Panamá teje su futuro en las aguas: la pesca sostenible como motor de su economía azul
- 30/11/2025 00:00
La pesca panameña combina tradición y crecimiento: aumenta la producción y las exportaciones, pero arrastra brechas de infraestructura y retos como la pesca ilegal. El país impulsa reformas y sostenibilidad mientras la acuicultura y la pesca artesanal ganan fuerza en la economía azul
En el pequeño puerto de pescadores contiguo al Mercado de Mariscos, en San Felipe —uno de los puntos neurálgicos donde late la actividad pesquera del país— el amanecer tiñe de plata la bahía. Las primeras luces se derraman sobre las pequeñas embarcaciones que se mecen suavemente sobre las olas, cargadas con corvinas, pargos, dorados, camarones y langostas que reflejan destellos bajo los primeros rayos del sol. Cada bote es un hilo que une al hombre con el mar; cada captura, un testimonio de destreza, paciencia y tradición.
El aire salino se mezcla con el aroma penetrante del pescado fresco. En los muelles, manos curtidas por años de faena filetean, seleccionan y revisan la carga con una precisión casi coreográfica. Es un ritual antiguo, una danza perpetua entre el hombre y el océano que sostiene no solo el alimento, sino también la cultura, la identidad y la memoria de las comunidades costeras. En Panamá, la pesca no es solamente un oficio: es una herencia compartida.
El país, donde el consumo per cápita de productos pesqueros alcanza 23.3 kilogramos —más del doble del promedio regional de 9.8 kg según datos de 2018— encuentra en esta actividad un pilar para su seguridad alimentaria y un motor económico para miles de familias. Las actividades pesqueras y acuícolas representan, además, una fuente indispensable de ingresos en numerosos poblados costeros.
En el último quinquenio, el sector pesquero aportó alrededor del 0.5% del PIB y el 4% del empleo nacional, con énfasis en la captura de camarones y en la exportación de pescados como corvina y pargos, además de moluscos como caracoles y almejas. Así lo señala el Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Penecyt) 2025-2029, de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt), basado en cifras del Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) correspondientes a 2021.
Los expertos coinciden en que la industria pesquera panameña “representa nichos de mercado internacional importantes, con potencial para generar divisas al país”; sin embargo, advierten que su “crecimiento sostenido enfrenta graves limitaciones por insuficiencia de infraestructura necesaria”, y que la inversión en investigación, desarrollo e innovación ha sido “muy marginal”. La pregunta inevitable es cómo aprovechar realmente la rentabilidad del sector sin comprometer la sostenibilidad.
El Penecyt propone una respuesta clara: Panamá necesita una red modernizada de frigoríficos, plantas procesadoras, astilleros y terminales especializados, con capacidad instalada suficiente para agregar mayor valor a la producción acuícola y a los desembarcos pesqueros.
“Estas restricciones en la cadena de frío, el procesamiento y la logística limitan la rentabilidad del sector e imposibilitan satisfacer cuotas internas y externas más exigentes en volumen e inocuidad. Superar estas brechas en capacidad instalada resulta indispensable para desatar el alto potencial que poseen estos rubros en la economía azul nacional”, destaca el documento de la Senacyt.
Los resultados económicos recientes demuestran que el sector avanza con fuerza. Según el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), la producción agropecuaria y pesquera creció 6.6 % en el primer trimestre de 2025, generando $456.5 millones. La exportación de productos de la pesca aumentó 48.6 % en peso y 56.2 % en valor FOB, situándose como la tercera categoría arancelaria de mayor volumen exportado: unas 12,152.4 toneladas métricas, equivalentes al 4.5 % del total de envíos agropecuarios y pesqueros.
Los crustáceos lideran el impulso, con un crecimiento de 83.5 % en peso y 80.6 % en valor, principalmente camarones cultivados congelados. También crecieron las exportaciones de pescados en 22.2 % (peso) y 28.0 % (valor), destacando los productos frescos, refrigerados o congelados, con un aumento de 24.0 % y 32.6 %, respectivamente. Entre ellos sobresalen atunes de aleta amarilla, bonitos, y patudos u ojo grande.
Aun con estos avances, el país enfrenta desafíos globales: sobreexplotación, pesca ilegal no declarada y no reglamentada, degradación de ecosistemas, impactos del cambio climático y fluctuaciones en la disponibilidad de los recursos. Por ello, Panamá apuesta cada vez más por la pesca sostenible como la ruta para fortalecer su economía azul. Ser un Panamá Azul, es la visión futura del país como modelo en la región latinoamericana, donde se protegen, conservan, valoran y aprovechan los recursos marinos y costeros de manera sostenible. “Tenemos el potencial de liderar en innovación, conservación y desarrollo sostenible a nivel regional si logramos conectar ciencia, financiamiento y participación comunitaria”, dijo en junio pasado, el ministro de Ambiente, Juan Carlos Navarro.
Durante la apertura de una exhibición por el Día Internacional de la Pesca en el Aeropuerto Internacional de Tocumen, el 21 de octubre, el subadministrador general de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (ARAP), Gerardo Irimia Arosemena, subrayó: “Panamá es un país cuya identidad está íntimamente ligada al océano. Nuestros pescadores artesanales, industriales, acuicultores y comunidades costeras han sostenido durante generaciones la seguridad alimentaria y el desarrollo económico del país. Hoy más que nunca reconocemos su labor, su resiliencia y su compromiso con la sostenibilidad”.
Irimia Arosemena aseguró que “Panamá avanza por un camino de reformas profundas”, con acciones concretas para fortalecer la transparencia, la trazabilidad y la lucha frontal contra la pesca ilegal. “Estamos construyendo una hoja de ruta que permita al país superar los señalamientos actuales y alinearlos con los altos estándares internacionales”, afirmó.
También destacó la colaboración con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) para fortalecer la investigación científica, mejorar la gestión de los recursos pesqueros y desarrollar capacidades técnicas tanto en funcionarios como en comunidades pesqueras. Panamá, recordó, ostenta la presidencia pro tempore de la Organización del Sector Pesquero y Acuícola del Istmo Centroamericano (Ospesca) y de la Comisión de Pesca en Pequeña Escala, Artesanal y Acuicultura para América Latina y el Caribe (Coppesaalc), lo que abre oportunidades para impulsar la pesca artesanal y el desarrollo sostenible en la región.
El viceministro de Desarrollo Agropecuario, Francisco Ameglio, aportó una mirada complementaria: el sector pesquero alcanzó más de 138,000 toneladas en el último año, un aumento del 20 % frente al año anterior. Solo la pesca artesanal sumó 4,800 toneladas en 2024, cifra que demuestra la resiliencia y la importancia de estas comunidades, con potencial de seguir creciendo de manera sostenible.
“La pesca artesanal es más que una actividad económica; es un soporte directo a la seguridad agroalimentaria, al empleo local y a las economías comunes. Solo en 2024 se registraron 4,800 toneladas provenientes de este segmento, demostrando la resiliencia de estas comunidades”, afirmó.
La acuicultura también muestra dinamismo: más de 11,000 toneladas producidas en 2024. En materia de comercio exterior, Ameglio informó que Panamá exportó más de 77,000 toneladas de productos pesqueros y acuícolas, generando cerca de $270 millones. “Esto no es casualidad... es el resultado del trabajo y de una visión clara del país que todos queremos”, señaló Ameglio.
La lucha contra la Pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (INDNR) es otro frente clave. “Nuestros recursos marinos hay que protegerlos, y esto es un deber moral, ambiental y económico”, subrayó Ameglio, destacando que país invierte en sistemas avanzados de monitoreo y transparencia para resguardar ecosistemas y garantizar condiciones justas para quienes cumplen la ley.
Panamá busca recuperar la “tarjeta verde” de la Unión Europea para mantener el acceso de sus productos al mercado europeo. Según el viceministro Carlos A. Hoyos, el país espera recibir la inspección en el primer semestre de 2026 y confía en cumplir todos los requisitos para superar la actual “tarjeta amarilla”.
Para la FAO, Panamá es un socio estratégico. Su representante, Adoniram Sanches, destacó que el país protege más del 54 % de su Zona Económica Exclusiva como áreas marinas protegidas, superando ampliamente la meta global de 30 % para 2030. Resaltó además que la acuicultura es el segundo rubro de exportación del país y que Panamá ha avanzado en gobernanza, modernización institucional y vigilancia satelital.
A nivel regional, iniciativas como el Corredor Marino del Pacífico Este Tropical (CMAR), que une a Panamá, Costa Rica, Colombia y Ecuador, impulsan esfuerzos conjuntos para la conservación y la pesca sostenible desde hace 21 años. Su secretario ejecutivo, Jair Urriola Quiroz, recordó que la sostenibilidad es vital no solo para las costas, sino también para las comunidades isleñas.
En un mundo donde los océanos enfrentan presiones sin precedentes, Panamá se posiciona como un actor clave en la transición hacia una economía azul sostenible. La pesca —milagro cotidiano para quienes dependen del mar— sigue siendo un pilar estratégico para el país, y su futuro dependerá de decisiones acertadas, inversión, ciencia, gobernanza y un compromiso inquebrantable con la vida que nace del agua.