Delcy Rodríguez: tres meses en el poder... y bajo la sombra de Trump

Su llegada no fue precisamente un camino limpio. La figura de“ausencia forzosa” utilizadas para desplazar a Nicolás Maduro en las alarmas jurídicas, al no estar contempladas en la Constitución. redes sociales
  • 06/04/2026 12:55

Rodríguez gobierna, sí. Pero lo hace en una cuerda floja donde cada decisión parece tener un doble destinatario: Caracas... y Washington

Apenas han pasado tres meses desde que Delcy Rodríguez asumió el poder en Venezuela, y ya su gobierno carga con una pregunta incómoda: ¿es una transición política o un reacomodo estratégico con sello extranjero?

Su llegada no fue precisamente un camino limpio. La figura de “ausencia forzosa” utilizada para desplazar a Nicolás Maduro encendió las alarmas jurídicas, al no estar contemplada en la Constitución. Aun así, el movimiento permitió evitar elecciones y abrir paso a una presidencia que hoy ejerce funciones plenas, pero con legitimidad discutida.

Y mientras dentro del país el terreno sigue siendo frágil, fuera de sus fronteras el tablero se mueve con otra lógica. La administración de Donald Trump pasó de sancionar a Rodríguez a reconocerla como interlocutora válida.

El giro no fue menor: en cuestión de semanas, se levantaron restricciones y se abrió la puerta a acuerdos que apuntan directamente al corazón económico de Venezuela, el petróleo.

Ese cambio de postura deja una lectura difícil de ignorar. Más que una apuesta por la democracia, el respaldo internacional parece responder a intereses energéticos y geopolíticos.

En otras palabras, Caracas vuelve a ser pieza clave... pero en un juego que se define también desde Washington.

Rodríguez, por su parte, ha intentado proyectar una imagen más moderada.

Ha impulsado medidas como liberaciones parciales de presos y señales de apertura política, pero sin tocar el punto que más presiona la comunidad internacional: elecciones claras y transparentes.

Esa omisión mantiene viva la sospecha de que el cambio es más de forma que de fondo.

Así, Venezuela entra en una etapa donde el poder ya no se mide solo en términos internos.

La nueva administración se mueve entre la necesidad de estabilizar un país golpeado y la presión de actores externos que no suelen apostar sin esperar algo a cambio.

En ese equilibrio incómodo, lo que está en juego no es solo quién gobierna, sino bajo qué condiciones se sostiene ese poder.

Porque en esta nueva fase, la pregunta ya no es únicamente política... también es estratégica.