La nueva crisis entre Washington y La Habana escala con amenazas y sanciones

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  • 03/05/2026 00:00

Trump endurece su discurso contra Cuba mientras Washington amplía sanciones económicas y militares sobre la isla. Díaz-Canel acusa a Estados Unidos de impulsar una amenaza “sin precedentes” contra la soberanía cubana

La confrontación entre Estados Unidos y Cuba entró en una fase de máxima tensión política y verbal luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmara que “tomará el control” de la isla “casi de inmediato”. La declaración provocó la reacción inmediata del mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, quien denunció una amenaza de agresión militar “sin precedentes” y llamó a la comunidad internacional a pronunciarse.

Las declaraciones de Trump ocurrieron, la noche del viernes, durante una cena privada del Forum Club en West Palm Beach, Florida, uno de los espacios de mayor influencia política y empresarial del sur del estado, donde el mandatario combinó mensajes dirigidos a sectores conservadores y del exilio cubano con referencias militares y geopolíticas. Allí aseguró que, una vez termine el “trabajo” de Washington en Irán, podría ordenar el desplazamiento del portaaviones USS Abraham Lincoln hacia el Caribe y acercarlo a las costas cubanas.

Según el relato del propio presidente estadounidense, la sola presencia del buque bastaría para provocar la rendición del Gobierno cubano. “Dirían muchas gracias, nos rendimos”, afirmó Trump ante los asistentes al encuentro político y empresarial.

Aunque la Casa Blanca no emitió posteriormente una aclaración oficial sobre el alcance de las palabras del mandatario, el discurso coincide con una política cada vez más agresiva de Washington hacia La Habana desde el retorno de Trump al poder en enero.

Ese mismo viernes, la Administración estadounidense anunció nuevas sanciones económicas dirigidas a sectores considerados estratégicos para la economía cubana, entre ellos energía, defensa, minería y servicios financieros. La nueva orden ejecutiva establece que cualquier persona o empresa que mantenga operaciones con esos sectores o haga negocios con el Gobierno cubano podrá enfrentar el bloqueo total de activos bajo jurisdicción estadounidense.

Las medidas profundizan la presión económica sobre la isla en medio de una crisis interna marcada por apagones recurrentes, escasez de combustible, inflación y una creciente migración.

En paralelo, el secretario de Estado, Marco Rubio, endureció también el discurso oficial al acusar a Cuba de facilitar la presencia de servicios de inteligencia de “los adversarios” de Estados Unidos a apenas 90 millas de su territorio. Rubio aseguró que Washington “no lo tolerará”, en una narrativa que vincula nuevamente a Cuba con amenazas de seguridad hemisférica.

La tensión aumentó además luego de que el Senado estadounidense rechazara esta semana una propuesta demócrata que buscaba limitar posibles operaciones militares ordenadas por Trump sobre La Habana. Aunque la iniciativa no prosperó, el debate alimentó las interpretaciones sobre un posible endurecimiento estratégico de la política exterior estadounidense hacia la isla.

La respuesta cubana no tardó. Desde La Habana, Miguel Díaz-Canel calificó las palabras de Trump como una amenaza “peligrosa y sin precedentes” y advirtió que cualquier intento de agresión encontrará resistencia.

“El presidente de EE.UU. eleva sus amenazas de agresión militar contra Cuba a una escala peligrosa”, escribió el mandatario cubano en redes sociales, donde también pidió a la comunidad internacional y al propio pueblo estadounidense impedir “un acto criminal tan drástico”.

Díaz-Canel sostuvo que la ofensiva política de Washington responde a los intereses de “un grupo pequeño pero adinerado e influyente” con deseos de “revancha y dominación”, en aparente referencia a sectores del exilio cubano radicados en Florida que respaldan la línea dura contra La Habana.

El gobernante cubano insistió además en que “ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba” y aseguró que la isla defenderá “la soberanía y la independencia en cada palmo del territorio nacional”.

La respuesta oficial coincide con una nueva movilización política interna. Este Primero de Mayo, el Gobierno cubano convirtió las marchas tradicionales del Día del Trabajo en una demostración de apoyo al Ejecutivo y en una plataforma para reforzar mensajes de soberanía nacional frente a la presión estadounidense.

Las escenas de movilización en La Habana ocurrieron mientras el discurso bilateral se endurece y revive referencias propias de la Guerra Fría, en un contexto internacional marcado por las tensiones entre Washington e Irán y por la creciente competencia geopolítica global.

Analistas consideran que el tono de Trump también responde a factores electorales internos, especialmente en Florida, donde el voto cubanoamericano mantiene un peso determinante. Sin embargo, advierten que la combinación de amenazas militares, sanciones económicas y acusaciones de seguridad nacional podría abrir un nuevo periodo de inestabilidad regional.

La actual crisis ocurre además en uno de los momentos más delicados para la economía cubana desde la década de 1990. La isla enfrenta dificultades para garantizar el suministro eléctrico, caída en ingresos turísticos, problemas de abastecimiento y un éxodo migratorio sostenido hacia Estados Unidos y otros países de la región.

Con información de EFE