Reconfiguración de las cadenas de valor: INCAE destaca oportunidades y retos para Panamá
- 01/06/2026 00:00
Con el 46.3% del comercio mundial en juego, el istmo tiene la ubicación perfecta, pero su sistema educativo y la disciplina fiscal siguen siendo tareas pendientes
El entorno económico internacional atraviesa una transformación estructural que obliga a rediseñar las estrategias de desarrollo y competitividad global. En este escenario de transición, caracterizado por profundas mutaciones en el comercio transnacional, las decisiones políticas adquieren una preeminencia inédita sobre las variables puramente de mercado.
Durante un análisis de fondo en el Foro de la Industria de Alimentos y Bebidas 2026, organizado por el Sindicato de Industriales de Panamá (SIP), el profesor de INCAE Business School, Víctor Umaña, detalló en entrevista con La Estrella de Panamá “como pasamos de liberalismo ordenado posguerra a este mundo fragmentado en donde las decisiones políticas son más importantes que las económicas”.
Ante esto, Umaña trazó “una especie de hoja de ruta de cómo Panamá puede hacer su economía más compleja”, explicando que “eso significa no hacerla más difícil, sino más bien generar mayor trabajo, mayor valor, mayores oportunidades, un mayor retorno de la inversión para el capital del sector privado”. Esta complejidad surge como respuesta en un momento donde las redes de producción se reorientan bajo criterios de seguridad y resiliencia territorial.
A nivel macro, el comercio mundial demuestra una reorganización profunda en lugar de una desintegración total. Según el informe sobre el desarrollo de las cadenas de valor mundiales (CVM) de 2025 presentado en la Organización Mundial del Comercio (OMC), estas estructuras han sido resilientes ante tensiones geopolíticas y la incertidumbre financiera.
Al respecto, la directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, precisó en diciembre 2025 que “la globalización está lejos de haber terminado, y las cadenas de valor mundiales siguen siendo indispensables. La participación de las CVM en el comercio total solo ha disminuido de manera marginal desde su pico del 48% en 2022 hasta el 46,3% el año pasado”.
Añadió que “las empresas y los Gobiernos no se están retirando de la integración mundial, sino que la están reconfigurando para responder a las nuevas prioridades económicas, políticas y sociales. Esto va en la misma dirección de lo que hemos propugnado en el ámbito de la ‘reglobalización’: una globalización reimaginada que ayude a diversificar las cadenas de valor mundiales y las utilice para incorporar a más economías que se encontraban en los márgenes a la economía mundial”.
A pesar de las ventajas de esta relocalización, las fricciones comerciales generan severas presiones. Umaña advirtió que “pues sí, hay una disrupción vinculada a la logística, al transporte, costos de petróleo y de varias materias primas. En lo específico, para la industria alimentos y bebidas, eso implica mayores costos en el acceso a insumos que son importados vinculados a la cadena de plástico, por ejemplo, empaques. También implica algunos insumos muy importantes para la agricultura, fertilizantes que son producidos con petróleo o hidrocarburos, gas natural y que hace que eso ha encarecido la fabricación de productos a nivel nacional”.
Sin embargo, el experto subrayó que la inestabilidad abre oportunidades para el hemisferio occidental: “en eso también hay oportunidades, hay una reconfiguración de las cadenas de valor que hace que algunas se vengan para este lado del mundo, donde afortunadamente no tenemos ese tipo de conflictos y me parece que Panamá está muy bien ubicada para recibir esa inversión en el mediano plazo”.
Al profundizar en las ventajas del istmo, Umaña afirmó que “sí, sin lugar a dudas. Panamá lo tiene todo desde el punto de vista logístico. Por aquí transita el 5% del comercio global de bienes. La economía panameña se ha enfocado en la exportación de servicios vinculados al transporte, transporte aéreo, transporte marítimo. Tiene un sector turístico que podría crecer mucho más. Es una economía complementaria con las naciones de Centroamérica, con Costa Rica, con Colombia, con República Dominicana, donde podría haber muchos más negocios, mucho más integración”.
No obstante, el catedrático matizó que “Panamá ahora tiene retos domésticos, retos vinculados a la disciplina fiscal, a la preparación de la mano de obra; algunos temas de conexión entre el centro de la de la ciudad y el resto del país que hay que conectar mejor, hay que llevar mejor desarrollo, pero sin duda hay muchas oportunidades”. Para capitalizarlas, indicó que “la hoja de ruta exige hacer conciencia de cuáles son las capacidades actuales como sociedad que tenemos para producir y cómo podemos movernos hacia sectores adyacentes que tengan mayor valor”.
El aprovechamiento de estas ventajas competitivas está condicionado a resolver deficiencias estructurales en el sistema educativo. Umaña enfatizó que “Panamá es una economía de servicios, necesitamos un recurso humano más calificado; pero para eso tenemos que rescatar la mayor parte de jóvenes que no salen de la secundaria o que salen de la secundaria mal preparados sin un segundo idioma, sin habilidades técnicas. Creo que ahí están las oportunidades más importantes que hoy estamos desaprovechando”.
Esta postura es compartida por Rosmer Jurado, presidente del Sindicato de Industriales de Panamá (SIP), quien expresó que “definitivamente Panamá todavía tiene mucho que hacer para que nuestro sector industrial pueda ser más de valor agregado y poder llevar más productos a otros países”.
Jurado reconoció que “la mano de obra es uno de los grandes desafíos que tiene nuestro país”, añadiendo que ...“es urgente que nuestro sistema educativo comience a no estar divorciado de la realidad económica del país”.
Para los gremios industriales, la formación técnica especializada es la prioridad central. Jurado consideró que... “nosotros tenemos que comenzar a tener una capacitación de un talento humano que pueda insertarse del mercado y que pueda llevar a productos de más de mayor, digamos, nivel a otros mercados y por eso es que nosotros estamos haciendo, como sector privado, nuestro rol de llevar, por ejemplo, capacitaciones técnicas a nuestro personal. Panamá necesita más personal capacitado técnicamente”.
El dirigente gremial recordó que el sector manufacturero agrupa a más de 152 mil trabajadores que requieren formación en inglés y áreas técnicas intermedias mediante instituciones como el ITSE, el Instituto Técnico Don Bosco o el Inadeh, además del aporte de la Universidad Tecnológica de Panamá (UTP).
Según Jurado, “Panamá necesita justamente ese tipo de personal. Tenemos que emigrar hacia valor agregado y tenemos que buscar la alternativa para que nuestro país pueda darle trabajo a su gente mejor remunerado y sobre todo... con un mejor sistema educativo, que es lo que necesitamos. Parte de lo que se está hablando a nivel de gobierno actualmente justamente es cómo podemos hacer un cambio en el sistema educativo para que podamos tener el talento humano necesario para poder progresar como país”.
La necesidad de avanzar hacia una economía del conocimiento se sustenta en las cifras del sector externo. De acuerdo con el informe de la Oficina de Inteligencia Comercial (Intelcom) del Ministerio de Comercio e Industrias (MICI) sobre la Estrategia Nacional de Exportación de Servicios Modernos (ENESM), Panamá registró $20,194.0 millones en exportaciones de servicios totales durante 2025, un crecimiento del 9.8% frente a los $18,385.7 millones de 2024.
A pesar de este avance, persiste una concentración del 82.6% en sectores tradicionales (donde transporte lidera con más del 50% del total y un alza del 13.8%, seguido de viajes con un 4.2%). Por su parte, los servicios modernos crecieron un 5.8%, distribuidos en: otros servicios empresariales (56.5%), servicios financieros (28.7%), telecomunicaciones e informática (10.6%), seguros y pensiones (3.6%) y propiedad intelectual (0.7%).
El informe concluye que el país “tiene una oportunidad estratégica ya que cuenta con ventajas para escalar exportaciones de servicios modernos e insertarse en cadenas globales de valor digitales”.
En paralelo, los regímenes especiales muestran solidez: en el primer bimestre de 2026, las exportaciones manufactureras de estas zonas alcanzaron $53.2 millones, un 4.7% más que los $50.8 millones del mismo periodo de 2025. Sin embargo, los flujos de capital encienden alarmas. Datos del INEC revelan que en 2025 la Inversión Extranjera Directa (IED) se contrajo un 63%, situándose en $905 millones frente a los $2,454 millones de 2024. Ante esta coyuntura, resulta vital robustecer plataformas como el Área Económica Especial de Panamá Pacífico, que con más de 410 empresas y $700 millones en inversión acumulada, demuestra la importancia de articular la logística y la inversión regional.
La Asociación de Empresas del Área Económica Especial Panamá Pacífico (Adedapp), por su parte, sostiene que el encadenamiento productivo con el Mercosur impulsará decisivamente las exportaciones con valor agregado. Esta estrategia busca transformar mercancías utilizando insumos regionales aprovechando las negociaciones con Brasil, Argentina, Chile y Perú.
Alineado con este enfoque de diversificación, Eric Dormoi, director Nacional de Promoción de las Exportaciones del MICI, expresó: “Estamos trabajando para fortalecer nuestras exportaciones de productos con valor agregado, por eso estamos aquí, trabajando para darle ese auge y ese empuje a las exportaciones para no solamente exportar aceite de palma, café, sino exportar madera procesada y certificada de teca para yates lujosos en Alemania, muebles finos, pisos para terrazas, por ejemplo,... ron”.
Frente a un bloque como el Mercosur, que representa la quinta economía mundial con una proyección de crecimiento del 3.5% para 2025, la condición de Estado Asociado y las ventajas logísticas del istmo constituyen la plataforma definitiva para consolidar la inserción competitiva de Panamá en la economía global.