%.

Hambruna mundial

A escala global, se estima que el 7.8 % de la población mundial padeció hambre en 2025, una disminución en comparación con el 8.1 % registrado en 2024 y el 8.6% de 2022. En términos absolutos, entre 608 y 696 millones de personas sufrieron subalimentación en el planeta durante 2025. Tomando como referencia la estimación puntual de 645 millones, la cifra representa una reducción de alrededor de 14 millones de personas respecto a 2024 y de 43 millones en comparación con 2022.

A pesar de estos avances globales, la recuperación sigue siendo desigual entre regiones. En 2025, el hambre afectó a 309 millones de personas en África (el 20.0% de su población), a 292 millones en Asia (el 6.0%) y a 32 millones en América Latina y el Caribe (el 4.8%). En Suramérica, la tasa general de hambre se redujo a un 3.8%, registrándose caídas en Argentina (2.8%), Bolivia (19.5%), Colombia (4.1%), Ecuador (10.8%), Paraguay (4.1%) Perú (5.7%) y Venezuela (5.3%). En Brasil, Chile, Guyana y Uruguay el indicador se mantuvo en menos de 2.5%, mientras que en Suriname el porcentaje aumentó un 12.7%.

El Caribe muestra el panorama más preocupante de las Américas, con un aumento leve en su tasa de hambre hasta el 16.6 % en 2025 —casi cinco veces superior a la de América del Sur— y una inseguridad alimentaria moderada o grave que alcanzó al 52% de su población.

Máximo Torero Cullen, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), señaló en un artículo publicado en La Estrella de Panamá que los datos del informe muestran que el hambre disminuye cuando las políticas agrícolas, económicas y sociales se refuerzan mutuamente.

“La protección social preserva el poder adquisitivo. Las inversiones en el sector agrícola incrementan la productividad. Las infraestructuras rurales conectan a los agricultores con los mercados. Las comidas escolares y las transferencias monetarias protegen a las familias vulnerables al tiempo que generan demanda de alimentos producidos localmente”, explicó Torero.

Sin embargo, el experto advirtió que los progresos siguen siendo frágiles y desiguales. Mencionó que la crisis de Oriente Medio de 2026 plantea una amenaza debido al incremento en los costos energéticos. Aunque América Latina y el Caribe produce más petróleo crudo del que consume, Torero aclaró que este promedio oculta la vulnerabilidad de economías centroamericanas y caribeñas que dependen en gran medida de los combustibles importados.

“La crisis generará ganadores y perdedores en la región; no la dejará indemne”, alertó Torero. Respecto a la situación en Haití, el economista subrayó: “Haití es el único país de las Américas —y uno de los cinco de todo el mundo— donde la población se enfrenta a niveles catastróficos de hambre. La violencia armada, el colapso institucional, el declive económico y las perturbaciones climáticas están reduciendo a la nada años de evolución, incluso sin que se haya declarado oficialmente una guerra”.

El informe SOFI 2026 analiza además en profundidad el costo de una dieta saludable, definida por la FAO y la OMS como aquella que es adecuada, equilibrada, variada y moderada. En 2025, el costo promedio mundial de una dieta saludable ascendió a $4.28 de paridad de poder adquisitivo (PPA) por persona al día, frente a los $3.44 de 2021 y los $2.94 de 2017. América Latina y el Caribe registró la dieta saludable más cara del mundo en 2025, con un promedio de $4.91 diarios por persona, superando los $4.35 de África, los $4.33 de Asia y los $3.64 de América del Norte y Europa. Los datos del informe precisan que en 2025, el costo de la dieta saludable en Centroamérica ascendió a $4.46 de PPA por persona al día, superior al $4.54 de 2024; una tendencia que se observa en todos los países de la región. En Panamá, en 2025, el costo de una dieta saludable se situó en $4.46 ($4.32 en 2024), en Costa Rica $5.04 ($4.84 el año anterior), en Guatemala $5.18 ($5.03), en Honduras $4.85 ($4.75). Por su parte, en México el costo promedio de una dieta saludable está en $4.54 de paridad de poder adquisitivo, en Cuba $6.42, en Haití $6.51, República Dominicana $5.60, Jamaica $6.21, Dominica $6.69, Belice $4.69, entre otros.

Torero precisó que los elevados costos en la región obedecen principalmente al precio de las hortalizas y a lo que ocurre una vez que los alimentos salen de las fincas, como carreteras en mal estado, redes ferroviarias limitadas, almacenamiento frigorífico inadecuado, suministro energético poco fiable, mercados ineficientes y pérdidas poscosecha.

“Los costos se elevan a medida que los alimentos nutritivos pasan por las fases de almacenamiento, elaboración, transporte, venta al por mayor y al por menor. No se trata simplemente de un problema de producción. Es un problema que se produce en las etapas intermedias”, enfatizó Torero.

A pesar de estos costos, el número de personas que no pueden permitirse una dieta saludable en todo el mundo se redujo de 2,970 millones (el 37.4 % de la población mundial) en 2021 a 2,690 millones (el 32.7%) en 2025, lo que sugiere que los ingresos disponibles para la alimentación aumentaron más en relación con los precios de los alimentos. En 2025, la prevalencia estimada de personas que no podían pagar una dieta saludable fue del 66.6 % en África, del 28.9 % en Asia y del 25.7 % en América Latina y el Caribe.

Para hacer un seguimiento más preciso de la nutrición, la Comisión de Estadística de las Naciones Unidas aprobó en marzo de 2025 la diversidad alimentaria mínima en niños y mujeres como nuevo indicador del ODS 2 (indicador 2.2.4). El informe concluye que, para reducir el costo de los alimentos nutritivos y alcanzar las metas globales, se requieren inversiones en infraestructura, investigación, cadenas de frío y reformas regulatorias en todas las cadenas de valor agroalimentarias.

“El informe muestra que es posible avanzar, pero debemos hacerlo más rápido. Para acabar con el hambre y lograr que las dietas saludables sean asequibles se requieren compromiso político, inversión sostenida y políticas que lo faciliten. Las crisis recientes —desde catástrofes naturales como la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) hasta desastres provocados por el hombre, como los focos de conflicto, la guerra en Ucrania, la crisis de Gaza y la reciente interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz— han puesto de manifiesto tanto la resiliencia de los sistemas agroalimentarios como la necesidad de reforzarlos aún más para atender mejor a las personas más vulnerables del mundo, a los agricultores y a los consumidores”, puntualizó Qu Dongyu, director General de la FAO.