Semilla certificada: Cómo la genética transforma el cultivo de arroz en Panamá

Con 50 años de historia, el proyecto de arroz del IDIAP ha liberado 25 variedades comerciales y cuatro biofortificadas. Deposit Photo
Luis Barría, gerente general de Conagro Semillas José Abel Herrera
  • 03/04/2026 00:00

Un factor determinante han sido la alianza con el Fondo Latinoamericano para Arroz de Riego (FLAR). Tanto las investigaciones del IDIAP como las de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Panamá y de Conagro, utilizan germoplasma de origen FLAR, adaptándolo a los microclimas locales

El sector arrocero de Panamá, pilar fundamental de la dieta nacional y de la seguridad alimentaria del país, atraviesa una fase de modernización sin precedentes. En un entorno tropical donde la humedad, las altas temperaturas y la presión de plagas desafían constantemente la rentabilidad, la respuesta no reside únicamente en el uso de agroquímicos, sino en la genética y la colaboración técnica.

A través de una sinergia entre el Instituto de Innovación Agropecuaria de Panamá (IDIAP), la academia y empresas como Conagro Semillas, el país se prepara para la liberación de nuevas variedades de arroz diseñadas para enfrentar la variabilidad climática emergente y reducir los costos de producción.

La investigación

Para Evelyn Ixel Quirós McIntyre, fitomejoradora de arroz del IDIAP y científica de tercera generación en este rubro, la mejora genética es una labor de “amor y resistencia”. Con 50 años de historia, el proyecto de arroz del IDIAP ha liberado 25 variedades comerciales y cuatro biofortificadas, estas últimas enfocadas en mejorar la nutrición de las familias rurales.

“Estamos próximos a inscribir tres nuevos materiales ante el Comité Nacional de Semillas”, adelantó Quirós. Estas líneas han sido estudiadas durante más de seis años en diversas zonas agroecológicas, desde Chiriquí hasta Darién, bajo una premisa rigurosa: la baja carga química.

“Evaluamos estos materiales en condiciones ambientales reales, sometidos a todos los estreses del clima, pero sin aplicaciones de fungicidas, bactericidas o acaricidas. Nuestro objetivo es entregar una semilla que sea tolerante por genética, como lo logramos con la resistencia al ácaro Steneotarsonemus spinki tras la crisis de 2004”, explicó la doctora, quien dijo además, que estas variedades garantizan un alto índice de pilada y una calidad de cocción que se ajusta a las exigencias culinarias del panameño.

El campo

Desde la perspectiva del sector privado, Luis Barría, gerente general de Conagro Semillas, coincide en que Panamá es un laboratorio natural de alta complejidad. “Mucha gente dice que el que siembra arroz en Panamá sabe sembrar en cualquier parte, porque aquí enfrentamos todas las variantes climáticas y enfermedades del mundo”, afirmó.

Barría destaca que, a diferencia de los países de climas templados que luchan contra el frío, en el trópico el reto es la nubosidad, las altas precipitaciones y la humedad relativa que potencia hongos y bacterias. Por ello, Conagro trabaja en el mejoramiento genético para liberar próximamente dos variedades que superan a los “testigos” actuales en rendimiento y sanidad.

Sin embargo, Barría es enfático en que “no existe la variedad milagrosa. La genética debe ir amarrada a un manejo integral. La preparación del suelo, la época de siembra y la nutrición son lo que permite que una semilla exprese su potencial de siete y ocho toneladas por hectárea”.

El vínculo internacional

Un factor determinante en el éxito reciente del arroz panameño es la alianza con el Fondo Latinoamericano para Arroz de Riego (FLAR). Tanto las investigaciones del IDIAP como las de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad de Panamá y de Conagro, utilizan germoplasma de origen FLAR, adaptándolo a los microclimas locales.

“Las variedades que vienen del FLAR ya traen características de adaptación. Lo que hacemos nosotros es terminar de desarrollarlas para que el productor tenga opciones reales frente a factores externos que nadie puede controlar, como la temperatura”, señaló Barría.

Sostenibilidad

El gerente general de Conagros explicó que la nota de modernidad la pone la implementación de prácticas sostenibles. Mencionó que Conagro ha adoptado el “librito FLAR” para mitigar el impacto ambiental. Esto, dijo, incluye la fertilización profunda, donde el fertilizante se coloca bajo el suelo para evitar la volatilización del nitrógeno a la atmósfera, y la cosecha de agua de lluvia.

“En Panamá caen hasta 3,000 mm de agua al año que se pierden en el mar. Al cosechar esa agua, no solo reducimos la presión sobre los ríos, sino que controlamos malezas e insectos de forma física, bajando drásticamente el uso de herbicidas”, explicó el gerente general de Conagro.

El futuro

A pesar de los avances, persiste un reto cultural y logístico. Solo el 60% de los productores panameños utiliza semilla certificada. Barría advierte que el uso de semilla de “contrabando” o no seleccionada obliga a los agricultores a sembrar hasta 5 quintales por hectárea debido a su baja germinación, además de contaminar los campos con arroz rojo. En contraste, la semilla certificada permite bajar la densidad a 2.5 quintales, garantizando 200 plantas por metro cuadrado y un ahorro significativo.

La visión a cinco años de ambos especialistas es clara: fortalecer la cadena de multiplicación de semillas. Mientras el IDIAP genera la semilla genética y básica, se requiere de multiplicadores privados robustos para que la semilla certificada llegue masivamente al productor.

“Si el agricultor confía en el sistema, se deja guiar por la técnica y utiliza semilla de calidad, Panamá podrá alcanzar la autosuficiencia plena”, concluyó Barría. La investigación conjunta entre el sector público y privado no es solo una opción técnica, sino la única vía para que el arroz siga siendo el motor de la mesa panameña en un mundo climáticamente incierto.

Evelyn Ixel Quirós McIntyre
Fitomejoradora de arroz del IDIAP
Evaluamos estos materiales en condiciones ambientales reales, sometidos a todos los estreses del clima, pero sin aplicaciones de fungicidas, bactericidas o acaricidas”
Luis Barría
Gerente general de Conagro Semillas
No existe la variedad milagrosa. La genética debe ir amarrada a un manejo integral. La preparación del suelo, la época de siembra y la nutrición son lo que permite que una semilla exprese su potencial de siete y ocho toneladas por hectárea”,