Líderes mundiales condenan veto a Misa de Domingo de Ramos en Jerusalén

El cardenal Pierbattista Pizzaballa, Patriarca Latino de Jerusalén, dirige un servicio de oración con motivo del Domingo de Ramos. EFE
  • 29/03/2026 16:17

El hecho desató un fuerte debate internacional sobre seguridad y libertad religiosa en medio del conflicto en Oriente Medio

La prohibición de la Misa de Domingo de Ramos en la Basílica del Santo Sepulcro ha provocado una fuerte reacción de líderes internacionales, evidenciando las tensiones políticas, religiosas y de seguridad que rodean a Jerusalén en el contexto del conflicto en Medio Oriente.

La medida, calificada por autoridades eclesiales como “sin precedentes”, ha trascendido el ámbito religioso para convertirse en un tema de debate diplomático global.

El presidente de España, Pedro Sánchez, afirmó en su cuenta de X que la decisión constituye un “ataque injustificado a la libertad religiosa”, señalando que se produjo “sin explicación alguna” y exigiendo respeto al derecho internacional y a la diversidad de credos.

En la misma línea, el presidente de Francia, Emmanuel Macron expresó su “pleno apoyo” a los cristianos de Tierra Santa y denunció lo que consideró una acumulación preocupante de violaciones al estatus de los lugares sagrados de Jerusalén.

Italia también reaccionó. El Gobierno encabezado por la primera ministra Giorgia Meloni calificó la medida como una “ofensa a la libertad religiosa”, mientras que su canciller, Antonio Tajani, convocó al embajador de Israel en Roma para exigir aclaraciones inmediatas.

Desde Israel, las autoridades ofrecieron una explicación distinta. El primer ministro Benjamin Netanyahu aseguró que la restricción respondió a preocupaciones de seguridad ante recientes ataques con misiles atribuidos a Irán, algunos de los cuales impactaron cerca de la Ciudad Vieja de Jerusalén.

Señaló que la medida buscaba proteger a los fieles de todas las religiones y que, tras conocer el incidente, ordenó permitir el acceso del Patriarca Latino para la celebración de los oficios religiosos.

En esa misma línea, el presidente israelí Isaac Herzog expresó su pesar por lo ocurrido y aseguró haber contactado directamente al cardenal Pierbattista Pizzaballa.

Herzog sostuvo que la decisión fue consecuencia del contexto de amenaza activa contra la población civil y reafirmó el compromiso del Estado de Israel con la libertad de culto y el mantenimiento del statu quo en los lugares santos.

Sin embargo, la versión oficial contrasta con la postura de las autoridades eclesiales en Jerusalén. El Patriarcado Latino y la Custodia de Tierra Santa calificaron la medida como “manifiestamente irrazonable y desproporcionada”, subrayando que los líderes religiosos cumplían con todas las restricciones impuestas y se dirigían al templo sin carácter de procesión.

Además, advirtieron que el hecho sienta un precedente grave al impedir, por primera vez en siglos, la celebración de una de las liturgias más importantes del calendario cristiano en ese lugar.

El incidente también reaviva preocupaciones más amplias sobre la situación de los cristianos en Tierra Santa.

Informes recientes documentan un aumento de ataques, actos vandálicos y presiones contra esta minoría, en un contexto marcado por tensiones religiosas, cambios demográficos y dinámicas políticas que afectan la convivencia en Jerusalén.

La controversia deja en evidencia que, más allá del hecho puntual, Jerusalén continúa siendo un punto crítico donde cualquier medida, por razones políticas o de seguridad, tiene repercusiones globales. En este escenario, el equilibrio entre protección y libertad religiosa se convierte en uno de los desafíos más delicados en medio de una crisis que sigue escalando.