Elección en Colombia: polarización, tres candidatos y la disputa por el poder

  • 31/05/2026 00:00

El país enfrenta unas elecciones cruciales que medirán el futuro de la izquierda colombiana ante el posible retorno de la derecha. Un escenario electoral de polarización, inseguridad y fragilidad institucional

Los colombianos acudirán a las urnas este domingo en unas elecciones decisivas que determinarán si se prolonga el ciclo político abierto en 2022 con la llegada de Gustavo Petro (el primer presidente de izquierda en la historia del país, tras casi dos siglos de predominio de las élites tradicionales en el poder) o si la derecha regresa a la Casa de Nariño. Aunque son doce los candidatos en la carrera, las encuestas coinciden en que solo tres cuentan con posibilidades reales de triunfo y apuntan a que la contienda se definirá en una segunda vuelta.

Los tres candidatos

Por un lado, los sondeos de intención de voto sitúan al senador Iván Cepeda, de 63 años, filósofo y candidato del oficialista Pacto Histórico, como favorito. Su candidatura aparece además fortalecida por una combinación de factores que incluye el repunte de la popularidad de Petro, que ronda el 45 % según las encuestas.

Cepeda, cuya campaña busca consolidar el respaldo ciudadano a las políticas de justicia social impulsadas por Petro, a la reforma agraria y a la reducción de la profunda desigualdad que persiste en el país, también arrastra las fallas del Gobierno en materia de seguridad y combate a la delincuencia, así como las críticas por la falta de avances en el proceso de paz y los cuestionamientos sobre el manejo del sistema de salud.

Senador desde 2010, ha militado en distintas fuerzas políticas, incluida la Unión Patriótica (UP), formación que sufrió el exterminio de más de 6,000 de sus integrantes entre las décadas de 1980 y 1990 a manos del Estado y grupos paramilitares, según reconoció la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Entre las víctimas estuvo Manuel Cepeda, padre del actual aspirante presidencial.

“Con nosotros camina la diversidad de la sociedad colombiana, y con esa inmensa fuerza social y democrática, aglutinada en el Pacto Histórico y en la Alianza por la Vida, vamos a ganar (...) Nuestro gobierno, como el gobierno de Gustavo Petro, sería un gobierno de justicia social y equidad”, afirmó Cepeda durante el cierre de su campaña en la ciudad caribeña de Barranquilla.

En la acera opuesta, la derecha aparece dividida entre dos aspirantes de peso. Una de ellas es la senadora Paloma Valencia, del Centro Democrático, abogada de 48 años y considerada heredera política del expresidente Álvaro Uribe. Su candidatura enfrenta el desafío de mantener el respaldo de los sectores más tradicionales de la política colombiana mientras intenta atraer a los indecisos y al electorado que se identifica con el “centro”. Con ese objetivo incorporó a su fórmula presidencial a Juan Daniel Oviedo, economista abiertamente gay, con quien busca ampliar su alcance hacia votantes moderados. La presencia de Oviedo, sin embargo, ha generado tensiones entre sectores conservadores cercanos al Centro Democrático, que rechazan el matrimonio igualitario y mantienen posiciones tradicionales sobre el papel de hombres y mujeres en la vida pública.

Integrante de la poderosa familia Valencia, una de las más influyentes de Popayán, es nieta de Guillermo León Valencia, presidente de Colombia por el Partido Conservador entre 1962 y 1966. Desde su llegada al Senado en 2014 se convirtió en una de las figuras más representativas del uribismo duro y logró imponerse en las primarias de la derecha celebradas en 2025, consolidándose como la candidata más votada de ese bloque. Aun así, persisten las dudas sobre si ese caudal electoral será suficiente para alcanzar la segunda vuelta.

“Nosotros queremos la Colombia grande, donde todos cabemos, donde privilegiamos la autoridad y el orden, donde, como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Colombia, ordenaremos la reactivación de todas las órdenes de captura del cartel de la paz total y vamos, con ayuda de los soldados de tierra, mar y aire y de la Policía Nacional, a conquistar la seguridad”, sostuvo Valencia durante su acto de cierre de campaña en Bogotá.

La tercera figura con opciones es Abelardo de la Espriella, polémico representante de la derecha más extrema, autodenominado “el Tigre” y líder del recién creado movimiento Defensores de la Patria. A sus 47 años, busca alterar el tablero político y atraer a los sectores más conservadores del uribismo mediante un discurso de “mano dura” contra la guerrilla y la delincuencia, al tiempo que acusa a Valencia de ser demasiado “blanda”. Su propuesta se apoya en un liderazgo marcadamente personalista y se inspira en referentes de la ultraderecha internacional como el presidente salvadoreño Nayib Bukele o el mandatario argentino Javier Milei.

Con la aspiración de convertirse en el candidato “outsider” de la primera vuelta y disputar con Cepeda el pase al balotaje, De la Espriella emergió como presidenciable durante el último año tras una intensa exposición mediática como abogado defensor de figuras controvertidas, desde políticos hasta militares y artistas. Entre sus clientes han figurado David Murcia Guzmán, creador del esquema fraudulento DMG que operó en Colombia y Panamá; Alex Saab, señalado como presunto testaferro del expresidente venezolano Nicolás Maduro; así como congresistas vinculados a casos de corrupción y relaciones con el paramilitarismo.

Desde Medellín, De la Espriella insistió en presentarse como un dirigente ajeno a los partidos tradicionales: “Van a saber lo duro que muerde el tigre. Vamos a ser libres de corrupción y negligencia”.

¿Cómo llega Colombia?

El sucesor de Petro asumirá el cargo con importantes indicadores sociales a su favor, entre ellos una de las tasas de desempleo más bajas de las últimas décadas en Colombia, situada en 8,9 %, según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). El organismo también registra una significativa reducción de la pobreza, que rompió el piso histórico del 10 % en abril de este año. Desde el oficialismo atribuyen estos resultados a la expansión del gasto social, el aumento del salario mínimo y otras medidas, aunque también alertan sobre los riesgos derivados del creciente déficit de las finanzas públicas. A ello se suma el crecimiento del producto interno bruto (PIB), que registró un aumento del 2,2 % este año. Son cifras que el petrismo exhibe como una de sus principales fortalezas de cara a las elecciones.

Quien resulte elegido también deberá lidiar con los restos del fracaso de la “paz total” de Petro, una estrategia que apostó por una salida negociada con la guerrilla del ELN, las disidencias de las FARC y diversas bandas criminales, pero que no logró cumplir sus objetivos de avanzar hacia el desmantelamiento de estos grupos ni garantizar la pacificación del territorio. El proceso terminó derivando en operaciones militares y bombardeos del Ejército similares a los de administraciones anteriores, convirtiéndose en una de las grandes promesas incumplidas del gobierno saliente.

Durante el último año, la violencia también ha golpeado con fuerza el proceso electoral. La inseguridad, profundamente arraigada en la historia política colombiana, ha dejado un saldo de víctimas mortales que convierte esta campaña en una de las más violentas de los últimos años.

Hace un año, antes incluso del inicio formal de la campaña, fue asesinado el senador Miguel Uribe Turbay, precandidato presidencial del Centro Democrático. En las últimas semanas también han denunciado amenazas en su contra los candidatos Valencia; De la Espriella y el propio Cepeda.

Además, también han sido asesinados a tiros la presidenta del Concejo Municipal de Obando, en el Valle del Cauca, Mileidy Villada González; el coordinador de la campaña de De la Espriella en Cubarral, el exalcalde Rogers Mauricio Devia Escobar; y el exsecretario de Gobierno de ese municipio, Fabián Cardona.

Una espiral de muerte que no es nueva y que viene golpeando por años a las organizaciones populares y a los líderes sociales. Solo este año se han registrado 250 asesinatos en 28 departamentos del país, según datos del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz. La mayoría de las víctimas son líderes comunales, campesinos, indígenas, políticos y sindicalistas.

Por último, el proceso electoral colombiano también se desarrolla bajo una atenta mirada internacional, con sectores de la derecha lanzando guiños a la Administración del presidente Donald Trump, después de que esta acusara a Petro de ser un “narcotraficante”, una controversia que posteriormente fue zanjada en una reunión en la Casa Blanca.

Petro y Trump protagonizaron ácidos intercambios ante las marcadas diferencias en asuntos como la migración, los bombardeos en el Caribe y la política antidrogas, incluida la iniciativa Escudo de las Américas, a la que únicamente fueron invitados gobiernos de derecha alineados con Trump y Colombia no.

Si bien varios senadores y legisladores estadounidenses han participado activamente en la campaña electoral, hasta ahora Trump no ha tenido una intervención pública y directa comparable a la que mostró con su respaldo a Nasry Asfura en Honduras o a Javier Milei en Argentina durante sus respectivos procesos electorales.

Cepeda ha mantenido la línea similar a la de Petro en la relación con Estados Unidos, mientras que tanto Valencia como De la Espriella tienen a Trump como referente clave y han buscado la bendición del jefe de la Casa Blanca, además de mostrarse dispuestos a sumarse a su proyecto de expansión de influencia en la región.