Elecciones en Costa Rica: Laura Fernández se perfila como favorita mientras los costarricenses exigen cambios
- 31/01/2026 13:15
Según las encuestas más recientes, Laura Fernández, exministra y figura cercana al presidente actual de Costa Rica, Rodrigo Chaves, lidera la carrera electoral con más del 40% de apoyo
A pocas horas de las elecciones presidenciales en Costa Rica, las cuales se realizarán este 1 de febrero, desde ya el escenario político está marcado por una oposición fragmentada que busca evitar que el oficialismo gane en primera vuelta, frente a una candidata que hoy concentra la mayor intención de voto.
Según las encuestas más recientes, Laura Fernández, exministra y figura cercana al presidente actual de Costa Rica, Rodrigo Chaves, lidera la carrera electoral con más del 40% de apoyo, un porcentaje que le permitiría imponerse sin necesidad de una segunda vuelta electoral.
Fernández, candidata del Partido Pueblo Soberano, es considerada la ficha del oficialismo para dar continuidad al proyecto político de Chaves.
De hecho, Fernández ha señalado públicamente que lo mantendría en un alto cargo para asegurar la permanencia de su línea de gobierno.
Aunque en la contienda participan 20 aspirantes, más de 15 no superan el 1% de intención de voto, lo que refuerza la polarización entre pocos nombres fuertes.
Muy por detrás de Fernández aparece Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional, mientras que Claudia Dobles, del Partido Acción Ciudadana, ronda el 8% tras haber duplicado su apoyo en los últimos meses.
Dobles ha planteado la posibilidad de una segunda vuelta entre dos mujeres como una alternativa al triunfo oficialista.
Por su parte, Ariel Robles, del Frente Amplio, cuenta con cerca del 4% de respaldo y se ha posicionado como una oposición más firme desde el Congreso.
Todos los candidatos miran con atención a un 30% de electores indecisos, cuyo voto podría definir si el país va a una segunda vuelta o ratifica una victoria holgada del oficialismo en la primera ronda, algo que ya ocurrió en el pasado cuando candidatos no favoritos lograron imponerse, como sucedió en 2014 con Luis Guillermo Solís.
Más allá de los números, la campaña ha estado atravesada por una preocupación central de los costarricenses: la seguridad.
Históricamente considerado uno de los países más seguros de la región, Costa Rica enfrenta hoy una crisis vinculada al narcotráfico, al haberse convertido en una ruta de paso, almacenamiento y reenvío de drogas hacia Estados Unidos y Europa. Esta situación ha derivado en disputas entre bandas criminales y un incremento sostenido de la violencia.
En 2025, el país cerró con 873 homicidios, lo que representa una tasa de 16,7 asesinatos por cada 100 mil habitantes, la tercera más alta de Centroamérica y una de las cifras más elevadas en su historia reciente.
Ante este panorama, el oficialismo ha centrado su discurso en una agenda de mano dura, que incluye la construcción de una megacárcel con capacidad para más de 5.000 reclusos, un proyecto iniciado durante el gobierno de Chaves e inspirado en el modelo del presidente salvadoreño Nayib Bukele.
Laura Fernández ha asumido esa bandera como eje de su campaña, reforzada por una visita reciente de Bukele a Costa Rica, quien aseguró que enfrentar el problema del crimen a tiempo “ahorra vidas, economía y años de sufrimiento”.
Además de la infraestructura penitenciaria, el oficialismo plantea reformas al Poder Judicial para aplicar políticas similares a las implementadas en El Salvador, propuestas que han sido cuestionadas por organismos de derechos humanos.
En este contexto, Costa Rica se encamina a unas elecciones decisivas, donde el favoritismo de Laura Fernández convive con un electorado dividido entre el deseo de seguridad, el temor a un giro autoritario y la incertidumbre de si los indecisos cambiarán el rumbo del resultado final.